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«Si no recibía ayudas, mi hija no iba a estar bien»

Luz Delly, víctima de violencia de género, es una de las miles de personas que consiguen salir adelante con la asistencia económica y psicológica de los servicios sociales municipales

Luz Delly, nacida en Colombia, ha conseguido remontar su vida y la de su hija.

Luz Delly, nacida en Colombia, ha conseguido remontar su vida y la de su hija. Guillem Bosch

Luz Delly rebosa optimismo y confianza y puede que sea el mejor exponente de una persona que consigue salir adelante con la ayuda de los servicios sociales. Ella pertenece a ese 80% de familias que logran vivir de forma autónoma tras su paso por un centro de acogida municipal y el suyo fue uno de los 9.710 hogares atendidos por Bienestar Social el pasado año. Cuando se produce esta entrevista, no tiene trabajo ni paro, pero está en contacto con la orientadora laboral para volver a conseguir empleo. Mientras llega ese momento, cuenta con ayudas económicas para mantenerse ella y su hija.

Luz habla abiertamente y da la cara -cosa nada habitual- sobre los malos tratos que sufrió mientras estuvo casada. Tras varios años aguantando esa violencia, salió de casa con su hija pequeña y empezó un periplo por habitaciones en pisos compartidos, fue desahuciada de uno de ellos y acabó sin trabajo y sin dinero, pidiendo comida en las iglesias. «A mi hija nunca le inculqué que era triste, no le mostraba esa negatividad de lo que nos estaba pasando», recuerda de esa época. Tampoco quería reconocer que era una víctima de violencia de género, ella que en su Colombia natal era una mujer con formación, un buen trabajo y una vida feliz: «Me daba muchísima vergüenza, impresionante. Hoy día no me da ninguna y digo que si no me hubiera pasado lo que me pasó, no me habría dado cuenta de lo que soy capaz, soy capaz de identificar estas personas que tienen este tipo de comportamientos y soy capaz de hablar y de enfrentarme de buena manera a una persona que me quiera hacer daño, soy capaz de pedir lo que necesito y de expresarme mejor», explica.

Todo ello lo consiguió con la ayuda del equipo de profesionales de servicios sociales, mientras estuvo en el SAM, y lo continua trabajando hoy con la ayuda de la psicóloga.

«Yo he vivido sin necesidad de recibir ayudas, pero ahora que las necesito, han estado ahí», comenta de su situación. Actualmente recibe la subvención de comedor, otra para el alquiler y la de alimentos y vestuario, además de contar con una educadora para su hija, que está pendiente de cómo le va en el colegio y del estado emocional de la niña, de sus notas, del refuerzo escolar, de la escuela de verano... «Ella es mi apoyo, porque como madre la puedo guiar y decirle muchas cosas, pero es muy importante contar con este tipo de ayuda», dice.

A todo lo anterior, hay que sumar la psicóloga que atiende a Luz. «Demasiado importante para cuando estás en esta situación y hay cargas familiares. Estoy superagradecida». Delly recibe este apoyo para su estabilidad emocional, «porque con una niña, sin empleo, es un sufrimiento constante de día y de noche». Pero no solo es importante por eso, sigue explicando: «Yo creo que ninguna de las que pasamos por este flagelo podemos solas, tenemos que tener a alguien que nos ayude psicológicamente, porque es durísimo pasar por esto. Quedarse sin empleo es más llevadero, pero que te griten, de repente un empujón, de repente un golpe... es difícil y da vergüenza contarlo y vencer tantos miedos».

Su relación con el área de Servicios Sociales comenzó cuando, «desesperada», llamó un día al IBDona y, aunque en un primer momento le dijeron que no la podían ayudar, desde allí, derivaron su caso al área de Bienestar Social del Ayuntamiento, según supone Delly. Así encontró plaza en uno de los pisos de acogida municipales, pero al revisar su expediente, y constatar que había sido víctima de violencia de género, la derivaron al SAM en 2017.

«Me tocó empezar a contar lo que ya había vivido y fue muy duro para mí, porque ya no quería soltar ni una lágrima, yo no quería estar por maltrato y me hacía mucho daño. Después de haber pasado sola en la calle tanto tiempo, yo lo que quería era salir, simplemente». Con el paso de los días, «me hicieron entender que tenía que aceptar lo que me había pasado y tenía que superarlo, que era lo que yo no estaba haciendo», añade. En el SAM estuvo dos años. Y llegó un momento en que ya no lloraba y podía hablar de lo que había vivido.

Para Delly es muy importante la forma «humana» en que la trataron en ese momento, y todavía hoy, en los servicios sociales, ofreciéndole su asistencia. «Yo decía que qué vergüenza, sentía que me lo estaban regalando, me sentía incómoda... y luego me di cuenta de que si no recibía estas ayudas, mi hija tampoco iba a estar bien...». Su niña tiene diez años y desde muy pequeña ha estado asistida. «Es reconfortable para mí como mamá saber que mi hija tiene tantas cosas qué hacer, porque antes yo estaba sola y lo único que hacíamos era preocuparnos por cómo ir al mercado, eran muchas carencias. Ahora, estoy superfeliz y supertranquila y eso me lo han enseñado también ellas», dice sobre el equipo de profesionales que las han ayudado.

«Luz es un ejemplo de persona que ha hecho un proceso en positivo»

«Luz es un ejemplo de persona que ha hecho un proceso en positivo, vinculada desde hace tiempo a los servicios sociales», afirma Mar Llull Riera, psicóloga del equipo de infancia y familia del área de Bienestar Social del Ayuntamiento de Palma

Pese a que hoy Delly es una firme defensora de los servicios sociales, en un principio fue reticente a participar del sistema. «Ella fue víctima, pero no fue plenamente pasiva y por esto le costaba meterse en un perfil de víctima-pasiva», recuerda Llull. 

«Hay gente con una autoestima tan baja y que no sabe cómo funcionan los servicios sociales que no sabe que tiene derecho a pedir», añade Llull, quien remarca que «todos somos susceptibles de ir a los servicios sociales, todos tenemos derecho». Posteriormente, los profesionales que trabajan en este campo se encargarán de valorar cada caso, remarca la psicóloga. 

Es lo que le pasó a Luz Delly, que «apuró al máximo antes de solicitar ayuda». Su opinión encaja con lo que relata Delly: «Tardé en buscar ayuda, estuve con mi hija sola bastante tiempo, por desconocimiento».

 En cuanto a la situación que afrontan hoy los servicios sociales municipales, tras un año de pandemia, Llull asegura que están notando «un incremento muy significativo de situaciones que permanecían latentes», como las dificultades de pareja, los adolescentes con problemas de convivencia graves o niños que no han tenido el refuerzo necesario ni han podido ir a la escuela y presentan un retroceso en su desarrollo. «Continúa siendo una situación muy extrema», añade esta psicóloga.

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