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Le quitan el Club Náutico a usted

Imagen del Real Club Náutico de Palma

Imagen del Real Club Náutico de Palma / RCNP

Matías Vallés

Matías Vallés

Que la vida no te obligue nunca a elegir entre el Real Club Náutico de Palma y la Autoridad Portuaria de Balears, entre el fuego y las brasas. Y si el arbitraje entre ambos ectoplasmas corresponde a la sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia de Balears, cabe exigir a Trump que acelere la llegada del Apocalipsis. La única figura que se salva en este cartel es Pablo Delfont, magistrado ponente de la sentencia del TSJ. Solo en su honor se aceptará que se ha hecho justicia, al prorrogar la concesión al ente borbónico que ocupa un lugar privilegiado del litoral de Palma (ver más adelante). A partir de este acatamiento unipersonal, se precipitan las casualidades.

Por ejemplo, el actual presidente de la nefanda Autoridad Portuaria se llama Javier Sanz, que no solo coincide casualmente con el nombre del presidente del Real Club Náutico entre 2011 y 2019, y no continuó por limitación de mandatos. Cotejando las fechas, el máximo dirigente de la demandada APB también presidía la demandante RCNP en las dos solicitudes de prórroga de 2015 y 2018.

Incluso en la permisiva Mallorca, la coincidencia es peliaguda. Sanz pierde como presidente de los Puertos, y gana como expresidente promotor de las prórrogas al Club Náutico, del que seguía siendo socio al tomar posesión de su actual cargo. Su gestión sustenta la victoria en el litigio que en teoría supone ahora una derrota. Cabe felicitarlo y consolarlo, no hay más preguntas.

Vamos con los que siempre pierden. Con usted, sin ir más lejos. En un párrafo del juez con crédito del TSJ, se subraya que las concesionarias de instalaciones náuticas actúan como «sujeto pasivo sustituto del contribuyente». Es decir, los mallorquines son los auténticos propietarios del Club Borbón, del Club de Mar en cuyo beneficio se ha tenido que reformar todo el Paseo Marítimo, del Dique del Oeste y de las múltiples marinas o garajes de yates horripilantes que han asesinado la fachada palmesana. Sin embargo, los mallorquines no pueden rechistar, ni siquiera pisar el suelo junto al mar. Entre unos y otros, le quitan el Club Náutico a usted, con descaro.

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