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Pensar, compartir... | La apisonadora de Cort

La realidad, en Nuredduna, es que se han subido a la apisonadora aplastando los derechos de la ciudadanía.

Por un periodo de tiempo breve, hace unos años, conseguimos parar la demolición de Can Bibiloni, un edificio industrial de Gaspar Bennàssar situado al principio de la calle Aragó. Ya que durante unos días no pudieron meter las excavadoras, los máximos responsables de la obra de lujo que pretendía sustituirlo ordenaron destruir uno a uno todos los interesantes detalles ornamentales de la fachada, algunos hechos sobre piedra de marés. En un momento desaparecieron los relieves trabajados, las esferas decorativas, las decoraciones de frutas, el frontón rematado con dibujos geométricos, el nombre del edificio y la fecha de la construcción, que era tan visible: 1928. «Así no quedará nada para salvar», debieron pensar.

Está claro que una vez eliminados esos detalles los valores históricos de su estructura y de su singularidad quedaban casi intactos, pero aquellos profesionales se creyeron muy listos. Para la historia y para su currículum queda ese acto terrible que les desprestigia. Lo cierto es que ellos finalmente consiguieron borrar del mapa Can Bibiloni y vender los pisos a precios astronómicos. En la vida y en las películas hemos aprendido que no siempre ganan los buenos. La pérdida de Can Bibiloni es una, destacada, entre tantas que lamentar.

He recordado ese triste episodio porque han empezado las obras de Nuredduna en la semana de vacaciones estivales por excelencia, adelantando la fecha prevista. Nuestros gobernantes municipales están orgullosos de haberse saltado las normas de participación, perjudicar al transporte público, imposibilitar para el futuro la creación de un eje cívico completo y homogéneo en Pere Garau y favorecer la gentrificación de la parte más rica tratando al resto del barrio como de tercera categoría, que para algo son más pobres. Nuestros próceres pretenden empezar por inutilizar el túnel de acceso rodado. «Así garantizamos que no hay vuelta atrás», deben tramar. Caray, qué coincidencias con aquellos que punzón y martillo en mano destruían los relieves de Can Bibiloni. El fin justifica los medios, deben pensar en ambos casos.

Los tres partidos que gobiernan en Palma: PSIB-PSOE, Més y Podem están llevando adelante su proyecto sin cambiar ni una coma de lo que, sin consultar a nadie, propusieron hace un año. No han mirado a derecha ni a izquierda como si fueran burros con orejeras. Han traicionado a muchos de sus votantes -entre ellos a mí, lamentablemente- y con mentiras, ocultaciones y gasto de dinero público, mientras caminan airosos hacia las próximas elecciones. O eso creen.

Originalmente el edificio de Can Bibiloni también daba a Nuredduna. Allí hubo hasta hace unos años la fachada industrial y el gran portal de los talleres originalmente de motocicletas y durante bastante tiempo las cocheras de los autocares Musa.

Curiosamente se cierra el círculo de la asociación de ideas al constatar que la especulación, la gran beneficiada del proyecto de Cort, hace subir aún más los precios de los pisos que quedan por vender del caro edificio de aquellos promotores insensibles. A 1,8 millones se vende el ático. Vaya hombre, siguen ganando los que no son los buenos y sus congéneres.

¿Y qué pasa con el tráfico de Nuredduna? No desaparece, únicamente se desplaza a otras calles alargando el recorrido en 630 metros más y consumiendo mucho más combustible. Vaya ecologismo de pacotilla el de esta gente.

Llegaron a la política hablando de consenso, diálogo y participación, de escuchar a las personas y de ser humildes. La realidad, en Nuredduna, es que se han subido a la apisonadora aplastando los derechos de la ciudadanía. Hacen justo lo contrario de lo que prometieron.

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