Comercio
«Queremos hacer resurgir de sus cenizas al Mercat de Pere Garau»
El único mercado de Palma que ha sobrevivido a la turistificación será galardonado mañana con un premio nacional por la reapertura de 12 nuevos locales en un año
Los nuevos establecimientos comparten espacio con los históricos con el objetivo de dar más vida al centro neurálgico del barrio

B. Ramon

¿Cuántos años hace que no va al Mercat a hacer la compra diaria? Ir de tienda en tienda adquiriendo productos frescos ante un comerciante dicharachero era la única opción que existía antes de la llegada de los supermercados. La modernidad nos llevó a querer adquirir productos precocinados y a comer alimentos insípidos con tal de ahorrarnos dos reales y unos minutos de nuestro preciado tiempo.
Pero el cajero de un hipermercado no te saluda por tu nombre, ni tampoco te explica que embutidos son los mejores para un buen pa amb oli. Esta familiaridad que solo proporciona el mercat parece destinada a morir ante la desidia y el aislamiento de la que hacen gala las nuevas generaciones.

Clientes de varias nacionalidades esperan para comprar en una de las carnicerías del Mercat de Pere Garau. / B. Ramon
Sin embargo, ante un fatal destino siempre aparece una luz que ilumina la esperanza, y el resurgir del Mercat de Pere Garau es una prueba de ello. El único mercado de Palma que ha sobrevivido a la turistificación, será galardonado mañana por con el premio nacional a la mejor iniciativa comercial colectiva por la reapertura de 12 nuevos locales en un año que han servido para dar más vida al sitio.

Emma Noos (izquierda) abrió una tienda de chocolates y café a granel hace menos de un mes. / B. Ramon
«Queremos hacer resurgir de sus cenizas al Mercat de Pere Garau», asegura Emma Noos, una de las nuevas adquisiciones del lugar.La comerciante abrió una tienda de chocolates y café a granel hace menos de un mes: «Pusimos algo que no había en el mercat y la gente está respondiendo la mar de bien, sobre todo la gente mayor», señala.
Noos era una habitual del mercat y explica que antes «había más gente» comprando en el lugar. «Los nuevos comercios hacen falta al mercat para que la gente se anime a venir a ver cosas que no había antes», sentencia.

José ‘Mingo’ abrió un bar en el Mercat de Pere Garau hace tan solo nueve meses. / B. Ramon
Los nuevos locales no son solo tiendas de venta de productos, Jose ‘Mingo’ abrió un bar en el lugar hace tan solo nueve meses.«Prefiero este sitio que el Mercat del Olivar, allí todo es muy turístico mientras que el de aquí es todavía muy tradicional y obrero», asegura el comerciante.
Los clientes de ‘Mingo’ son muy variados: «Viene gente de la barriada, pero también vienen extranjeros como italianos y franceses», señala.

Varios clientes comen en el Mercat de Pere Garau tras haber hecho la compra del día. / B. Ramon
«Ojalá estos nuevos establecimientos sirvan para que el Mercat siga creciendo y sea de gran nivel», sentencia ‘Mingo’.
Comercio tradicional
«No pasa nada si te falta dinero, ¡llévate la compra y la semana que viene vuelves y hacemos las cuentas!», le dice Toni Sastre a un cliente. El comerciante regenta una tienda de víveres desde hace 45 años y representa de forma auténtica este ambiente de familiaridad y cercanía que hay en el mercado y que las nuevas generaciones no conocen.
«Los jóvenes que vienen se sorprenden positivamente al venir al Mercat, no están acostumbrados a un trato tan familiar», señala Sastre. «Cuando compran unas lentejas o algo así siempre les decimos que variedad es mejor y como se deben cocinar y se quedan en shock, no se esperan esta cercanía», sentencia.

Toni Sastre lleva 45 años vendiendo de todo a su fiel clientela del mercado. / B. Ramon
En el Mercat de Pere Garau, ultramarinos, conservas, tiendas de víveres y pescaderías conviven con sushis bombonerías y hasta con una inmobiliaria. Toni Sastre asegura que en estos 45 años el ambiente del lugar ha cambiado «como de la noche al día». No obstante, el comerciante está contento de que las últimas medidas hayan incentivado a que venga esta «gente nueva» que ayuda al mercat a tener más vida.
Ramon Palomares hace más de 25 años que tiene una pescadería en el Mercat y comparte las mismas sensaciones que Sastre: «El lugar ha cambiado mucho, no tiene nada que ver con lo que era antes, nos hemos tenido que actualizar y modernizar debido a la gran competencia de los supermercados antes solo existía el mercat y no tenías tanta competencia», afirma Palomares.

Ramon Palomares vende pescado fresco en el Mercat desde hace más de 25 años. / B. Ramon
El pescadero asegura que «los nuevos negocios han ayudado a que la gente venga al Mercat» y cree que muchas personas acuden a comprar al sitio porque es un lugar «muy económico, que vende mucha calidad y cantidad a un buen precio».
Gentrificación
«Estamos muy contentos por el premio, pero nos da un poco de miedo la gentrificación que pueda sufrir el barrio», son palabras de Joana Ferrà de Flipau Pere Garau. «El mercat es el centro neurálgico de Pere Garau y lo queremos defender así como esta para mantenga su espíritu vivo», asegura. «Este es un barrio que todavía tiene de todo. Si vienen muchos turistas y compran todas las casas el comercio de la zona morirá», afirma Joana Ferrà.
La mujer explica que es difícil competir contra los supermercados: «Es difícil luchar contra los grandes comercios porque los jóvenes quieren comodidad, pero deberían venir igualmente», sentencia Ferrà.
Paquita Bonnin es la presidenta del Mercat de Pere Garau y la impulsora de las ideas que han permitido al sitio ganar un premio nacional.: «Hemos trabajado mucho para que abran nuevos lugares, currar en un mercat es muy especial, has de tener una simpatía y familiaridad que se lleva en la sangre», señala Bonnin. «He trabajado tanto por el mercat porque lo quiero mucho y quiero jubilarme aquí, no quiero ver como todo el comercio se degrada sin que yo haga absolutamente nada», afirma.
Las medidas como lonas publicitarias, sorteos semanales o la instalación de taquillas refrigeradas para que los clientes puedan hacer sus compras e irlas a recoger en un horario más amplio han permitido la reapertura de 12 nuevos locales. «La gente ahora valora todo el trabajo que hemos hecho cuando nos han dado el premio», afirma la comerciante. «Hemos hecho todas estas cosas bonitas para que la gente joven venga y consuma producto local y de kilómetro zero», asegura.
«La pandemia nos ha llevado a un alto consumo de internet que no es bueno», sentencia.
Mercado gastronómico
Los mercats de Santa Catalina y del Olivar se han convertido en mercados gastronómicos tras caer bajo el yugo del turismo
«No tengo miedo de la turistificación, tengo muy claro que el Mercat de Pere Garau nunca será un mercado gastronómico. La gente tiene que ir al mercat a comprar, no a comer y luego adquirir un kilito de naranjas», afirma contundente Paquita Bonnin. «Yo nací en este mercat, mis padres ya tenían un puesto aquí, no quiero ver el final de un sitio que amo muchísimo», sentencia.
Nunca tuvimos tanto tiempo libre y nunca hemos ido con tanta prisa por la vida. El mercat es una experiencia que requiere cierta parsimonia, pero Mallorca hace tiempo que perdió la calma. La población debe decidir que Palma quiere, la del carrer de Sant Miquel y de Santa Catalina, o la de una ciudad donde todavía saludas por su nombre a los vecinos. La elección está en nuestras manos.
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