Análisis

Fractura entre las dos derechas de Cort en el primer aniversario de la legislatura

Fulgencio Coll se impacienta con un Jaime Martínez al que acusa de ir por libre y de incumplir el acuerdo que les ata 

Fulgencio Coll y Jaime Martínez tras la investidura de hace un año.

Fulgencio Coll y Jaime Martínez tras la investidura de hace un año. / Guillem Bosch

Jaume Bauzà

Jaume Bauzà

La frase «socio de gobierno» escuece a algunos regidores del PP, que para marcar distancias con Vox enfatizan que lo único que les une a ellos es un «acuerdo programático». Como si fuera poco relevante un documento de 95 puntos de obligado cumplimiento por el que desfilan algunos de los grandes ejes de la acción de gobierno en materia de seguridad, vivienda, urbanismo y movilidad.

Antes de las elecciones que le condujeron a la alcaldía, Jaime Martínez prometió que gobernaría en solitario. Y después también, pese a que ya sabía que los números no le bastaban para tener una mayoría suficiente. Suficiente para ser investido, pero no para gobernar. Lo constató tras un inicio de mandato sembrado de votaciones perdidas, así que en septiembre abandonó toda esperanza y firmó el acuerdo programático que le ata a Vox.

Mañana se cumple un año de aquella investidura, cuando Martínez tendió la mano a todos los grupos políticos para buscar apoyos que le permitieran gobernar. Nadie en la izquierda se la cogió. Tampoco Vox. Fulgencio Coll anhelaba entonces un gobierno compartido, con regidores de su formación formando parte del equipo municipal. Al final él también tuvo que ceder y aceptó influir, pero desde fuera.

El acuerdo garantizó estabilidad a Martínez y peso específico a Coll en la toma de decisiones, lo que le ha permitido meter en la agenda el catalán, los toros, la seguridad ciudadana, la caza o los okupas. Pero han surgido grietas.

El alcalde fue por libre cuando anunció una batería de propuestas para limitar el turismo y, solo una semana después, la construcción de 1.200 viviendas que se destinarán a alquiler asequible. A Vox no le ha gustado ni el fondo de las propuestas ni las formas, y lo ha verbalizado : «Ha sido un año perdido, como socios estamos decepcionados», pronunció Coll el martes durante el debate del Estado de la Ciudad. La sentencia arrancó sonrisas satisfechas en la izquierda, pero sentó como una bofetada en el equipo de gobierno.

El último aviso

En Vox celebran este primer aniversario de la legislatura con enfado porque Martínez plantea propuestas de calado sin consultárselas. Y porque se alejan tanto de su vocabulario: límites al turismo, impuestos a cruceristas, alquileres sociales...

Coll siempre ha querido tener más influencia y aunque asumió que Martínez le cerrara la puerta del equipo de gobierno, no está preparado para aceptar que gobierne a sus espaldas. El último aviso llegó el miércoles, durante el debate de las propuestas posteriores al debate del Estado de la Ciudad. «Es un incumplimiento y el equipo de gobierno tenía la responsabilidad de cumplir con lo acordado», advirtió el regidor Ignacio Esteban a cuenta de la tardanza del Consistorio a la hora de ejecutar una rebaja de impuestos municipales que ambos partidos pactaron hace un año.

La impaciencia de Vox con el PP tiene múltiples vertientes y se ha acentuado coincidiendo con este primer aniversario —el 25% de la legislatura consumida— del que hace un balance «decepcionante». Además del tijeretazo fiscal aplazado a 2025, el partido de Coll no oculta su disgusto por la inacción del Ayuntamiento en vivienda, ámbito en el que no ha habido ninguna concreción.

Una inquietud que incluso ha llevado a Vox a poner plazos a Martínez para potenciar el castellano en la administración municipal o para abrir la Oficina antiokupación. Y que se ha traducido en reproches como «Palma sigue estando sucia» o «los ciudadanos siguen quejándose de falta de policías en la calle», especialmente dolorosos para un alcalde que siempre presume de haber destinado uno de cuatro euros a seguridad ciudadana.

Reparto del poder

El PP ha encajado con sorpresa el deterioro de una sociedad que dio a Martínez estabilidad y a Vox cuotas de poder más amplias de las que le habría correspondido con sus seis regidores. El equipo de gobierno renunció a su mayoría en las cuatro empresas públicas —EMT, Emaya, SMAP y la Empresa Funerària— para compartir el poder con sus socios. Un mes después Vox conquistó una nueva cima al duplicar su representación en PalmaActiva, el Patronato de la Vivienda, el Patronato d’Escoletes y el IME.

El año dos de la legislatura echa a andar con uno de los focos puestos sobre la maltrecha relación entre las dos derechas del Ayuntamiento de Palma. Martínez quiere mantener a Coll a una distancia prudencial, pero el general retirado quiere más acción. n

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