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Relevo generacional en Piña Grau: «Ha llegado la hora de abrir una tienda ‘online’»

Carol Fuster y Toni Grau, la tercera generación que se pone al frente de la emblemática joyería palmesana, aseguran que mantendrán la tradición

La tercera generación toma el relevo en la joyería más emblemática de Palma, Piña Grau

La tercera generación toma el relevo en la joyería más emblemática de Palma, Piña Grau B. Ramon

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La tercera generación toma el relevo en la joyería más emblemática de Palma, Piña Grau M. Elena Vallés

En el taller de Piña Grau se siguen fabricando las joyas a mano. En el local de la calle Sant Bartomeu de Palma (también hay tienda en la vía Colom) aún es posible ver a los artesanos ensamblando las piezas, dándoles forma, bajo lupas y lámparas que iluminan la zona de trabajo. El peso de casi 71 años de historia se respira en la fábrica. Pero los aires nuevos también se notan y son compatibles con tanta tradición.

Toni Grau (35 años) y Carol Fuster (47), ambos gemólogos, son ahora la tercera generación al frente de la firma nacida en 1951. «No empezamos de cero porque la incorporación a la empresa ha sido progresiva y siempre estás rodeado de gente con experiencia», explican. Carol lleva ya 17 años con las riendas del negocio. Dio el salto tras el fallecimiento de sus padres. «Yo siempre he estado en la joyería, cuando era pequeña y salía del colegio ya venía aquí y me ponía a hacer los deberes en la trastienda», relata la también tasadora de Piña Grau. Toni también se formó desde abajo. «Hemos pasado por todos los departamentos: compostura, taller, ventas, contabilidad, brillantería, almacén y luego gerencia», enumera. «Empecé a los 18 y decidí enfocar mis estudios y mi carrera a esto. Comencé en ventas y hace seis o siete años pasé a brillantería. Luego hice un pequeño parón y me fui a Madrid a coger perspectiva y a aprender a nivel empresarial», narra. A su regreso, a las puertas de la irrupción de la pandemia, los padres de Toni decidieron dar un paso atrás para que su hijo cogiera impulso. 

Carol Fuster y Toni Grau, frente a la joyería Piña Grau. B.RAMON

Tanto Carol Fuster como Toni Grau respetan mucho la tradición de la empresa familiar. «Pero todo el mundo reconocerá que la sociedad está cambiando, por eso vamos a adaptarnos a los tiempos actuales», sostienen. «¿Vamos a modernizar cosas? Sí, pero manteniendo también lo clásico. Nosotros no vamos a abandonar la parte artesanal del negocio. Aquí tenemos a maestros artesanos como sacadores de fuego, engastadores, grabadores y pulidores», señalan. Todos ellos son imprescindibles para la fabricación de estas joyas tan queridas por los mallorquines. En todo el negocio, son 26 trabajadores. «Antes de la covid éramos menos, ahora somos más, hemos contratado a más gente para poder llevar a cabo y desarrollar el plan que estamos diseñando», dicen. «Es un buen momento para generar marca y hacer algunas campañas de marketing también. Nosotros estamos actualizados en tema de género, tenemos joyas actuales y nuestra gran apuesta inminente es la venta online. Vamos a potenciar lo que somos, darnos a conocer y dar el salto a internet para poder salir fuera de Mallorca», expone Toni, quien sostiene que la empresa está en el momento óptimo para hacerlo. «Es cierto que ahora mismo tenemos clientes peninsulares y también extranjeros que viven aquí o veranean, pero ahora tenemos la capacidad como joyería de servir grandes cantidades en cualquier parte del mundo», asegura. «Empezaremos con la venta online en España, no vamos a correr con ello, pero podría ser una realidad a finales de este año o a principios del que viene».

Taller de Piña Grau. B.RAMON

El mantra de Piña Grau es hacer el trabajo con las técnicas de siempre, pero los actuales propietarios y gerentes son conscientes de que para crear ciertas piezas modernas, por ejemplo, aquellas que son más arquitectónicas y de formas complejas, es preciso emplear nuevas tecnologías como láser, prototipado o diseños por ordenador. «Hay piezas que es imposibles hacerlas a mano o que simplemente fabricarlas artesanalmente resulta extremadamente caro», señala Toni Grau. «Por eso, nosotros hacemos un trabajo tradicional apoyado en estas nuevas tecnologías cuando es preciso», añade.

Los diseños actuales también van ingresando en los catálogos de la marca. «Mi hermana, Belén Grau, de 26 años, es artista y también diseña joyas. Yo mismo también lo hago. Y hay un tercer diseñador. Estamos todos al día sobre las tendencias de moda», confiesa Toni, cuya intención es destacar en el mercado con un producto propio muy competitivo. «Rara vez trabajamos con otras firmas».

Otra de las novedades que van a incluir en la empresa es la creación de una línea de joyas fabricadas en plata dorada, «que es menos pesada que el oro y te permite hacer piezas más grandes, que están muy de moda entre la gente joven. Si compran una pieza nuestra, se están llevando una joya, no es bisutería, y hacen una inversión», refiere. 

Uno de los fuertes de Piña Grau es que los profesionales que venden el producto saben enumerar a la perfección sus cualidades y facetas técnicas, así como los pasos a seguir para su mantenimiento. «Hay honestidad hacia el cliente, lo que buscamos es fidelizarlo y que esté contento. Lo que no pretendemos es vender a toda costa».

«No somos bodas y bautizos»

No hay mallorquín que no tenga una joya de Piña Grau en casa, ya sean unos primeros pendientes o el regalo de la comunión o los anillos de boda. «Esto ha sido así, pero aquí tenemos de todo, y estadísticamente esas celebraciones han bajado muchísimo. Aquí a lo que nos dedicamos sobre todo es a la brillantería y la joyería diaria», subraya Toni. «Aquí ya no vivimos de las bodas, bautizos y comuniones. Quien nos conoce sabe que tenemos de todo y desde cosas asequibles hasta lo que te quieras gastar, siempre con la mejor calidad». 

Lo que también ha subido mucho desde la pandemia es la venta de lingotes de oro y de plata, «el oro siempre es una inversión, un valor refugio, y son operaciones que no llevan IVA».

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