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Diario de Mallorca

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El Amanecer: el barrio sin servicios básicos que sigue creciendo en Palma

La población del Amanecer y l’Oliverar no para de aumentar pese a la escasa actividad comercial de la zona

La zona está repleta de promociones de obra nueva. GUILLEM BOSCH

Hay poco que hacer. En el barrio de El Amanecer las horas pasan lentas y las calles parecen siempre la misma. Dos amigos matan el tiempo mientras merodean por la zona. Una señora pasea a su perro sorteando las aceras cubiertas de polvo por las obras. Asomada en la ventana de un nuevísimo bloque de viviendas, una joven tiende la ropa al sol. No hay mucho más atisbo de vida que ese. Vecinos a cuentagotas y algún que otro coche.

No lo parece porque está lejos de ser el gentrificado epicentro de Palma, pero El Amanecer y su contiguo l’Olivera, más allá del parque de la Femu y el Conservatorio, están en fase de plena expansión. Poco después del confinamiento en 2020, las grúas empezaron a llenar los solares vacíos de esta zona y tras dos años, muchos de estos edificios ya albergan habitantes.

L’Olivera, situado entre El Amanecer y Son Oliva, hasta ahora el gran desconocido del distrito Norte de Palma, ha hecho el agosto de promotoras e inmobiliarias con la reserva de suelo residencial más importante de la ciudad. Durante estos años, las agencias tienen previstos más de 600 nuevos hogares, algunos ya construidos, vendidos y habitados.

A quince minutos

Mientras la zona asume cada vez a más vecinos, el tiempo pasa y los dos barrios siguen ofreciendo el mismo panorama; una actividad comercial nula. No hay apenas restaurantes, tiendas o cafeterías, aunque sí hay hileras de locales comerciales vacíos. El Mercadona y el Eroski del Conservatorio en el límite de la barriada, el Agromart y algún que otro pequeño negocio, como un taller mecánico o un centro de veterinaria, dan un respiro a esta escasez de actividad.

Los equipamientos municipales, salvo el pabellón de Son Ferragut, también brillan por su ausencia. Y de los siete ‘casals’ de barrio que gestiona el Ayuntamiento en el norte de Ciutat, ninguno está en estos barrios. El más cercano es el de Can Alonso, cerca de la Plaza de Toros, a unos quince o veinte minutos andando.

Los residentes del Amanecer y l’Oliverar están acostumbrados a peregrinar en busca de una barra de pan, un cajero automático, un estanco o incluso una farmacia o un centro de salud, en el peor de los casos. En función de dónde estén censados, les corresponde o el de Arquitecte Bennàssar o el de Camp Redó, también a unos quince minutos a pie del corazón de este núcleo residencial en el que tampoco hay infraestructuras sanitarias.

Ya lo decían los expertos en desarrollo urbanístico, en una propuesta que hasta Cort ha incluido en su Plan de Movilidad Urbana: los barrios del futuro tendrán el 80% de los servicios básicos a 15 minutos a pie. Aunque en El Amanecer y l’Oliverar se ha exagerado sin quererlo.

Oportunidades de negocio

Por no tener, no tienen ni asociación de vecinos. La que había se cerró hace unos años y ahora la voz de estos residentes se llama Mercedes Lorca, una de las vocales de la Asociación de Vecinos de Can Capiscol-Son Busquets: «Me encargo de pasear por los barrios colindantes al mío, entre ellos la zona del Amanecer y l’Oliverar, fotografío los desperfectos que veo y los notifico a la Oficina del Distrito Norte», explica.

Lorca, que conoce cada recoveco de la zona, confía en que «dentro de uno o dos años» la fisonomía del sitio habrá cambiado por completo: «Ahora no hay nada», admite, «pero hay muchos locales comerciales que en el futuro pueden convertirse en farmacias, restaurantes o tiendas, porque el barrio está creciendo muy rápido».

De hecho, para la representante, el barrio está plagado de oportunidades de negocio esperando a que alguien las explote: «Habrá cada vez más vecinos que demanden servicios. A nada que se abra una tienda, habrá mucha clientela porque todos se concentrarán allí», considera.

En cualquier caso, de momento, explica Lorca, «para todo tienen que desplazarse». «El problema no es que los servicios queden realmente lejos, porque en Son Oliva o Cas Capiscol tienen todos lo que puedan necesitar, sino que tienen que salir de su barriada para hacer casi cualquier cosa», indica.

Un ejemplo son los centros educativos; aunque no hay colegios ni institutos en el interior de la zona, sí los hay en las inmediaciones, como el de Son Oliva, el Pío XII o el IES Madina Mayurqa, señala la vecina, que también considera que hacen falta más frecuencias de autobuses que se adentren en el núcleo.

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