Otro comercio tradicional cerrará sus puertas en la calle Jaume II de Palma tras el adiós de la mercería Àngela: "Todo ha cambiado, a peor"
La bisutería Sant Joan se sumará a la lista de negocios que han cesado su actividad en esta transformada y céntrica arteria de Ciutat
Propietarios de negocios locales ubicados en la misma calle observan con resignación la 'victoria' de la masificación sobre el residente: "Perdemos nuestro sitio en la ciudad"

Joan Campins, propietario de la bisutería Sant Joan, tras el mostrador de su tienda. / Guillem Bosch

La histórica mercería Ca Donya Àngela, el comercio más antiguo de Mallorca, no será la única que baje la persiana antes de que termine el año. El 31 de diciembre, la bisutería Sant Joan se sumará a la lista de negocios que han cesado su actividad en la calle Jaume II de Palma. Su actual propietario, Joan Campins, cogió las riendas del local hace veinte años, pasando de ser uno de los proveedores a liderar un comercio tradicional con cuatro décadas de historia. "La clientela local ha sido quien nos ha ayudado a mantener el tipo. Ahora todo ha cambiado mucho, y a peor. Pero bueno, así es la vida: todo son ciclos", reflexiona Campins frente a un mostrador repleto de perlas presidido por un vistoso letrero de Majorica.
El dueño de la bisutería Sant Joan ha vivido en primera persona el acelerado proceso de gentrificación de la calle Jaume II y confiesa haber sentido tristeza con el adiós de la mercería Àngela: "Esto antes era totalmente diferente. Había un turismo con un mayor poder adquisitivo, bastante más potente. Ahora vemos lo del Àngela y nos produce un poco de tristeza al darnos cuenta de que esto ya va en decadencia".
La masificación, para Campins, lo ha cambiado todo. "Ahora lo que hay es mucha masificación. Los turistas apenas compran porque claro, aquí se concentra la gente que baja de las zonas costeras de Mallorca y el tema de los cruceros: solo suben y bajan, pero no consumen prácticamente".
Él, que todavía mantiene una fiel base de clientela local, confiesa ver con impotencia cómo "los extranjeros están copando prácticamente todos los alquileres". "Veo que se están mejorando mucho las prestaciones de Palma, pero claro los locales los están comprando gente de fuera. Todo esto es en detrimento de lo que era Jaume II como sitio comercial, donde ir a comprar se convertía en algo buen. Ahora todo eso quedará en algo anecdótico", reconoce.
"Ahora todo son franquicias"
A escasos metros de la bisutería Sant Joan se encuentra la curiosa y reconocida tienda Paraguas de Palma, cuya actividad hace honor a su nombre. Maribel Moyà, encargada del negocio, lamenta que despedidas como las de Campins o la mercería Àngela hayan ahondado en un sentimiento cada vez más común entre los tenderos más veteranos de la zona: "Perdemos poco a poco nuestro sitio en la ciudad".
Moyà describe las diferencias entre la calle Jaume II de antes y la de ahora: "Era un lugar en el que había muchos de comercios de gente de aquí. Hoy en día todo son heladerías o souvenirs, comercios de temporada que cuando llega la temporada baja cierran y hace que esto se quede a medio gas". Con resignación, no cree que nada vuelva a ser como antes, ni que pueda convertirse en algo que, al menos, se le parezca: "Lo veo complicado. Dicen que se debe evolucionar, que los cambios son para bien, pero yo creo que todo esto ha sido un cambio para mal porque las ciudades tienen un carácter que, en este caso, se está perdiendo".

Maribel Moyà es la encargada d ela tienda paraguas. / Guillem Bosch
Los comerciantes de Jaume II comparten experiencias y opiniones no solo en la calle, sino también a través de grupos de Whatsapp, y coinciden en pronosticar un futuro para Palma más que incierto. "Es una ciudad que cada vez está más hecha para el turismo, y la gente de aquí que paseaba e iba a comprar al comercio local compra mucho por internet o en las grandes superficies. Yo todavía tengo clientela local, y también del turismo, pero aun así es una pena", se lamenta Moyà.
Ya prácticamente al final de la calle, en la confluencia entre Jaume II y San Bartolomé, Ferran Miro mantiene con vida la joyería y relojería Bitla, un negocio faimiliar que según sus palabras no tiene asegurado el relevo generacional. "Mi hijo es el primero que dices: 'Mira papá, yo me haré maestro'. Los jóvenes ya no quieren ser artesanos, buscan otras cosas", explica el propietario.
Miró, con su padre José junto a él, detrás del mostrador, añade más detalles a la fotografía de la antigua calle Jaume II: "Estaban las cuatro relojerías, Àngela, las tiendas de ropa, también había zapaterías, etc. Ahora todo eso ha desaparecido, todo son franquicias". Reconoce, además, que siempre ha preferido trabajar para la clientela local: "Prefiero a la gente de pueblo, pero ahora ya no bajan a Palma por la masificación. Aquí preferimos menos gente, pero de más calidad. Que la gente de los pueblos pueda bajar a la ciudad tranquilamente sin encontrarse con esta saturación, también de coches. De hecho, a mi me es imposible aparcar. Tanto turismo, para mí, es un atraso".

Ferrán Miró junto a su padre, José Miró, dentro dela jovería Bitla, el negocio familiar. / Guillem Bosch
El propietario de la joyería Bitla exige poner "límites" al turismo y resume con gracia al turista tipo que visita Ciutat, al que compara con el diésel. "Consume muy poco, camina mucho y contamina también mucho", bromea.
Sin embargo, al igual que sus compañeros, no avecina un futuro mejor. "No habrá un cambio de tendencia porque cada vez hay más franquicias y a los comercios tradicionales solo nos ponen más trabajas para aguantar. Estamos cansados", sentencia.
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