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Diario de Mallorca

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Pensar, compartir...

Mis discrepancias con algún sector LGTBI

Krystin Hansen, en el centro, de pie, junto a Sonia Vivas. J.F.M.

Parece que el regidor Alberto Jarabo tuvo un arranque de lucidez cuando, hace unas semanas, quiso asegurarse de que todo estaba en orden en esa propuesta controvertida de ceder espacio público a un festival capitalizado por empresas relacionadas con productos específicos LGTBI, ya sean del sector turismo, médico, ocio... y ahora sabemos que inmobiliario. Una gran fiesta con muchos eventos organizada por la regiduría encabezada por su compañera de partido, Sonia Vivas. Jarabo quizás quiso valorar las previsibles consecuencias del consumo de alcohol, aglomeraciones, ruido y molestias varias que se iban a provocar en el barrio más desesperado de nuestra ciudad por la violación continua de su descanso: Santa Catalina. Puede ser que tuviera más dudas, aunque no lo sabremos.

Pero esa lucidez fue segada de raíz por el alcalde que, ante las amenazas de Vivas de dejar la regiduría - que conste que nunca dijo que fuera a abandonar su acta -, optó por sostenerla y no enmendarla. No era cuestión de poner en riesgo la mayoría municipal, debió pensar Hila. Hacer quedar a otro edil y portavoz como un cero a la izquierda era lo de menos.

Pero tiene suerte Jarabo de no haber estado en la foto imperialista de las escaleras de Cort, con una empresaria alemana que ha insultado, dice que sin querer, a las lesbianas y a la ciudadanía de Mallorca en general, y además ha aleccionado a los propietarios de locales sobre las bondades de vender sus casas a gente extranjera siempre que sean gays, lesbianas o de otras variantes de género incluidas en las siglas de la regiduría de Sonia Vivas. Gente culta y con gusto, toda, y cosmopolita, parece que no como la gente hetero.

Reivindicar las causas justas ha ayudado a avanzar y pacificar una sociedad en general reticente y hostil a todo aquello que no cumple con los baremos considerados normales. En materia de identidad sexual en Mallorca hace ya muchísimos años que mujeres y hombres, homosexuales o no, viven con bastante libertad sus gustos, amores e intimidades. Quien más quien menos tenemos amistades gays, lesbianas o trans, y ni nos acordamos de ese hecho cuando estamos en su compañía, porque la normalidad es precisamente eso, no tener siempre presente las diferencias individuales, sino que las tenemos aceptadas e interiorizadas.

A mí me importa poquísimo con quien se acuesta cada cual o por quién beben los vientos. Ahí me atrevo a meter hasta al rey emérito, del cual no tengo ningún interés en conocer sus placeres personales. Ni los de ningún regidor o regidora municipal, por cierto, aunque a alguna le guste airearlo.

Creo, de verdad, que con tanto toquetear las diferencias y las compartimentaciones sexuales, hay quien se está pasando bastante, confundiendo a la gente y en algún caso imponiendo ideologías hasta el punto de coartar las libertades públicas. Y eso me preocupa.

Como mujer feminista llevo toda la vida pregonando la des-sexualización del lenguaje y de los comportamientos. Mis gustos y placeres los vivo en la más estricta intimidad con quien yo quiero y eso es lo que me hace sentir realmente libre. A nadie le importa si soy hetero o lesbiana, ahora bien, que tengan claro que soy binaria, muy binaria como probablemente todos ustedes.

Respecto a la deriva que está tomando la propuesta de ley trans encabezada por Podemos y su ministra, solo puedo advertir sobre el efecto boomerang negativo que se está gestando. Esa mujer y sus allegadas en las distintas comunidades son capaces de acabar con la libertad de expresión, con el Feminismo y con la gran normalización que se había ido consiguiendo en materia de identidad sexual, y además, de camino, llegarán a confundir a muchos niños y niñas con sus extraños mensajes que ya están llegando a las escuelas.

Cuidado, porque tirar tanto de la cuerda es peligroso. Y la muestra la tuvimos hace unas semanas en nuestra universidad, cuando con actitudes hostiles hasta poner en peligro la seguridad, se impidió la presentación de un libro. En Barcelona la misma ideología amenazó con quemar la librería en que se presentaba el mismo texto. Si quemar libros es la nueva libertad, que con su pan se lo coman, porque a mí y a mucha gente más nos encontrarán siempre en la acera de enfrente.

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