Los vecinos de Son Gual denuncian calles con socavones, farolas que no funcionan y falta de bancos y parques
Llevan 25 años exigiendo que el mantenimiento del barrio sea asumido por el Ayuntamiento y que les dé servicios básicos

Los vecinos denuncian falta de iluminación en las calles de Son Gual. / Pere Joan Oliver

La Federació de Veïnats de Sa Ciutat de Palma ha vuelto a reclamar servicios básicos y mejoras en las infraestructuras "deterioradas" de Son Gual I y II, un enclave residencial situado la frontera entre Palma y Algaida donde viven cerca de un millar de personas. A pesar de su crecimiento y de que sus propietarios pagan un IBI que califican de "alto", los residentes aseguran que el Ayuntamiento de Palma no ha recepcionado por completo la urbanización.
Calles con socavones, aceras sin mantenimiento, farolas que no funcionan, ausencia total de bancos, sombras y parques infantiles… Son algunas de las deficiencias que denuncian los residentes. Según explican, cuando se entregaron las viviendas de las dos grandes comunidades, "ni siquiera había agua corriente". El presidente de la Asociación de Vecinos, Antonio Vázquez, resume así el malestar de los residentes: "Pagamos como los demás, pero no tenemos los mismos derechos".
25 años de reclamaciones
La Asociación de Vecinos lleva décadas exigiendo que el mantenimiento del barrio sea asumido por el Ayuntamiento. Reclaman que "se recepcione completamente Son Gual II, se invierta en equipamientos públicos y se repare la infraestructura básica". Según recuerdan, hace ya 25 años que la urbanización vive esta situación.
Uno de los proyectos más simbólicos es la zona verde de 6.000 metros cuadrados para uso recreativo, que obtuvo el primer premio en los presupuestos participativos de 2019, dotado con 100.000 euros. No obstante, los vecinos denuncian que "no se ha ejecutado ni un solo paso visible" desde entonces.
En abril de 2024, el pleno municipal aprobó dotar a Son Gual II de servicios básicos. La medida fue celebrada por los residentes, pero la federación vecinal lamenta que "aún no existe calendario ni compromiso claro sobre cuándo se materializarán estas mejoras".
Transporte: avances insuficientes
Durante años, los vecinos dependieron del Transporte a la Demanda (TaD) gestionado por la EMT a través de taxis, un sistema criticado por retrasos, transbordos obligatorios y cancelaciones. Tras las reivindicaciones vecinales, en noviembre de 2024 el servicio fue mejorado con microbuses —y en ocasiones autobuses— que, de momento, cubren la demanda. Se creó además una nueva parada en la entrada del núcleo y el servicio funciona mediante reserva previa.
La EMT destaca que este modelo facilita el acceso a centros educativos y sanitarios, en especial al Hospital Son Llàtzer. Sin embargo, los residentes siguen denunciando la ausencia de un transporte escolar regular, un problema que afecta a numerosas familias cuyos hijos estudian en otros barrios.
Vertidos, inseguridad y falta de mantenimiento
El abandono de infraestructuras se refleja también en problemas ambientales y de seguridad. La asociación alerta de vertidos de escombros, basura acumulada en solares y zonas verdes sin control, así como de bocas de incendio destrozadas y señalización desgastada.
La iluminación pública continúa siendo uno de los puntos más críticos. Varias calles permanecen a oscuras, obligando a los vecinos a caminar con linternas, sobre todo en invierno. La calle Vallgornera es uno de los ejemplos más señalados por la entidad vecinal.
Sin equipamientos básicos
Pese a las mejoras puntuales, los vecinos lamentan que Son Gual continúa sin servicios esenciales, incluyendo un parque público inaugurado, uncentro cívico o mobiliario urbano básico. 2No pedimos privilegios. Pedimos ser un barrio más de Palma", insiste la Asociación de Vecinos, que recuerda que el barrio paga impuestos superiores a los de zonas consolidadas de la ciudad.
A pesar de haber recurrido incluso a la Defensora de la Ciudadanía y al Defensor del Pueblo, muchos problemas siguen sin resolverse. Para la federación, Son Gual es el ejemplo más persistente de las consecuencias de un crecimiento urbanístico sin planificación, que mantiene barrios enteros en la periferia "no solo geográfica, sino también política".
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