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Pensar, compartir... | Silencio, respeto, civismo

Silencio, respeto, civismo

Silencio, respeto, civismo

Tengo amigas y amigos en Santa Catalina. Algunos fueron parte de la campaña Salvem Santa Catalina, impulsada por ARCA, en el año 2012 y que se materializó en un Plan Especial de Protección, iniciado por el PP de Isern y ahora a punto de tener la aprobación definitiva.

Por aquella época se demolieron algunos edificios significativos de la barriada y el presagio de la pérdida de identidad urbanística se estaba haciendo realidad. También se creó el mal llamado eje cívico de Fábrica que propició, por no atender las advertencias de que se aprobara previamente un plan de usos, la aparición de un continuo de bares y restaurantes que desequilibran la vida de cualquiera.

Fue la proliferación de terrazas en calle Fàbrica y las molestias que causaban a quienes allí vivían, lo que motivó la creación de la asociación ciudadana Barri Cívic Santa Catalina por iniciativa de algunas de aquellas personas que ayudaron a salvar su barrio, y muchas otras. Allí siguen con el problema generado por el abuso de terrazas y ocio insano en el espacio público extendiéndose por todas sus calles.

Gracias a la idea, suponemos que bienintencionada, del departamento de Alberto Jarabo, de dejar ampliar los bares al espacio de aparcamiento situado frente a sus establecimientos, el problema se ha multiplicado. Ahora, en Santa Catalina, hay calles en las que se vive peor que en Fábrica… echen un vistazo a la calle Sant Magí a partir de las 8 de la tarde. Y pongan sus cinco sentidos. Una vergüenza atribuible a una gestión con buenas intenciones hacia unos y con consecuencias terribles para quienes allí viven o para quienes quieren callejear sin tener que abrirse paso a codazos entre gente aparentemente alegre y desinhibida.

Lo de Fàbrica era una buena idea con una gestión nefasta que se topó con la realidad. Lo de poner terrazas en lugar de coches es salir de Guatemala para entrar en Guatapeor. En Santa Catalina y en cualquier barrio. Aún recuerdo a una conocida que inocentemente me decía que cuando se quitaran las terrazas, en lugar de coches en muchos lugares se podrían plantar árboles. Sonreí porque a menudo mis deseos factibles también chocan con la ineficacia y las mentiras.

La necesidad de salvar Santa Catalina sigue en pie. Ahora, aquella entidad ejemplar que empezó dialogando con los empresarios de la restauración para hacer entender sus derechos sin que al parecer la mayoría estén dispuestos a ponerse en su piel, ha puesto un mensaje en sus balcones. Un mensaje de esperanza. Unas palabras que solo piden a la ciudadanía, a los empresarios y al Ayuntamiento de Palma: silencio, respeto y civismo en sus calles. Es lo mínimo. Y yo entiendo el mensaje. Espero que Cort también se sienta aludido, porque decisiones que generan incivismo y falta de respeto son incívicas e irrespetuosas en sí mismas.

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