La fiesta de Tots Sants provocó sentimientos encontrados entre quienes acudieron al cementerio de Palma, porque «verlo así, tan vacío, es desolador. Es un día para dedicarlo a los difuntos y siempre estaba animado», recordó ayer a mediodía Tomás Pozuelo. «Pero por otra parte es comprensible y me parece bien, ya que no sería nada bueno para la pandemia que hubiese aglomeraciones», destacó frente al adornado nicho de un nieto fallecido con 18 años este fatídico 2020. Acompañado por otros familiares y los niños Antonio y Aaron, que llevaban los típicos rosarios de golosinas, aún les quedaba visitar la tumba de «un hijo que murió con 16 años hace más de dos décadas», como contó apesadumbrado.

El marido de María Antonia Montaner falleció este año y no pudo hacerle un funeral, por lo que ayer sintió al fin «consuelo» frente a su tumba, «a pesar de la tristeza que da ver el cementerio tan vacío en Tots Sants». También acudió el lunes, el miércoles y el jueves, el último día antes de que fuese obligatoria la cita previa, y «parecía el Born», comparó. Ella no temía un posible contagio por una gran afluencia de gente, pero sí Mari Carmen Faguas, de ahí que le pareciese «muy buena idea el límite de aforo. Los mayores somos los que más vamos a los cementerios y los que tenemos más miedo, por lo que está bien que haya tranquilidad».

María Mesquida, que acudió con su amplia familia, también agradeció «poder mantener esta tradición, la costumbre de hacer algo por respeto a los muertos, pese a las circunstancias». Hizo una primera visita el martes con Silvia Bennasar y el coche lleno de flores, ya que «dejaban entrar con él», y ayer visitó las tumbas y nichos ya adornados de sus siete hermanos y su marido. A su hija le impresionó la poca gente que había, pero resaltó un hecho que llamaba la atención, las muchas flores frescas que se veían, ya que «la mayoría ha decidido espaciar las visitas y respetar las franjas horarias» establecidas.

Lo confirmó el gerente de la Funeraria, Jordi Vilà, quien dio las cifras de la afluencia de lunes a jueves, unas 8.000 personas, frente a las 10.000 de los tres días con cita previa y agradeció esta anticipación. «Supongo que es porque estamos acostumbrados a hacer las cosas con excepcionalidad», apuntó sobre la festividad más inusual que ha organizado la empresa municipal. Reservaron 36.000 plazas y cubrieron menos de un tercio, por lo que quienes acudieron al cementerio sin la cita previa pudieron acceder sin ningún problema.

Manuel Tarongí González agradeció «una organización casi perfecta», que fue aplaudida también por Manuela Cascales, ya que tenía «un poco de miedo de que estuviese concurrido». No había vivido tanta solitud en el cementerio el día de Tots Sants Antonia Balaguer, que lleva 54 años yendo el 1 de noviembre. «De pequeña era una romería y siempre ha sido una fiesta, pero este año todo es diferente», dijo mientras colocaba gladiolos y margaritas blancas en la tumba de su abuela. A José Miguel Picó, que visitó las de sus abuelos, le entristeció verlo tan desolado, aunque se lo imaginaba, porque tiene una floristería y las ventas han caído a la mitad, pese a que «algunas personas mayores han comprado flores para ponerlas junto a la foto de sus difuntos», una forma segura de celebrar el Tots Sants de la pandemia.