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Diario de Mallorca

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Opinión

Hila quiso hacer el Pride de Vivas hasta el último momento

Tras el delirante comunicado de la exregidora todos sabíamos que el Orgullo no iba a celebrarse, menos el alcalde. Hubo de intervenir el Consolat de Mar, con Mercedes Garrido como intermediaria, para poner fin al sainete

A José Hila le faltan oídos para escuchar los decibelios de protesta que emiten los vecinos hartos de que las calles de Palma se hayan convertido en un gran parque temático entregado a hacer caja con el turismo. El fenómeno se extiende como una mancha de aceite. Donde los demás ven un hurto y una mercantilización del espacio público, él simplemente distingue una «zona de moda» de la ciudad. Alegría aséptica, inocua. Por desgracia, no se ha enterado de nada. Por eso le gustaba y mucho el megasarao de la Pride Week de Vivas y Hansen en sa Feixina y su intención prácticamente hasta el final era que se celebrara el evento volcado en captar turismo LGTBI. El alcalde quería que tirara hacia delante incluso sabiendo que estaba ante un programa en el que aparecía el nombre de la ex de Vox Malena Contestí y según el cual iban a celebrarse actividades presentadas bajo un envoltorio pseudocientífico. ¿Alguien se leyó esa programación antes de publicarla? Y qué más da. A Hila sólo los visos de que el festival fuera a reunir a miles de personas ya le iba bien. Encaja en el modelo de ciudad que tiene en mente. Aquel en el que los vecinos son unos quejicas muy pesados que no dejan hacer nada ni vivir a los demás. «Les molesta hasta que la gente pasee por la calle», se refirió a los residentes de Santa Catalina, que fueron los que destaparon la caja de Pandora de los problemas de Ciutat y quienes probablemente le harán perder las elecciones. Ahora mismo Hila recuerda irremisiblemente al último equipo de gobierno del PP en Cort, con Isern a la cabeza, cuando celebraba que el Village del Club Náutico durante las regatas de agosto cerrara literalmente con vallas sa Feixina para montar una discoteca y bares de copas al aire libre. «Es un buen proyecto para que Palma sea un indiscutible escaparate promocional». ¿De qué alcalde es en realidad esta frase? Tanto monta, monta tanto.

Tras el delirante comunicado de Sonia Vivas, todos sabíamos que el Pride no iba a celebrarse, menos el alcalde. Hubo de intervenir el Consolat de Mar, con Mercedes Garrido como intermediaria, para hacerle llegar el mensaje al edil: la exregidora no podía aguantar más tiempo en el equipo de gobierno y el Pride no se hacía. Punto. Tal y como relatan diversas fuentes, en el Ayuntamiento y en alcaldía hacía ya algún tiempo (antes de toda la polémica del Orgullo) que se daba por sentado que Vivas abandonaría Cort. De hecho, se comentaba que iba a renunciar justo después del evento. Los motivos: la reincorporación de una funcionaria de su área que había sido apartada de su puesto supuestamente por la exconcejala por falta de confianza y que había ganado el contencioso administrativo que interpuso, y el fichaje de Vivas por parte de una productora que trabaja a nivel nacional. Ante la oportunidad de esta salida laboral, hay quien asegura que a la exregidora no le quedaba más remedio que entregar el acta a Cort, «no podía exponerse, ante sus planes futuros, a que se la tildara de tránsfuga». Vivas siempre quiso ser un verso suelto, pero no le salió bien. Tuvo enfrentamientos continuos, se aisló, llevaba más de un año sin hablarse con su compañero Alberto Jarabo. Se empecinó en celebrar el Pride a su manera y sin un concurso público. Hubo una gran cantidad de correcciones administrativas durante el proceso «porque el inicio fue desastroso», aseguran fuentes municipales. Hasta se creó una comisión técnica ex profeso para el festival. Nadie escuchó las advertencias de Ben Amics. El evento debía salir adelante. Contaba con el beneplácito del alcalde.

A estas alturas de la película, Hila ha de escuchar urgentemente a los vecinos de Palma y actuar. Están desgañitados de tanto gritar por sus derechos sociales y ambientales. Por su salud. Hay nueve entidades que desearon reunirse con él hace dos semanas por problemas relacionados con la turistización de la ciudad, pero él no acudió «porque no estaba convocado». Ayer se originó un nuevo foco en el incendio: los residentes del barrio de la plaza de toros le pidieron cancelar todos los conciertos del coliseo tras la avalancha con más de treinta estudiantes heridos -todos en viaje de estudios- en un festival de reguetón. Lo único que escucha Hila son las engañosas sirenas del monocultivo turístico, aunque ni él mismo sea consciente.

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