Discapacidad Visual

El teatro de Son Gotleu para Rocío (y para todo el mundo)

Los alumnos del Gabriel Vallseca que representaron ‘La hija del Principito’ el pasado martes, con Rocío Álvarez y Asun Gallardo en el centro.   | M.F.

Los alumnos del Gabriel Vallseca que representaron ‘La hija del Principito’ el pasado martes, con Rocío Álvarez y Asun Gallardo en el centro. | M.F.

Mar Ferragut Rámiz

Mar Ferragut Rámiz

La idea nació por y para Rocío, pero también para que todos pudieran disfrutar. Y el objetivo se ha cumplido: la prueba son los aplausos, las sonrisas de orgullo y las lágrimas de admiración que provocó la representación el pasado martes en el Xesc Forteza de ¿Y si volviera el Principito?, una obra de teatro adaptada para personas con discapacidad visual.

Rocío Álvarez es maestra de Pedagogía Terapéutica del colegio Gabriel Vallseca del barrio de Son Gotleu de Palma. Tiene una discapacidad visual a causa de la neuropatía óptica hereditaria de Leber (NOHL). Sabía que podía tocarle: su madre es portadora de la enfermedad y su hermano, que trabaja en la ONCE, hace años que la desarrolló. A ella se le manifestó hace seis años, cuando trabajaba en el colegio de la Escolanía de Lluc, adonde subía conduciendo cada día por esas carreteras sinuosas, y cuando acababa de apuntarse a oposiciones. Le tocó adaptar su vida (y solicitar las adaptaciones necesarias para, entre otras cosas, las oposiciones, que superó).

Estuvo trabajando en una escuela, pero sintió que se estaba quedando estancada y uno de sus lemas es ‘prohibido limitarse’: «Quiero tener muchas oportunidades de probar cosas». Brujuleó opciones, hasta topar con el colegio Gabriel Vallseca, que «más inclusivo no puede ser y más metodologías y proyectos no puede tener».

La hija del Principito también se encuentra con un piloto que ha sufrido una avería.  | M. MIELNIEZUK

La hija del Principito también se encuentra con un piloto que ha sufrido una avería. | M. MIELNIEZUK / Mar Ferragut

Allí lleva un año. Su labor en el centro (con alumnos de más de 40 nacionalidades y llegadas continuas de niños que desconocen las lenguas oficiales) se centra en mejorar la comunicación oral de los chicos, además de hacer tareas de mediación e impartir la asignatura de Valores.

Y la inclusión es ‘el valor’ en el Vallseca. No hay otra. Raza, nacionalidad, niveles de aprendizaje o de capacidad: gestionar la diversidad y la buena convivencia constituyen el pilar fundamental del centro.

Rocío trabaja el tema de la discapacidad visual con los alumnos. Les deja unas gafas especiales para que vean el mundo como ella y se hagan una idea de lo que es vivir en su piel. Les explica y enseña braille. Les muestra materiales adaptados que facilitan la vida diaria a las personas con discapacidad vital. «Todo eso les aporta muchísimo como personas», asegura.

Rocío Álvarez, maestra  de Pedagogía Terapéutica  del colegio Gabriel Vallseca de Palma.  | M.F.

Rocío Álvarez, maestra de Pedagogía Terapéutica del colegio Gabriel Vallseca de Palma. | M.F. / Mar Ferragut

Así surgió la idea de que la obra que los chavales del grupo de teatro iban a preparar para la Mostra de Teatre Escolar de Palma estuviera adaptada para personas ciegas. El colegio llevaba unos años sin participar en la muestra y este curso que se plantearon volver a las tablas con una obra muy especial escrita por la directora del colegio, Asun Gallardo, y que además tendría este plus: la podrían seguir personas con discapacidad visual.

Normalmente las obras se adaptan repartiendo unos pinganillos entre las personas que no pueden ver para que escuchen una descripción de lo que está pasando en la escena, más allá del diálogo de los personajes. Pero Rocío y Asun quisieron ir más allá, pasar de los pinganillos y que la audiodescripción fuera para todo el público. Y lo pensaron de tal manera, que la voz en off no resta ni molesta a los videntes: suma para todos.

«A mí no se me había ocurrido pensar cómo veían las obras las personas ciegas», admitía Ana, alumna de 1º de ESO: «Es un aprendizaje nuevo». Otro más, ya que con la obra, que narra la visita de la hija del Principito a la Tierra, estos 24 pequeños actores han interiorizado muchas cosas: de los riesgos del consumismo y el postureo en redes sociales a la necesidad de tener contacto humano y experiencias significativas.

La hija del Principito llora con el estado actual del planeta, pero el mensaje final es de esperanza: hay desastres e injusticias, pero también personas que luchan por mejorar las cosas. Como los alumnos del colegio Gabriel Vallseca con su obra por y para Rocío, y para todo el mundo.

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