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Espacios públicos

Palma se abrasa por falta de sombras

Residentes, turistas y trabajadores acusan la escasez de refugios para protegerse del sol en parques, plazas y calles

«Hay barrios donde el único verde que hay son las rotondas», critica un urbanista

Jordi Sánchez

Jordi Sánchez

Palma

Rakim Ahmed reparte publicidad por los buzones del centro de Palma. En verano, dice, su trabajo se convierte en una carrera de obstáculos contra el sol. Camina por la plaza España, las Ramblas o la calle Oms y, cuando el calor aprieta, confiesa que debe detenerse y refugiarse «en cualquier esquina o porche que dé un poco de sombra». Vive en Pere Garau y, aunque se ríe cuando lo cuenta, asegura que en el parque de su barrio «si pega el sol, es mejor no ir».

Lo cierto es que Palma, en pleno siglo XXI, sigue siendo una ciudad que arde bajo el sol. En calles, plazas y parques la sombra escasea. Y cuando el cielo se encapota, sobre todo en verano, se da lo que ya muchos llaman la ‘operación nube’: un pequeño milagro meteorológico que hace que la gente salga a caminar por Ciutat como si fuera primavera.

La plaza Major, la Plaza España o el Parc de la Mar son tres ejemplos paradigmáticos de esta sequía de sombra. Espacios abiertos, sin apenas arbolado o estructuras que protejan del sol, donde la exposición directa convierte cualquier banco en una plancha de calor. En verano, los turistas pasean bajo el sol cegador y los vecinos, directamente, se esconden.

Paula Alomar, estudiante de bachillerato, evita ciertos lugares cuando hace calor: «A la plaza del Tubo o al Parc de la Mar no solemos ir en verano. Nos gusta sentarnos en la hierba al lado del lago, pero sin sombra no se aguanta. Ni en Ses Voltes te puedes quedar». Como muchos jóvenes, ella y sus amigos acaban refugiándose «en tiendas, en El Corte Inglés o en centros comerciales, porque ahí al menos se está fresco».

La falta de sombra no solo afecta al ocio, también condiciona la vida diaria, especialmente entre los mayores. José Juan Rodríguez, jubilado, lo resume con sencillez desde su banco en plaza París: «Mi banco de toda la vida en s’Escorxador arde hasta por la noche. Cambiamos de sitio y venimos aquí, pero según el día, tampoco se puede estar». Rodríguez no quiere toldos ni estructuras como la instalada hace un año en la plaza Patines -«me parece raro»-, pero sí pide más árboles. «Por experiencia, te digo que un árbol es lo que hace falta», advierte.

Los parques de Palma, como el de s’Escorxador, el de la Riera o el infantil que hay frente a la muralla, repiten el patrón: vegetación dispersa, sombra insuficiente y, en consecuencia, menos vida social. Una contradicción en tiempos de cambio climático, cuando el espacio público debería ser refugio, no amenaza.

Una función social

El arquitecto y profesor Biel Horrach, experto en urbanismo y miembro del Laboratorio sobre el Cambio Climático de la UIB, subraya la necesidad de repensar el diseño urbano desde la perspectiva de la justicia ambiental. «Hay barrios como Pere Garau o Son Gotleu donde el único verde que hay son las rotondas», denuncia. Para Horrach, los espacios verdes deben ser lugares de encuentro, especialmente en barrios con gran diversidad social, donde «la falta de sombra no solo castiga físicamente, también incrementa la exclusión».

Señala que muchas de las zonas verdes previstas en los planes urbanísticos nunca se han ejecutado y que, en una ciudad cada vez más calurosa, la sombra es también un derecho: el de «habitar la ciudad en igualdad, sin importar el barrio ni la estación del año».

Más allá del urbanismo, Horrach rescata el valor social de la sombra: «Cuando tienes un espacio donde no pasas calor, ese lugar se convierte en punto de encuentro. Mejora la salud, reduce el estrés urbano y, sobre todo, reconstruye vínculos sociales que hoy están en peligro».

Un ejemplo reciente, dice, son los sopars a la llesca organizados por el colectivo Brunzit junto a vecinos de Palma durante las noches de verano. Iniciativas comunitarias que devuelven al espacio público su función original: ser lugar de vida compartida.

Mientras tanto, Lilly Charles, turista británica recién desembarcada de un crucero, se pasea con su familia por el Parc de la Mar con gesto incómodo: «Aquí no nos podremos quedar mucho rato porque no hay nada de sombra». Espera que el resto de la ciudad no sea igual. Algunos ya saben que lo es.

Cort instalará más pérgolas en varias plazas

El área de Infraestructuras señala que el plan piloto de instalación de pérgolas que empezó en la plaza de los Patines tendrá continuidad en otras plazas de Ciutat «a corto plazo».

Asimismo, subraya que este mandato también se han reparado pérgolas en el Coll den Rabassa, en la plaza Orson Welles y en la plaza Serralta. Por otro lado, se renovarán las estructuras del Parc Montesió, Arabela y sa Feixina.

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