La expulsión de los vecinos de Canamunt: “Me echan porque el propietario quiere vender mi piso de menos de 80 m² por más de un millón de euros”
La barriada de Palma, una de las más gentrificadas de la ciudad y situada en pleno casco antiguo, ha sido testigo de cómo en las últimas semanas varias de las familias que llevan décadas viviendo allí han recibido la notificación de que deberán abandonar sus pisos al finalizar el contrato.
La Asociación de Vecinos de Canamunt ha organizado una asamblea para esta tarde con el fin de debatir sobre el problema y buscar alternativas ante esta situación de emergencia habitacional.

A la familia de Rosa Deyà no le renovarán el contrato de su piso de toda la vida en Can Amunt. / DM

La modernización del Casc Antic de Palma hacia su reconversión en un bonito parque temático para turistas avanza a buen ritmo y sin descanso. La barriada de Canamunt, una de las más gentrificadas de la ciudad, ha sido testigo de cómo en las últimas semanas varias de las familias que llevan décadas viviendo allí han recibido la notificación de que deberán abandonar sus pisos al finalizar el contrato.
“Solo en la última semana cuatro vecinos han comentado que su casero no les renovará el contrato. Es una situación a la que ya estamos acostumbrados, pero que sigue doliendo”, explica Carme Verdaguer, vecina y miembro de la Asociación de Vecinos Canamunt–Ciutat Antiga.
La Asociación de Vecinos de Canamunt ha organizado una asamblea para esta tarde con el fin de debatir sobre el problema y buscar alternativas ante esta situación de emergencia habitacional. “Queremos reunirnos y visibilizar esta situación. En los últimos años se ha ido mucha gente y vienen nuevos inversores. La verdad, no sé cómo les sale a cuenta con lo desorbitadas que son las cifras”, afirma Verdaguer.
La familia de Rosa Deyà es una de las últimas que ha vivido este proceso de expulsión: “Hace 18 años que vivimos en el mismo piso de Canamunt. Ya nos han avisado de que lo tenemos que vaciar porque no nos prorrogarán más el contrato de alquiler.” Deyà ya vivía antes en el Casc Antic y sus dos hijos han nacido en el barrio: “La cosa está muy mal; cuando buscas alternativas te das cuenta de que no podrás vivir en el mismo barrio por los alquileres indignos.”
Deyà, que tiene amigos “que huyeron cuando todo empezó”, explica que hay algunos propietarios con los que se puede negociar un precio “justo, aunque alto”, pero que otros directamente piden alquileres “antinaturales”: “Te encuentras pisos de tres habitaciones por 1.700 o 1.800 euros al mes. Hay gente de la zona que es propietaria de varios inmuebles.”
Algunos propietarios expulsan a los vecinos en nombre de la riqueza personal. “Me echan porque el propietario quiere vender mi piso de menos de 80 m² por más de un millón de euros”, explica otro vecino al que no le renovarán el contrato.
El hombre —que prefiere no dar su nombre por temor a represalias legales— cuenta que lleva más de una década en la barriada y que siempre había mantenido buena sintonía con el propietario, hasta que este se enfadó por tener que afrontar ciertas reparaciones de la casa: “No quería arreglar elementos básicos, como las cañerías. Me dijo que ya me enteraría”.
El vecino explica que el barrio “está agonizando desde hace tiempo” y advierte de que Palma “no siempre podrá vivir de la gente que la visita”, por lo que considera que el Ayuntamiento debería hacerse cargo del problema: “Si no, tendremos un casco antiguo maravilloso que morirá de éxito”.
La notificación para que el hombre abandonara el piso fue, según relata, completamente impersonal: “Me dijeron que lo venderían porque saben que vale una pasta, pero creo que exageran, porque es muy antiguo y necesita reformas”.
“Esto es el cuento de la lechera. Espero que el cántaro se quiebre y que todos estos especuladores tengan que comerse sus pisos pagados a precio de oro”, sentencia.
Canamunt es una de las barriadas que más ha sufrido la gentrificación que sigue azotando Palma. El turismo de lujo, y los nuevos residentes que quieren vivir la ficción de ser vecinos de la ciudad, han tenido la suerte de encontrarse con la avaricia de unos propietarios a los cuales les es indiferente que Palma se convierta en una carcasa bonita, pero vacía de contenido y alma.
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