Hablan los propietarios de los once nuevos comercios emblemáticos en Palma: «Clientes aún nos preguntan por nuestros padres y abuelos»
Negocios que han atravesado varias generaciones continúan ofreciendo un producto distintivo con el trato personal y especializado como principal baza de supervivencia en un mundo copado por las grandes plataformas

B. Ramon
La Conselleria de Empresa, Empleo y Energía ha apostado por añadir 16 establecimientos más con la distinción de 'Emblemàtics Balears’. Un total de 11 de ellos se encuentran en Palma, continuando con los diplomas entregados por el Ayuntamiento. «Yo mismo fui a recogerlo», explica orgulloso Gabriel Picó, uno de los empleados del comercio familiar Juguetería Sandros. Hace más de 50 años que venden y reparan juguetes tales como muñecas, patinetes o coches. «No siempre ha sido una juguetería, antes vendíamos colchones», revela. Picó tuvo que operarse en varias ocasiones y ya no tenía la capacidad para repetir esfuerzos mientras levantaba colchones. Colchones Francisco pasó a ser Juguetería Sandros. El negocio lo inició su madre, y Picó, junto a cuñado, recogieron el relevo, pero cree que no habrá una tercera generación. «Una vez dejemos la juguetería será otra cosa», prevé.

La entrada de Juguetería Sandros. / B. Ramon
En la misma línea se pronuncian los hermanos Jaume y Toni Nicolau. Juntos regentan la tienda Muebles Nicolau en el barrio de Foners. «No lo tengo claro, pero si Dios quiere nos quedan años para pensarlo», narra Jaume sobre un posible relevo generacional. «Ahora mis hijas empezarán la universidad y quieren formar su camino», añade. Sus abuelos abrieron la tienda de muebles en la Costa d'en Brossa, al lado del Ayuntamiento, hasta que su padre retomó el negocio y lo trasladó a la ubicación actual. «En 1994 nos integramos mi hermano y yo, veremos si somos los terceros y últimos», expresa. Su hermano Toni se muestra «muy orgulloso» de haber prolongado la vida del comercio familiar. «Cuando era más joven algunos clientes nos preguntaban por nuestros padres y abuelos», admite. Los hermanos Nicolau han vendido muebles a los padres, hijos y nietos de varias familias. «Es algo apasionante», comenta exultante Toni.

La familia Nicolau Albertí en la entrada del negocio familiar Muebles Nicolau. / B. Ramon
En el mercado del Olivar, Jaume Aguiló representa el cuarto eslabón de una familia de carniceros que dio sus primeros pasos en Santanyí. «Al principio vendíamos gallinas vivas, luego ya empezamos a vender animales muertos», avanza. En 1951 dejaron su puesto en la plaza Major de Palma para trasladarse al mercado y abrir Can Jaume Artesans. «El año 1927 cumpliremos 100 años trabajando el oficio de carniceros», refleja. Aguiló menciona que no será alguien de la familia quien continúe su labor en el Olivar. A pesar de esto intentará «inculcar el espíritu» del comercio.

Jaume Aguiló en su carnicería en el mercado del Olivar. / Emblemàtics
Justo al lado de otro mercado, el de Santa Catalina, Pep Amengual resiste en un barrio donde el comercio autóctono está en declive. «Diría que en Santa Catalina no quedan panaderías parecidas a la nuestra», menciona. Durante décadas lideró el Forn de Ca Sa Camena. Ahora, ya retirado, ha dado paso a su hija. «Se fue a estudiar a Barcelona, pero desde un inicio quería seguir con el comercio», reconoce. Es la cuarta generación. El abuelo de Amengual se hizo con el local en 1912, pero se esmera en subrayar que en 1843 ya existía una panadería, aunque no se ha podido corroborar del todo por falta de documentación. «Cuando mi abuelo lo compró tuvo que hacer obra porque estaba hecho un desastre», recuerda. Su abuelo conservó el horno, ya existente, y rehicieron el obrador. En las tripas del Forn de Ca Sa Camena había un patio interior y un pequeño jardín con un gallinero. Con la remodelación del local hay más espacio para la preparación de panades, ensaïmadas o diferentes tipos de panes. «Incluso en una pequeña habitación una señora vivía con su hija», anuncia. Residía en el interior de la panadería y cuando llegaban los soldados a Palma se encargaba de recoger su ropa y lavarla.
Calidad y fidelidad
A diferencia de las grandes plataformas, que ofrecen productos a precios asequibles en un tiempo inmediato, estos comercios venden artículos de calidad y se diferencian en un trato personal hacia una clientela fiel. «Los clientes quieren encontrar una diferencia gastronómica. Valoran mucho la calidad y probar unos gustos diferentes», comenta Aguiló en referencia a los productos que vende en su carnicería del mercado del Olivar. En la convivencia con los supermercados, revela que son complementarios. «No vendemos lo mismo. Los supermercados nunca serán como nosotros y viceversa», expresa. En el caso de los muebles que venden los hermanos Nicolau se mantiene la tónica. «Nosotros apuntamos a una gama media-alta y también ofrecemos un trato que internet no puede dar», comenta Jaume Nicolau. Las formas de entender la compra han cambiado y ahora internet y las grandes plataformas imperan por encima del pequeño comercio. «Es complicado y luchamos por mantenernos, no podemos vivir de espaldas a la realidad», continúa.

Pep Amengual en la entrada del Forn Ca Sa Camena. / Emblemàtics
Por su parte, Amengual también mima su panadería. Los productos más vendidos son los típicos mallorquines, pero explica que ha empezado a realizar dulces italianos y franceses. «Muchos de nuestros clientes son suecos, alemanes o ingleses», comenta. Amengual hace memoria y cuenta que el cambio empezó hace unos 20 años. «Lo hemos vivido de forma diaria y no lo notamos tanto, pero alguien que hace décadas que no pisa Santa Catalina se asustaría», expresa. De niño jugaba al fútbol junto a los vecinos frente a la panadería familiar. Las muñecas y los patinetes llenan los escaparates de la Juguetería Sandros. «Otras tiendas han tenido que cerrar, nosotros a parte de vender productos también nos encargamos de repararlos», comenta. Decenas de muñecas también pueblan los estantes del interior del comercio. En una estampa que parece del siglo pasado. «Ya no quedan tiendan como la nuestra», sentencia.
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