Más sombra, calles habitables y menos coches: la propuesta olvidada para revitalizar Pere Garau
El arquitecto Tomeu Duran, quien pasó su infancia en esta barriada de Palma, planteó hace una década al Ayuntamiento un proyecto de reforma extensible a otras zonas
“Es algo que se podría mantener y que, a día de hoy, es más necesario todavía”, señala el experto

Render del proyecto de Duran en el que se pueden apreciar las ideas de su propuesta. / T.D.

Calles estrechas, grises y con poca sombra dibujan la fisonomía urbana de Pere Garau, uno de los barrios más poblados y diversos de Palma, que concentra gran parte de la riqueza cultural y étnica de la ciudad. Sin embargo, pese a su cercanía a plaza España y al mar -a apenas un kilómetro-, y pese a estar rodeado de vías principales, el vecindario vive en una suerte de aislamiento permanente respecto al resto de la ciudad. Una paradoja que se explica en buena parte por su trazado urbanístico y por la arquitectura que lo encierra.
Tomeu Duran, arquitecto y urbanista, nació en Pere Garau en los años setenta, cuando sus padres llegaron a Palma desde el pueblo. “Nací y crecí en el barrio hasta que me fui a estudiar a Sant Cugat”, recuerda. Tras pasar 18 años en la península, regresó en 2013 y comprobó el deterioro de la barriada de su infancia. Entonces decidió presentar al Ayuntamiento un proyecto de reforma para las calles comprendidas entre Francesc Manuel de los Herreros, Francesc Barceló i Combis, Capità Vila y Manacor. Una intervención acotada, pero que, según defiende, podría aplicarse a cualquier calle de Pere Garau o incluso a otras zonas del Eixample. La iniciativa de Duran fue rechazada y quedó finalmente en el tintero.
“Es un proyecto que se podría mantener y que, a día de hoy, es más necesario todavía”, asegura Duran. El barrio se organiza en dos tipologías viarias: las calles de 20 metros de ancho, concebidas como grandes ejes de conexión, y las de 10 metros, que forman la red interior del vecindario. Es precisamente en estas últimas donde el arquitecto palmesano ve la oportunidad de actuar: eliminar una franja de aparcamiento que sería absorbida por los subterráneos, ensanchar las aceras, incorporar árboles, bancos e iluminación y convertir la calzada en una plataforma única limitada a 30 km/h. El objetivo es que dejen de ser corredores grises para coches y se conviertan en espacios de encuentro que devuelvan vida al barrio.
Duran ya fue muy crítico con el planeamiento vigente en aquellos años. “Fui públicamente bastante crítico con el Plan General porque promovía la reforma de calles de 20 metros de ancho, como Nuredduna, y dejaba de lado las más estrechas, que no tienen árboles ni sombra y cuentan con aceras muy reducidas. Mi propuesta pretendía justamente lo contrario: introducir verde de forma generalizada y priorizar los entornos escolares”, explica.
Un barrio con más sombras
Una de las claves de la propuesta de Duran es introducir más sombra en las calles interiores de Pere Garau, hoy dominadas por el asfalto y la exposición directa al sol. El proyecto prevé ensanchar las aceras del lado más soleado y transformarlas en franjas cívicas arboladas, con especies como el cercis siliquastrum -especie mediterránea conocida como el 'árbol del amor'- o el prunus pissardii, que aportarían vegetación, frescor y refugio frente al calor.
“La vida ciudadana también se basa en la presencia humana. Y hay zonas de Pere Garau que son muy poco transitadas precisamente por la falta de sombra y por aceras estrechas”, sostiene el arquitecto, que defiende que su propuesta buscaba “permeabilizar el barrio, hacerlo más atractivo y seguro para los peatones”.
Más accesibilidad
Las calles interiores de este barrio de Palma apenas alcanzan los diez metros de ancho, de los cuales siete metros se destinan al tráfico rodado y al aparcamiento. Eso deja dos aceras reducidas a 1,5 metros de anchura en la mayoría de tramos, aunque Duran llegó a registrar puntos donde el espacio libre no superaba los 90 centímetros, insuficiente incluso para que dos personas puedan cruzarse con comodidad.
A esa estrechez se suma otro factor: la altura excesiva de los edificios. Aunque la normativa original solo permitía planta baja más dos alturas, la mayoría de fincas se levantaron con cinco, seis o incluso más pisos, a menudo con voladizos que invaden el espacio aéreo de la calle. “Es cierto que en Palma, para dar respuesta en su momento, se construyó con mucha densidad. De repente, en calles de 10 metros de ancho surgieron edificios de planta baja más cuatro, más seis… y si a eso le sumas los voladizos, el espacio se queda todavía más reducido”, reflexiona Duran. El resultado es un efecto de 'cañón urbano' que no solo reduce la entrada de luz e incrementa la sensación de calor, sino que acentúa la sensación de ahogo en un barrio ya de por sí densamente poblado.
Alta densidad de población
Pere Garau es, con diferencia, el barrio más densamente poblado de Palma. En apenas 0,68 kilómetros cuadrados, residen en el barrio cerca de 30.000 personas, con una densidad de población que ronda los 44.000 personas por kilómetro cuadrado. Cuando Duran presentó su propuesta, hace más de una década, se concentraban más de 27.000 habitantes, lo que suponía una densidad de 40.415 personas por kilómetro cuadrado. Una cifra que superaba con creces a ciudades como París (20.000), Barcelona (16.000) o incluso Nueva York (27.000). Esta condición, que en teoría debería favorecer la vida urbana -con mayor interacción social, servicios más cercanos y menor dependencia del coche-, choca con una realidad urbana e institucional que no permite canalizar esa intensidad humana hacia espacios públicos de calidad.
Lejos de traducirse en plazas llenas de actividad o calles pensadas para la convivencia, la densidad de Pere Garau se experimenta en forma de presión sobre unos espacios estrechos, grises y mal equipados. La propuesta de Duran parte de esta paradoja: aprovechar la fuerza de un barrio vivo y poblado, pero dándole escenarios adecuados para que esa vitalidad se exprese. “Consideraba una de las causas principales la degradación del medio físico: cuando el entorno está descuidado, las personas lo cuidan menos; al contrario, un espacio bien cuidado fomenta actitudes cívicas y participación”, explica.

Gráfica sobre la densidad de población de Pere Garau en 2013. / T.D.
Además, Duran subraya la importancia de que las reformas sean progresivas y extensivas: “Lo ideal sería que se fueran reformando los calles poco a poco para minimizar los impactos de gentrificación y evitar contrastes muy fuertes entre distintas partes del barrio. Mi propuesta era una propuesta extensiva a otros calles de Palma”, concluye.
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