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Persépolis Antigüedades, la resistencia de los anticuarios que cumple 50 años: “La gente se ha cansado del minimalismo y vuelve a lo clásico, le veo un gran futuro a los anticuarios”

El anticuario Jamil Missaghian celebra en 2025 las bodas de oro de su negocio, uno de los últimos tres que aún permanecen en Palma.

El oriundo de Irán ve el futuro con optimismo y asegura que la moda minimalista y contemporánea toca a su fin.

Persépolis antigüedades cumple 50 años este 2025.

Persépolis antigüedades cumple 50 años este 2025. / Guillem Bosch

Pere Morell

Pere Morell

Palma

Las modas son cíclicas. En la historia del arte, lo clásico y lo moderno se han ido sucediendo durante siglos: del Renacimiento al Barroco, del Neoclasicismo al Romanticismo y así sucesivamente. En este contexto, el propietario de Persépolis Antigüedades, Jamil Missaghian, emerge como un faro de luz dentro del pequeño y reducido gremio de anticuarios y cree firmemente que la sociedad está regresando a lo tradicional: “La gente se ha cansado del minimalismo y vuelve a lo clásico, a las maderas nobles. Yo le veo un gran futuro a las tiendas de antigüedades; está cambiando la forma de comprar entre los jóvenes, y desde hace unos años han vuelto”.

Missaghian llegó desde Irán a Mallorca en 1956, cuando tenía seis años, y con solo 24 abrió, en 1975 —el mismo año de la muerte de Franco—, Persépolis Antigüedades, que este 2025 cumple 50 años. Las antigüedades no son solo su oficio, sino también su mayor pasión: “Si no vendo, no pasa nada; lo que me gusta es comprar. No hay nada comparable a la adrenalina de encontrar algo nuevo en una casa".

Su negocio siempre ha estado en Jaume III, una calle muy comercial que, según él, “ha pasado de ser la milla de oro a conformarse con la plata, porque el Born la ha superado”. El comerciante recuerda sus inicios: “Antes vendía catifas persas, luego pinturas y muebles, y después aún más antigüedades.”

El anticuario señala uno de los motivos por los que las tiendas de antigüedades triunfaron tanto en su momento: “Durante la Guerra Civil y los años posteriores la gente lo pasó muy mal, y cuando tuvo dinero era normal que quisiera gastarlo.” Explica que sus principales clientes, hasta poco antes de la crisis financiera de principios de siglo, eran mallorquines; más tarde, lo fueron los residentes extranjeros con finca. También vende a otros anticuarios de fuera. “Mallorca es un gran lugar para encontrar antigüedades porque la Guerra Civil hizo desaparecer muchas piezas en Barcelona y Madrid, pero aquí encuentras canteranos que llevan 200 años en el mismo sitio.”

Añade que, al ser una isla turística, “muchos anticuarios han mutado a hoteles”, y que los jóvenes optan por muebles más asequibles, además de vivir en pisos cada vez más pequeños, lo que deja poco espacio para grandes piezas de los siglos XVIII y XIX.

“Yo empecé este negocio; tengo este orgullo y nadie me lo quitará jamás”, sentencia un Missaghian emocionado.

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