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Diario de Mallorca

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¿Hacia un área metropolitana?

La expansión urbana de Palma aumenta y provoca que Calvià sea el segundo municipio más poblado de Balears Los datos de los últimos censos muestran que, cada vez más, en Mallorca se trabaja fuera del municipio de residencia

La expansión urbana de Palma provoca un creciente acercamiento entre la capital y Marratxí (sa Cabana y Pòrtol, al fondo).

«Desde que se puso la primera piedra de la autopista de Campos, los precios inmobiliarios del municipio subieron poco a poco ante la previsión de una mejor conexión con Palma. Aumentará la urbanización, y habrá quien quiera vivir ahí al estar cerca de la capital; es un proceso claro de un territorio metropolitano», relata Jesús M. González, catedrático de Geografía.

Esta no es una cuestión nueva. A mediados de los 70, Albert Quintana -el primer director general de Ordenació del Territori de Balears en democracia- publicó su tesis El sistema urbano de Mallorca, afirmando de manera pionera que la isla realmente funcionaba como un área metropolitana, sobre todo por las consecuencias del primer boom turístico, con el que parte de la población se mudó a Palma o a zonas bien conectadas con ella. «Él demostró que todo recaía en la capital. Su visión hoy está más que corroborada y la debemos plantear no tanto por el centralismo de Palma, sino por la eficiencia de la gestión de Mallorca», destaca Pere Salvà, catedrático de Geografía Humana.

La tesis no tuvo un gran impacto en la opinión pública, pero sí caló en el mundo político e intelectual. «Se llegó a proponer un área metropolitana de Palma que incluyera a Llucmajor, Marratxí y Calvià, para unir así algunos servicios básicos como los transportes, pero hubo un gran choque con el individualismo de los municipios», recuerda Salvà.

Pere Salvà, catedrático de Geografía Humana. | B. RAMON

El individualismo municipal ha mantenido candente un signo identitario de Balears: la dualidad entre Palma y Part Forana, entre la ciudad y los pueblos. «Hoy la división ha desaparecido en gran parte por el turismo, que ha ido conquistando más y más espacios de la isla», afirma Margalida Mestre, experta en planeamiento urbanístico y territorial. «Todo esto influye mucho en los tipos de comercios o el mercado inmobiliario. No lo puedes frenar, pero sí cambiar el modo de llegar a ello, poniendo trabas al urbanismo o regulando la sostenibilidad, ya que las movilidades sociales son más difíciles de evitar», añade González.

Si nos atendemos a la famosa dualidad, en 1981 Palma alcanzó un pico de peso poblacional frente a la Part Forana, con un 54% de los mallorquines que residían en la capital, una cifra que ha disminuido gradualmente hasta situarse hoy en el 46,3%, según datos del Ibestat. Así, a pesar de que la población de Ciutat no deja de aumentar, la del resto de municipios lo hace en mayor medida, y desde mediados de los 90 ya hay más habitantes fuera de la capital que dentro de ella.

La gentrificación

Una de las causas de este proceso se encuentra en la gentrificación, el desplazamiento de la población tradicional de ciertas zonas por el aumento de los precios de la vivienda. «En Palma se empieza a dar en los 90 con la llegada de inversión extranjera después de la degradación del centro de la ciudad, que dejó los precios muy bajos», subraya González. «Prácticamente toda la Serra de Tramuntana está hoy gentrificada. Deià tiene unos valores patrimoniales, culturales y paisajísticos extraordinarios, pero a un trabajador de clase media de Palma le es muy difícil mudarse ahí», prosigue. Los apartamentos turísticos son un marcador de la gentrificación, y en 2019 Balears lideró el porcentaje de ocupaciones de estos inmuebles en España (75%), siendo la cuarta comunidad en el número de visitantes alojados en estos apartamentos con 1,4 millones de viajeros. Según el Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria (Coapi), este año ya hay un 10% de la oferta de viviendas de alquiler residencial que proviene de antiguos apartamentos turísticos ante el escepticismo por el futuro del sector.

