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Seguridad Ciudadana

A la caza de los grafiteros que «bombardean» Palma con pintura

Un grupo de la Policía Local centra sus investigaciones en los grafitis que ensucian kilómetros de paredes y espacios públicos, con epicentro en el Casc Antic

Abordan un ámbito complejo, con infractores que empiezan cada vez más jóvenes y otros que llegan a la isla expresamente para vandalizar superficies.

Dos agentes de la Policía Local estudian los grafitis que invaden la calle de Can Espanya, en el centro de Palma.

Dos agentes de la Policía Local estudian los grafitis que invaden la calle de Can Espanya, en el centro de Palma. / Manu Mielniezuk

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Jaume Bauzà

Jaume Bauzà

Palma

La guerra contra el grafiti en Palma se libra en la calle y en Internet, pero los infractores se escurren y adoptan nuevas técnicas para escapar de la vigilancia policial. Preocupan los grafiteros conocidos y reincidentes, y los que vienen desde la península y distintos puntos de Europa para hacer ‘turismo de grafitis’. Cada vez empiezan más jóvenes a vandalizar paredes y la competencia por una superficie virgen ha crecido tanto que se han roto algunos códigos no escritos entre ellos.

En el cuartel de Sant Ferran hay quienes conocen muy bien el mundo del grafiti en Palma, qué y quién hay detrás de las miles de pintadas que emborronan fachadas y espacios públicos, con especial incidencia en el Casc Antic. Uno de ellos es un agente del Grupo de investigación de seguimiento de denuncias de la Policía Local, que desde el anonimato da algunas claves sobre cómo trabajan para dar caza al grafitero.

El experto de la Policía Local en la lucha contra los grafitis observa la foto de una pintada  publicada en Instagram.

El experto de la Policía Local en la lucha contra los grafitis observa la foto de una pintada publicada en Instagram. / Manu Mielniezuk

«Aquí nos alimentamos de las unidades que están en la calle y cogen a los infractores ‘in fraganti, o yendo por la calle cargados con pinturas y sprays», explica este agente en Sant Ferran.

Esta unidad amontona valiosa información sobre esta forma de vandalismo que además no tiene fronteras. «Vienen de Alemania y otros países europeos a pintar. Saben a dónde ir porque aterrizan, cogen un coche de alquiler y se van a una 'possessió' antigua o a un lugar más apartado, muchas veces fuera de Palma. Este año cogimos a un alemán que llegó, se fue a una tienda en la que venden sprays y allí mismo preguntó en qué pared podía pintar», recuerda este experto de la Policía Local.

Notoriedad en Internet

En mayo también interceptaron a tres de estos ‘turistas’, en esta ocasión procedentes de Madrid, con un largo historial de pintadas vandálicas en la capital. «Aquí bombardearon Palau Reial, calle Manacor, Pascual Ribot... Especialmente las barreras metálicas de comercios y garajes. Una patrulla nocturna les pilló pintando, les levantó un acta y cuando tuvimos la información nuestro trabajo fue comprobar si habían hecho otras pintadas. Y efectivamente una cámara de vídeo en Palau Reial les grabó», destaca este agente.

El arte urbano también trata de sobrevivir a las pintadas vandálicas.

El arte urbano también trata de sobrevivir a las pintadas vandálicas. / Manu Mielniezuk

Buscan notoriedad, por lo que dejan una firma y a menudo publican sus trabajos en Internet. Una grieta abierta para identificarlos y vincularlos a pintadas vandálicas en Palma. «Sabemos en qué páginas se mueven y nos metemos, pero no intentamos contactar con ellos ni hacernos pasar por amigos, porque nos descubrirán. Nos fijamos en las firmas, que son muy cortas, a veces números. Algunos buscan hacer un grafiti elaborado, grande, lo que ellos considerarían arte. Otros solo tienen la intención de ensuciar. Cogen un rotulador o un spray de un solo color y se dedican a manchar. Por ejemplo, cogen una calle y bombardean todas las paredes y barreras metálicas que ven. Es como marcar su territorio», subraya este agente.

Los hay «muy reincidentes». Pagan las multas, señala este profesional, pero continúan. «Para ellos es como adictivo. Y se están moviendo. Algunos de los que hemos pillado en Palma se van a pintar a la Part Forana. Cuando voy por algún pueblo me fijo, veo las firmas y me doy cuenta de que son habituales de Palma que se están expandiendo fuera del municipio, seguramente para escapar de la mayor presión policial que hay aquí», cuenta este profesional.

Las sanciones reservadas para estos incívicos pueden ser administrativas, la mayoría, o penales, cuando vandalizan patrimonio catalogado. En los primeros casos, las multas van de 100 a 600 euros y las notifica el Ayuntamiento de Palma. Ensuciar un inmueble protegido sale más caro y puede conducir a un juez: hasta tres mil euros de multa más los gastos por los daños y la limpieza de la superficie.

Grafiteros ante el juez

Son excepciones, pero dan mucho trabajo a los investigadores y a veces resulta «frustrante». Este agente recuerda el caso de un grafitero que hizo pintadas en la muralla. Estaba en el lugar y estaba su firma, y se hizo un largo atestado para llevarlo por la vía penal, pero finalmente el fiscal no quiso acusarlo porque los agentes no lo habían pillado en el momento de hacer la pintada.

También hay victorias. «Un grafitero que pintó en un edificio BIC fue condenado en primera instancia, recurrió la sentencia y volvió a perder en el Tribunal Superior de Justicia. Recientemente también hubo una condena para un grafitero que pintó en el tren de Sóller», celebra este investigador. En ambos casos se enfrentaron al pago de unos seis mil euros sumando la multa y la reparación de los daños.

Una técnica es pintar los dibujos en un papel y pegarlos en la pared con cola.

Una técnica es pintar los dibujos en un papel y pegarlos en la pared con cola. / Manu Mielniezuk

El agente expresa su preocupación por la irrupción de varios grafiteros que «manchan» las pintadas que han dejado otros y también los dibujos de artistas callejeros, estos sí considerados arte urbano y tolerados.

«En este mundo hay mucha competencia y cuantas más pintadas hacen, más estatus tienen. También cuenta la peligrosidad, por lo que buscan lugares inaccesibles jugándose incluso la integridad física. Las pintadas también cotizan más si están en lugares de mucho tránsito de personas o coches», afirma este experto.

Y desde hace un tiempo también dejan su marca en forma de pegatinas que invaden farolas, semáforos y señales de tráfico.

Ya es complicado cazar a los grafitero en acción porque actúan de noche y en espacios poco concurridos, pero han descubierto nuevas formas para reducir su exposición. «Cada vez es más frecuente que sustituyan el spray por cepillos de pintor de brocha gorda. Cogimos a uno con un cubo de pintura, un alargador y un cepillo para pintar. Así les salen unos murales más grandes, los hacen más rápido y además les sale más barato», señala el investigador de la Policía Local.

Algunos ni siquiera salen de su casa para hacer el dibujo. Lo pintan en un papel y «lo pegan en la pared con cola, tal cual».

Este agente señala que se instalarán cámaras fijas en las murallas para proteger esta parte tan sensible del patrimonio, y pide colaboración ciudadana: «A veces necesitan horas para hacer un grafiti y hay ciudadanos que tienen que verlo, pero falta concienciación. Si ven algo, que llamen al 092, 091 o 112».

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