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Gentrificación en Canamunt: "Los mismos que se quejan de que no quedan vecinos alquilan a precios desorbitados"

La Asociación de Vecinos de Canamunt reunió a una veintena de residentes para debatir alternativas ante la emergencia habitacional, entre ellas la creación de un banco de pisos y la declaración de todo el casco antiguo como zona tensionada

“Hay gente encantada con la proliferación de boutiques y hoteles. ¿Realmente a la gente le importa que la ciudad se quede inhabitada?”

Los vecinos de Canamunt se reunieron en una asamblea para analizar el estado de la vivienda en la barriada.

Los vecinos de Canamunt se reunieron en una asamblea para analizar el estado de la vivienda en la barriada. / Guillem Bosch

Pere Morell

Pere Morell

Palma

"No podemos tumbar el capitalismo ni la gentrificación, pero hemos de tocar el corazón de la gente”. Los vecinos de Canamunt se revuelven ante la muerte por éxito de la gentrificada barriada del casco antiguo. Ante la grave herida que sufre la zona, la Asociación de Vecinos de Canamunt convocó anoche una asamblea en la que una veintena de residentes se reunió para debatir el problema y buscar alternativas a la situación de emergencia habitacional, después de que varias familias que llevan décadas en el barrio hayan recibido la notificación de que deberán abandonar sus pisos al acabar el contrato.

Entre las alternativas se puso sobre la mesa la creación de un banco de pisos. “Tenemos que hacer una crida a los propietarios; muchos de ellos tienen pisos vacíos pero no se atreven a alquilarlos. Debemos darles seguridad”, explicó Carme Verdaguer, vecina y miembro de la Asociación de Vecinos Canamunt–Ciutat Antiga.

Asimismo, se hizo hincapié en evitar la criminalización de los propietarios y en abordar el tema desde una mirada más positiva y empática para que estos se conviertan en una “balsa salvavidas”. “La expulsión de los vecinos es una pérdida para todos. Si no queremos convertirnos en un barrio dormitorio, tenemos que hablar con quienes tengan inmuebles para que los pongan en el mercado y ayuden”, aseguró Verdaguer.

También participó en la asamblea Rosa Deyà, una de las últimas vecinas que ha vivido este proceso de expulsión del barrio y a quien no le prorrogarán el contrato tras 18 años viviendo con su familia en el mismo piso de Canamunt. “Los mismos que se quejan de que no quedan vecinos en Palma, de que todo son suecos y alemanes y de que ya no conocerán a nadie, son los que alquilan a precios desorbitados”, denunció.

Deyà explicó que es necesario visibilizar casos como el suyo y recordar que forman parte del barrio. También afirmó que a menudo los inquilinos son caricaturizados y criminalizados: “Parece que los que alquilamos acosamos al propietario”. Añadió que los altos precios del mercado llevan a situaciones desesperadas incluso a personas con un buen trabajo: “No somos personas en situaciones vulnerables y aun así no podemos pagar el alquiler”.

Otra de las opciones a largo plazo que se propuso fue la de reclamar a las autoridades que delimiten todo el casco antiguo como zona tensionada. “Entre todos los vecinos debemos presionar”, exclamó una de las participantes. Asimismo, se destacó el papel de las inmobiliarias, de las cuales creen que también deberían colaborar en la situación

Los residentes hablaron de varios ejemplos que aceleran aún más la gentrificación de Canamunt, como lo que ocurre en los alrededores de la antigua Papelería Casa Roca: el emblemático edificio se prepara para abrir de nuevo sus puertas el próximo año, reconvertido en un conjunto de apartamentos turísticos boutique destinados a acoger a turistas de alto nivel. Los participantes de la asamblea explicaron que los propietarios compraron todos los edificios del alrededor: “Estos son más pisos que podrían ir para la gente”.

Algunos de los vecinos se mostraron a favor de todas las medidas, pero formularon una pregunta terrible que nadie supo responder: “Hay gente encantada con la proliferación de boutiques y hoteles. ¿Realmente a la gente le importa que la ciudad se quede inhabitada?”

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