El catedrático en Geografía, Jesús González, en un momento de la entrevista.

«Percibimos un continuo aumento de búsqueda de vivienda en la Part Forana de gente proveniente de Palma por razones básicamente de precio, sobre todo en los municipios más cercanos por su conectividad, los que están en el radio de 30 kilómetros de la ciudad», afirma Natalia Bueno, presidenta de la entidad inmobiliaria. De hecho, según explica Nicolau Canyelles, alcalde de Santa Maria del Camí -con una población un 37% mayor que la de 15 años atrás-, «debemos reducir nuestro límite hasta los 9.000 habitantes, 1.500 más que ahora, o servicios como el PAC o las escuelas se quedarán pequeños, y el agua será difícil de gestionar». Además, afirma que comprarse una vivienda en el municipio «se ha encarecido por la demanda de externos al pueblo que quiere vivir aquí», y que una de las mayores preocupaciones del Ayuntamiento es «la dificultad de nuestros jóvenes para independizarse en un futuro, algo que se agrava con la pandemia».

Un área metropolitana se comprende como una entidad administrativa delimitada, con sus propios servicios, independientes de los de cada municipio integrante. Esto existe en Barcelona, por ejemplo, pero no en Mallorca, aunque aquí sí hay procesos metropolitanos. Tal y como lo explica Margalida Mestre, Marratxí ya se puede incluir en la mancha urbana de Palma, con más del 50% de sus habitantes residentes en zonas que físicamente no están separadas de la capital, se puede pasar de un municipio a otro sin que haya una frontera clara. «Lo mismo pasa con Calvià, que ya es el segundo municipio más poblado de Balears, resultado de la expansión urbana de Palma», apunta González.

Natalia Bueno, presidenta del Coapi.

Además, el censo, que muestra los datos cada diez años, debería publicarse en este ejercicio, y habrá que prestar atención a aspectos como la autocontención -el porcentaje de población ocupada que trabaja en el mismo municipio de residencia-, aunque aquí sin duda influirá la destrucción del empleo por la pandemia y la implantación del teletrabajo, que puede llevar a residir en zonas más alejadas del centro de trabajo con precios más bajos. Según lo demuestra Mestre, cada vez más se trabaja fuera del lugar de residencia.

Del 2001 al 2011, solo tres municipios aumentaron su autocontención, tuvieron más residentes trabajando en el municipio, y los tres son de la Serra de Tramuntana: Deià -un 25% más-, Fornalutx -un 4%- y Bunyola, donde apenas subió un 0,2%. Por su parte, hace diez años Palma era la primera destinación laboral para el 70% de los municipios, y el número de pueblos con más población trabajando en Ciutat que en el propio municipio pasó de seis a nueve, todos ellos dentro del radio de 30 kilómetros que explicaba Natalia Bueno. Marratxí es uno de ellos, y en el 2011, el 88% de su población ocupada trabajaba fuera del municipio -un 58% en la capital- una situación parecida a la de Bunyola (86%), Santa Maria (84%) o Consell (88%), lo que indica en cierta manera que puedan denominarse pueblos dormitorio. En un segundo escalón como centros neurálgicos estaban Inca, Manacor, Calvià y Alcúdia. Estas tendencias, según Pere Salvà, «siguen en pie», y es una percepción que se repite en el caso de Santa Maria a través de su alcalde, Nicolau Canyelles.

La influencia europea

Así como los pueblos de Mallorca se pueden ver influenciados por la actividad de Palma -remarca González-, en el contexto de la globalización, la isla puede formar parte de una corona metropolitana de alguna ciudad europea como Londres o Berlín. «Nuestra proximidad y conectividad con Europa son importantes, existe una barrera psicológica de dos horas. Hay zonas de Alemania en las que por la congestión inviertes cuatro horas de viaje para ir a un sitio relativamente cercano, y en cambio para venir aquí y tener sol y playa son algo más de dos horas. De hecho, en un año normal teníamos más vuelos hacia Alemania o Inglaterra que con Madrid o Barcelona, estamos claramente en su área de influencia», destaca Salvà.

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