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Pensar, compartir... | Sonrisa Médica imprescindible

La Sonrisa Médica es una de las asociaciones que ha recibido fondos de las herencias intestadas de Balears.

Coincidí en una feria con Sonrisa Médica. Tenía una parada informativa en la que, gente voluntaria, explicaba cómo trabajaba su organización y las distintas formas de colaboración. Fue allí donde me enteré de que te podías apuntar como persona asociada y aportar una cuota anual para dar estabilidad y mejorar su objetivo, que es simple: ayudar a pasarlo un poquito mejor a aquellas criaturas que están ingresadas en algún hospital de la isla. Apunté su página web y no hice nada más hasta hace un año, cuando empezó la odisea del coronavirus.

Recordarán que en pleno apogeo del confinamiento inicial tuvimos mucho tiempo para leer y escuchar noticias. Y una de las cosas que se intuía entonces, y luego se confirmó, es que la maldita covid-19 hace mucha menos presa en niños que en mayores. Eso es lo único que tiene de magnánimo, hoy por hoy. No podía, ni puedo, imaginar el drama a la enésima potencia que estaríamos viviendo si temiéramos por nuestros niños lo mismo que tememos por nuestros mayores. En esa época y recapacitando sobre ello fue cuando me vino a la cabeza la Sonrisa Médica.

Lo cierto es que entonces y ahora sigue habiendo enfermedades que atacan a los más pequeños, y que en algunos casos requieren hospitalización. Algunas estancias son cortas; otras largas y tediosas. Pero todas con un denominador común: la angustia, la incertidumbre y la necesidad de luchar y vivir con alegría día tras día.

Fue uno de esos días, confinada, cuando me acordé de esos médicos del ánimo, doctoras y doctores que llevan color, sorpresa, novedad, misterio y muchas risas a las habitaciones de las criaturas. Seguramente habían interrumpido su actividad y sufrirían por ello. Se establecen vínculos de amistad profunda entre los portadores de la nariz colorada y los papás y las mamás que pasan por esos momentos difíciles. Y vínculos de puro amor con los críos, claro. Tener que interrumpir el contacto, no poder regar de ánimos y de carcajadas debió ser duro para todos ellos.

Así que no pude hacer nada más que hacerme socia. Lo hice como si me aplicara un bálsamo para mi propio dolor. Puro egoísmo. Un egoísmo que les animo a compartir.

No sé si alguna vez han pasado por el trance de estar con niños en un hospital. Les aseguro que cualquier gesto que pueda aliviar a quienes ahí están es oro puro. Cuando oyes por ejemplo: «Es grave, hay que operar ya» y la paciente tiene dos añitos, te das cuenta de golpe qué es lo realmente prioritario en la vida. Una vez que los equipos profesionales hacen su trabajo de sobresaliente y hay que acometer la recuperación, el enfermero Aspirino con sus malabares y sus despistes, la doctora Microscopina con su música y sus historias y todo el elenco de colaboradores, son regalos maravillosos e impagables con efecto terapéutico.

Sé que ahora Sonrisa Médica está pasando por un mal momento. Soy de la opinión que si creemos que algo debe existir, hay que ayudar a mantenerlo. Así que apelo a su responsabilidad. Busquen la web o el teléfono y, tengan o no criaturas cerca, háganse socios de Sonrisa Médica. Es muy poco dinero para tanta satisfacción.

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