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Fallece a los 84 años Sebastià Camps Perelló, propietario del histórico Forn de la Glòria de Palma

El funeral se celebrará el viernes a las 19.30 horas en la iglesia de la Santa Creu - Fue un gran aficionado al baloncesto y en los años noventa llegó a patrocinar al Bàsquet Inca

Sebastià Camps Perelló, en el centro, con sus hijos Sebastià y Xisca

Sebastià Camps Perelló, en el centro, con sus hijos Sebastià y Xisca

Sebastià Camps Perelló, propietario del histórico Forn de la Glòria, ubicado en la calle del mismo nombre del barrio de la Santa Creu de Palma, falleció el martes en Palma a la edad de 84 años. El funeral en su memoria se celebrará el viernes, 1 de octubre, a las 19.30 horas, en la parroquia de la Santa Creu.

Sebastià Camps compró el horno a su antiguo propietario en 1973, un negocio en el que empezó a trabajar cuando solo contaba con 14 años de edad. El Forn de la Glòria abrió en su actual ubicación en 1903, pero es mucho más antiguo. Según algunas fuentes, sus orígenes se remontan al siglo XIII y podría ser el más antiguo de Palma, aunque Zaforteza Musoles lo data en el año 1717. Su anterior ubicación correspondería al de la antigua galería Ferran Cano de Palma, en el número 12 de la calle Forn de la Glòria.

“El pan canta”, exclamaba Sebastià Camps mientras golpeaba con sus nudillos la corteza de un enorme pan payés mallorquín. “Tiene que cantar", insistía en un reportaje con este diario en 2017. “Si no hace este ruido, no está cocido como toca”, expresaba con la experiencia de quien estuvo más de medio siglo al frente del histórico horno mallorquín.

Sebastià Camps tenía claro cuál era la clave del éxito del negocio. "La gente sabe dónde se hacen bien las cosas y dónde no. Ya no preguntan cómo lo elaboras ni la materia prima, y no saben tocarlo para que cante, pero sí se han enterado de que el pan de los hipermercados o las gasolineras ha sido precocido a lo mejor hace 15 días y le añaden productos que aquí no ponemos". "Nosotros lo hacemos como toda la vida. No hay más historia", resume.

La gente sabe dónde se hacen bien las cosas y dónde no. Ya no preguntan cómo lo elaboras ni la materia prima, y no saben tocarlo para que cante. Nosotros lo hacemos como toda la vida. No hay más historia

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Era 1958 empezó a trabajar en el Forn de la Glòria, regentado por su prima, Catalina Palmer, y su marido, Baltasar Covas. Los comienzos como mozo tras haber trabajado en uno de los tres bares del campo de fútbol del Real Mallorca y en una fábrica de pianos que había junto a la plaza de los Patines eran recordados por Sebastià Camps con una cierta nostalgia. "Llevábamos los panes en un saco, a pie o en bici. Había seis bicicletas para los recados y hasta siete horneros". Los pedidos eran continuos y uno que suele contar como anécdota es cuando tuvo que llevar "mil pasteles" a una casa del barrio. "Eran otros tiempos", en los que repartían los productos en la llamada barca de hornero, una caja de madera que medía "ocho palmos de largo por cuatro de ancho" y era cargada encima de la cabeza.

Rememoraba que, "antes de que un motor hiciese el trabajo, había una caldera de más de dos metros de diámetro donde se echaba el agua, la harina y lo necesario para hacer el pan, y se prensaba con los pies", como se hacía con la uva para el vino. Llegó a conocer este sistema, pero no lo utilizó.

Sebastià Camps Perelló fue también un gran aficionado al baloncesto. Y en los años noventa estuvo ligado al Bàsquet Inca como patrocinador.

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