En el barrio de Nou Llevant, en el tramo de la Avinguda Mèxic que va de las calles Puerto Rico a Ciutat de Querétaro, el ambiente está dominado por los ruidos de las grúas, las hormigoneras y los martillos neumáticos que marcan el ritmo frenético de seis grandes promociones de viviendas en construcción. Pero desde hace dos años también hay algo más: el jardín de los dragones al que ha ido dando forma con mucha paciencia y dedicación el jardinero Juan Cervera, con la colaboración imprescindible de su compañero Rafa Joya, empleados de una contrata privada de Parcs i Jardins que trabaja para el ayuntamiento de Palma.

El resultado no es una zona verde al uso, sino un motivo para detenerse, un catálogo de poda ornamental o arte topiario, con pasillos interiores y recorridos para paseantes. Entre plantas y arbustos modelados con minuciosidad y tijera de jardinero, se exhibe todo un bestiario vegetal.

En el jardín hay una cabeza de serpiente con su cuerpo ondulante de lentisco, dos cabezas de dragón en reposo y enormes peces con la boca abierta que parecen salir a la superficie desde el mar de tierra donde hunden sus raíces. También se puede descubrir un corazón roto, una gran estrella de formas redondeadas y un seto con el emblema de los Juegos Olímpicos

«Realizo este trabajo porque me gusta. Y, la verdad, me siento muy agradecido cuando la gente me felicita», explica Juan Cervera. «Aunque me ocurre un poco como a Joan Miró», bromea. «Cada persona me dice que ve animal distinto en mis dragones: unos ven salamandras y otros incluso cerdos», sonríe. «Supongo que depende de la perspectiva, la imaginación y la mirada de cada uno».

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Las imágenes del jardín de los dragones de Nou Llevant Miguel Vicens

Cervera explica que las formas se las sugiere la propia planta o arbusto, bien por su crecimiento natural o porque fueron víctimas de actos vandálicos o mutilaciones. «Veo la forma del seto y me sugiere la idea de la poda», explica, mientras señala uno de sus proyectos en curso: una serpiente con la boca abierta que amenaza a un ratón asustado. «Por ejemplo -continúa- esa fitolaca del extremo la estoy podando para que cuando crezca adopte una forma de medusa, con la copa elevada y redondeada recreando el cuerpo y algunas ramas más alargadas saliendo hacia abajo como tentáculos», explica «Pienso dedicar esa zona a animales marinos», descubre. «O esa cabeza de pez del otro lado, un proyecto de tiburón, aunque para eso necesito que la planta crezca y se una con otra posterior para rematarle la cola», detalla. «Con la buganvilla que crece al lado recrearé las olas del mar rompiendo», imagina el jardinero, que en su recorrido por la zona verde señala otro proyecto al que ya ha dedicado muchas horas: «Es una dragón de tres cabezas, pero todavía tiene que crecer un poco más para lograr su forma adecuada. Y en esta zona del jardín el crecimiento es un poco más lento por las sombras de los árboles», observa.

"Hago este trabajo porque me gusta y me siento agradecido cuando la gente me felicita", declara el jardinero

Hace dos años y por propia iniciativa, los jardineros que mantienen la zona propusieron a Cort empezar a trabajar la poda ornamental en los jardines, con la figura del dragón como tema principal. Y hoy, después de muchas horas de trabajo, los resultados han dado una personalidad propia al conjunto. «Yo soy un simple jardinero. Nunca se me ha reconocido», señala Juan Cervera. «Por eso los comentarios de la gente que pasa por aquí me hacen sentirme feliz», reconoce. «Esto lo puede hacer cualquiera», dice quitándose importancia. Y añade rápido: «Siempre que tenga un poco de idea y práctica», reconoce.

La poda ornamental o el arte topiario surgió en la antigua Roma y tiene su expresión más sobresaliente en los jardines de Versalles. Utiliza generalmente plantas y arbustos de tronco leñoso, hoja perenne y tupido follaje para crear formas escultóricas con especies que se adaptan bien al modelado, como el boj, la murta, el ciprés, el lentisco, el acebo o el romero.

En el jardín ornamental de Nou Llevant hay formas acabadas utilizando el tupido y espeso lentisco y otras que todavía están en proceso, con algunos remates de bignonias que, ante la ausencia de muros, trepan por troncos de madera y con sus flores dan un toque de color al verde del conjunto.