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Un exjugador de apuestas: «Lo peor no es el dinero que pierdes, sino lo que el juego hace con tu vida»

Dos personas que han superado su dependencia previenen contra una adicción «equiparable a la heroína en los años 80» - «Crees que lo controlas y cuando te das cuenta estás en un pozo», dice Ignacio

Los jueces exigen seguridad en los salones donde se realizan apuestas.

«Mi problema fue con las apuestas deportivas. En 2012 sufrí una mala situación laboral y empecé a apostar para sacar un dinero extra. Los primeros años se me daba bien. Es un tópico, pero creía que lo tenía perfectamente controlado. Los primeros tres o cuatro años ganaba dos o tres mil euros. Incluso me puse unas normas y si perdía más de la cuenta me autobloqueaba unos días. Así me convencí de que lo tenía todo bajo control, que es lo que piensan todos los jugadores, aunque la realidad es que no tenemos ningún control».

Ignacio (nombre ficticio) ha recibido el alta en Juguesca, asociación que desde hace casi treinta años trata a personas que se han asomado al abismo por culpa del juego. Las apuestas online, que han disparado las adicciones sobre todo entre los jóvenes, le llevaron a una situación límite.

«A raíz de una pérdida familiar muy importante mi pareja cayó en una depresión. Eso vino acompañado por un problema económico, así que pensé que si echaba más horas en las apuestas iba a poder tapar el agujero. Ahí empezó el problema. Pierdes mil euros y recuperas quinientos. Y en lugar de conformarte, sigues para recuperar los otros quinientos. Hay muchas subidas y bajadas, y cuando te das cuenta estás en un pozo», explica.

Han pasado casi cinco años desde que Ignacio empezó la terapia y subraya que su vida ha dado un giro de 180 grados. Todavía se está recuperando de la deuda con la que cayó a aquel pozo pero, enfatiza, lo importante es lo que ya ha recuperado a nivel personal. «Mi agujero económico se habrá ido sobre los 90.000 o 100.000 euros. Eso me ha generado muchos problemas», señala. «Pero me he reafirmado con mi pareja y me conozco mucho más a mí mismo. La mía es una historia que dentro de lo que cabe ha tenido un final bonito, pero otros casos no se recuperan económicamente, y tampoco tienen el apoyo de su familia y acaban en suicidio», destaca.

Y advierte sobre un mundo que ha conocido muy bien: «Es equiparable a la heroína en los años 80. Es tan fácil hacerse una tarjeta de recarga de dinero que veo a una generación de gente perdida. Los anuncios me enervan porque sé que está destrozando un montón de vidas».

Las adicciones que surgen de las apuestas online conviven con otras que se remontan a décadas atrás, como las ocasionadas por las máquinas tragaperras. Manuel (nombre ficticio) también tiene el alta en Juguesca. La terapia ha reconducido su vida después de más de quince años jugando a las máquinas tragaperras. «Empiezas jugando tonterías. Echabas una moneda y tenía premio. Otro día echaba otra y más premios. Y vas gastando cada vez más dinero, hasta el punto de que ya no lo controlas. Yo salía prácticamente todos los días, aunque cuando más ganas tenía de jugar era por las noches», recuerda Manuel, cuya adicción convivía con un trastorno de salud mental.

Repartía su tiempo entre bares y salones de juego. «Mi salud mental no estaba bien. Invertía muchas horas en jugar y descuidé la medicación y la alimentación porque siempre estaba jugando o pensando en jugar. Una noche llegué a gastar cerca de mil euros», explica Manuel, que ha llegado a la misma conclusión que su compañero: «Lo peor no es la cantidad de dinero que pierdes. Es lo que el juego hace con tu vida».

«A quien empieza a jugar, le digo que no lo haga», enfatiza Ignacio. «Cuando pierdes, la casa de apuestas se ríe. Pero cuando ganas se ríe más porque lo reinvertirás multiplicado por dos», previene.

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