El prestigio gastronómico de la plaza Raimundo Clar ha llegado paulatinamente, con pequeños restaurantes abiertos durante los últimos dos años regentados por jóvenes chefs que se desviven por sus negocios. La misma ilusión, esfuerzo y calidad han puesto los responsables de los otros locales, donde hay un par de peluquerías, tiendas de diseño y cafeterías y una reconocida clínica dental en el espacio público situado entre el centro Flassaders y el juzgado de sa Gerreria. Tras invertir todos sus ahorros, ver que poco a poco se iban haciendo un hueco en su sector y empezar a poner en auge este lugar, llegó el confinamiento por la covid y, con la reapertura, la degradación.

El motivo es que un grupo de usuarios del cercano comedor social –«una minoría», aseguran– se apropian de la plaza de forma incívica porque, cuando comen allí, dejan los restos tirados por el suelo, hacen sus necesidades a la vista de todo el mundo, prosiguen la ingesta de alcohol que inician a primera hora de la mañana y a veces se producen peleas entre ellos, incluso con arma blanca, y altercados con vecinos o dueños y clientes de los establecimientos. El problema se inició porque el comedor social no puede atender a los indigentes en su interior a causa de las restricciones por el coronavirus, tal como explican residentes y comerciantes.

Nula presencia policial

Y se ha extendido a la plaza Nova Ferreria, que anteriormente ya tenía grupos de ‘sin techo’ pero no provocaban los incidentes de ahora. La situación en estos dos recintos es «desesperante» para los afectados, sobre todo debido a la «nula presencia policial». «Si les llamas, dicen que no tienen efectivos o que el problema no es grave», según los consultados, hasta una decena entre vecinos y empresarios. Algunos alertan de que «se está dando un paso más y no se trata solo de incivismo, sino de delincuencia, porque ha habido varios robos e intentos frustrados, incluso en un piso, y una vez entraron en un coche y lo dejaron hecho un desastre», en palabras de una afectada.

Plaza Nova Ferreria.

Además de reclamar policía, consideran que es necesario un trabajo social. «Darles comida y una cama no es suficiente, deben tener una atención integral, no estar todo el día por la calle, ya que la mayoría tienen problemas psicológicos, de alcoholismo y drogadicción», enumera uno de los comerciantes.

A la situación social y de orden público, se añade la sanitaria a causa de la pandemia, debido a que las medidas se incumplen sistemáticamente. «Pese a que está prohibido hacer botellón, aquí lo tienes todos los días, con grupos de más de seis personas y la mayoría sin mascarillas o mal puestas, y algunos fumando. Pero no les multan porque la policía ni aparece y no podría porque los infractores son insolventes», tal como destaca un residente. Los afectados solo quieren que las plazas de Raimundo Clar y Nova Ferreria remonten y recuperen el auge anterior a la covid.