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Pensar, compartir... | Contenedores de basura: mejor soterrados

Así quedaron los coches y los contenedores después del gran incendio en Palma

Hace unos días se quemaron en Pere Garau una batería de cinco contenedores de basura. Quizás fue un incendio provocado. Eran ese tipo de recipientes por los que, inexplicablemente, se ha optado en esta ciudad y que una persona de cierta edad no puede abrir de ninguna manera porque al apretar el mecanismo de apertura saldría disparada de espaldas y la fractura de cadera, o algo peor, estaría servida. Yo, que tengo poca envergadura, cuando por la noche saco la basura no se me ocurre apretar el pedal. Clavo los dos pies en el suelo mientras me las veo y me las deseo para maniobrar con la mano izquierda la maldita tapa, al tiempo que con la derecha describo un semicírculo con la bolsa de rechazo y la lanzo al interior del artefacto. Una proeza que nadie me aplaude. Ese gesto cotidiano se me hace tan cuesta arriba, que algún día practico lo que se llama «turismo de basura» que es ir a descargar la tuya a contenedores distantes de tu hogar. Lo confieso, a veces, prefiero llevarla a los de al lado de mi curro, soterrados y mucho más accesibles, prácticos, estéticos y seguros.

El punto de recogida de basuras, en la calle Joan Mestre, protagonista del enésimo incendio en nuestra ciudad era conflictivo desde hacía diez años o más. Pasar junto a ellos implicaba esquivar todo tipo de trastos y porquerías sobre la acera, pero con unas dimensiones de asquerosidad mucho mayores a lo habitual en casi todos los otros de la ciudad. Antes no pasaba. Hace 20 yo vivía en esa calle, justo enfrente, y excepto un susto a medianoche con un tipo malcarado que me topé al sacar los desechos de casa, no recuerdo más contratiempos. Entonces mi perra me defendió. Con el fuego de anteayer han estallado los cristales de la finca que sustituyó la que fue mi casa alquilada. Si continuáramos allí, las llamas que incendiaron los altísimos cubos actuales, quizás nos hubieran alcanzado. Mejor no pensarlo.

En aquel momento solo había contenedores verdes y alguno azul y, además, eran más pequeños, los recordarán. Eran feos, sin duda, pero su tamaño permitía un manejo asequible. Su altura no era un obstáculo visual insalvable cómo los de ahora que, igual de feos, impactan mucho más en el espacio urbano generando también un muro de inseguridad y muchas veces de impunidad para los incívicos.

Entiéndase de manera socarrona lo que ahora diré: quizás habrá que añadir a las muchas ventajas de los contenedores soterrados, que se pusieron en algunas calles del Ensanche en la época de Aina Calvo, el hecho de que no den gusto a los pirómanos que se fascinan con el fuego destructor. Aunque el contenido sea inflamable, las llamas se verían poco y las consecuencias serían menores.

Si queremos una ciudad más bonita y más cómoda para una cosa tan simple como sacar la basura, sería bueno que EMAYA dejara de optar por instalar murallas de contenedores multicolores que estropean nuestro paisaje y bienestar y eligiera continuar, especialmente en el Ensanche, con los contenedores soterrados. Basta que pregunten a quienes los tienen al lado, a ver qué prefieren, si el muro deprimente, cada vez más largo, o las bocas de los que se esconden bajo tierra. Ideal no hay ninguno. Mejor puntuación, está claro cuál. Fíjense cuando los vean.

Por cierto: ¿saben que cuando se hizo el eje cívico en la calle Blanquerna, les endosaron las basuras a las travesías estrechas? Vaya discriminación ¿verdad? Dejemos muy bonita la calle de veinte metros de anchura y fastidiemos a la de diez. Como mínimo tuvieron el detalle de soterrarlos y el impacto negativo es un poco menor.

Esperen a que se despierten las bocacalles de Nureduna y se enteren de que también quieren colarles a las estrechitas los contenedores, pero en esta ocasión no se dignarían a meterlos bajo tierra. Más agravios de un proyecto enfermo.

Las basuras y su recogida son un problema que tiene mucha mejor solución que la que se ha adoptado en las dos últimas legislaturas. La satisfacción del modelo actual es muy escasa y el incivismo va en aumento. Vale la pena invertir en el bienestar y la seguridad de la ciudadanía. Ruego a EMAYA que opte por la solución del contenedor soterrado empezando por el Ensanche, a no ser que pueda implantar en toda la ciudad el mismo sistema que en el centro de Palma, en el que solo hay recipientes de recogida durante unas horas de tarde-noche. Sabemos que ningún sistema es perfecto, pero hay que optar por el mejor, priorizando la calidad de vida en todos los aspectos.

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