Después de dos años de pandemia el programa del Sant Sebastià popular —o alternativo— pudo celebrarse con normalidad, incluyendo un multitudinario y colorido encuentro de cofradías en la plaza Llorenç Bisbal. Incluso el tiempo fue el habitual en esta jornada, pero el frío y la amenaza de lluvia no alteró ningún plan.

«Estamos con mucha expectación porque después de dos años parados notamos que el espíritu de la fiesta ha revivido», decía a mediodía Lluís Mas, representante de la Obrería de Sant Sebastià, la entidad que aglutina a las más de cuarenta cofradías creadas en la ciudad en los últimos años en torno a la celebración de las fiestas del patrón.

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La cofradías reactivan con más fuerza el Sant Sebastià popular y alternativo G. Bosch

Las fiestas de las cofradías animaron la ‘revetla’ al margen del programa oficial desde el mediodía, cuando el rey emérito y Froilán encendieron el Sant Sebastià alternativo con el tradicional chupinazo en el balcón del bar España, antiguo Can Vinagre. «Corinna Larsen no ha podido venir», lamentó un hombre oculto tras una careta con la foto de Juan Carlos y ataviado con pañuelo de jeque árabe. Unas trescientas personas se agolparon frente al establecimiento de la calle Oms para brindar por la ‘revetla’ popular que organiza la Confraria de Sant Sebastià y que cuenta con un buen número de incondicionales.

A las 13:50 horas el cohete se elevó hacia el amenazante cielo para descorchar las fiestas alternativas, que cuentan con un programa al margen del oficial para celebrar al patrón de Palma durante una larga y festiva jornada.

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Sant Sebastià 2023 en Palma: El chupinazo en el bar Can Vinagre da inicio a la fiesta de las cofradías y al Sant Sebastià alternativo Guillem Bosch

Minutos antes del chupinazo hubo tiempo para la parodia. «Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación», pronunció desde el balcón Manolito, a quien la cofradía de Sant Sebastià quiso promocionar como candidato a alcalde. «Entre [José] Hila y Manolito, ¿a quién votarais?», preguntaron desde Can Vinagre. «¡A Manolito!», gritaron los asistentes, entre los que estaba el verdadero Hila.

Compartieron balcón con la figura del trompetista negro que decoraba el Café Lisboa, mítico bar de Santa Catalina que acaba de echar el cierre.

«Esto empezó con cuatro amigos y se ha ido haciendo cada vez más grande. Todo el mundo viene aquí, pero lo disfruto mucho», celebró Mateu Martorell, propietario de Can Vinagre y «l’amo de la festa».

Las cofradías volvieron a encontrarse en la plaza Llorenç Bisbal. | G. BOSCH

Por la tarde la plaza Llorenç Bisbal se llenó en el encuentro de las cofradías, que pudo celebrarse sin restricciones dos años después. La plaza fue una pista de baile mientras las cofradías anudaban los pañuelos que las distinguen en el brazo incorrupto de Sant Sebastià.

La festividad alternativa también pudo volver a recrear el pulso entre la peste, representada por un estandarte, y la réplica del brazo del santo.

Dominaron los estandartes, símbolos y santos de las diferentes agrupaciones, un fenómeno que ha crecido al calor de la fiesta del patrón y que se ha reactivado con fuerza después de la pandemia. Mientras, en las plazas cercanas empezaban a encenderse las torradoras y en los escenarios se ultimaban los últimos preparativos para acoger diferentes conciertos.

«Antònia Fons públics», ironizaron durante el pregón previo al chupinazo de Can Vinagre en referencia al coste que ha asumido Cort para contratar al popular grupo Antònia Font.

Tanto el encuentro de cofradías como la posterior Revolta Llongueta, convocada por Orgull Llonguet a partir de la medianoche, han sido declarados de interés municipal por el Ayuntamiento. Superado el paréntesis de la pandemia, el programa alternativo volvió con más fuerza y consolidado en el calendario del patrón.