Opinión

Cort roba las plazas de Palma

Terrazas en la Llotja.

Terrazas en la Llotja. / B. Ramon

Matías Vallés

Matías Vallés

La semana anterior a las europeas, el ventrílocuo de Jaime Martínez le obligaba a pregonar el hundimiento de los cruceros, el derribo de las viviendas dedicadas a alquiler turístico y la orden de disparar sobre cualquier extranjero que arrastrara una maleta de ruedas. El lunes siguiente a las elecciones, el teórico alcalde ya decretaba al dictado 13 mil nuevas viviendas que los residentes asfixiados no puedan comprar. A continuación, Cort roba las plazas de Palma a los mallorquines. (No a los palmesanos, como pretenden los alcaldes independentistas de Sóller, Campos o Santanyí).

No se llama ampliación de terrazas, se llama angostamiento de plazas, antes de forzar a los indígenas a caminar en fila para que puedan ser agredidos con mayor eficacia por los patinetes que Cort no ha hecho nada por erradicar. Ha costado cierto esfuerzo expulsar a los mallorquines de los barrios donde se sitúan los espacios públicos ahora robadas por el consistorio, el paso siguiente consiste en que no puedan ni pisar la zonas privilegiadas de su ciudad. Todas las medidas adoptadas por el Govern, el Consell y el Ayuntamiento de PP/Vox tienen por objeto aumentar la saturación turística, consolidar la expulsión de los nativos al servicio de los depredadores que empiezan por incumplir la normativa de terrazas. Da igual, la bomba estallará en cualquier caso.

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