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Cerremos para siempre la prostitución

Me entero por Diario de Mallorca que en el año 2017, en la isla, había 64 locales "de diversas características" que se dedicaban a la prostitución...

Cerremos para siempre la prostitución

Cerremos para siempre la prostitución

Me entero por Diario de Mallorca que en el año 2017, en la isla, había 64 locales "de diversas características" que se dedicaban a la prostitución, de los cuales 26 estaban en Calvià. Por ese dato no resulta descabellado ligar en un tanto por ciento elevado el negocio de la prostitución al del turismo. Me consta además que algunos de nuestros visitantes, a veces, solicitan a los taxistas que les acerquen a los eufemísticamente llamados locales de alterne para consumir y consumar su estúpida masculinidad. Parece que para muchos puteros van ligados el alcohol, otras drogas y el sexo obligado. Pues creo que es una fuente de riqueza de la que nos deberíamos librar.

Y yo que no sabía que la prostitución fuera una actividad formalmente registrada. Mi inocencia en este tema parece que se mantiene aunque cumpla decena tras decena de años.

Hasta los treinta no me enteré de que muchos progres de izquierdas, teóricamente amigos míos, eran usuarios habituales o esporádicos de servicios sexuales pagando. De hecho, algunas veladas de clausuras de congresos sindicales acababan en la cama de la que supongo llamarían compañera puta. Por aquel entonces, mi listado de amistades masculinas quedó algo diezmado. No hace falta decir que algunas reuniones de machos de derechas acababan igual. Basta recordar la sonada visita del séquito de Matas al Rasputin en Moscú. Pagada con dinero público, encima.

Cuando fui a Amsterdam me negué a pasear por aquellas calles del afamado Barrio Rojo en las que se muestran los escaparates de las mujeres prostituidas. Y negarme era ir en contra de los cánones de mentalidad abierta. Venía el tema envuelto en una aureola de modernidad. Era el colmo del avance social que en una ciudad europea se permitiera el libre consumo de algunas drogas y la exposición de las mujeres que ejercían un "oficio" que se quería considerar tan estupendo como cualquier otro. Hay que ver las recónditas vueltas que el odioso machismo da para seguir sometiendo a las mujeres y a la propia sociedad. Exponer a las lascivas miradas de todo individuo que visitara la capital de los Países Bajos a aquellas chicas era lo más degradante que se podía imaginar. Pero se interpretaba al revés. Parece que ahora tanto las jaulas para mujeres como el consumo de estupefacientes ya no molan tanto en aquella ciudad pionera porque hay turistas muy bestias, que más perjudican que benefician.

Volviendo a nuestra tierra. Se está dando vueltas a la posibilidad de cerrar los prostíbulos por ser una fuente de contagio de la covid-19. ¿Ahora se enteran? Supongo que si el Govern balear secundado por los ayuntamientos se decide a hacerlo, los empresarios del sector se irán a manifestar delante del Consolat porque les parecerá intolerable que sus bolsillos padezcan, por si no habían padecido suficiente con la bajada de turistas y el consumo local que está un poco más reticente. Dirán que están desolados por dejar a cientos de mujeres sin trabajo. Quizás pedirán compensaciones económicas para enjugar sus pérdidas.

Empresarios hay para todos los gustos, y poco edificantes algunos, pero dejando aparte sus finanzas y su ética, estaría bien que nosotros, la gente, cambiemos de una vez nuestro chip y dejemos de considerar que es inevitable la prostitución. Que dejemos de decir que es un oficio y menos que es el más antiguo del mundo como si eso lo justificara o lo hiciera inevitable. Que entre muchos jóvenes, con la ayuda de las redes, la prostitución sea algo normalizado en su descubrimiento de las relaciones sexuales, marca un síntoma grave provocado por otro virus contra el que ya deberíamos tener vacuna: el del machismo que somete a las mujeres, las utiliza y las desprecia.

Sería estupendo que el progresista Ayuntamiento de Palma aprovechara la ocasión que le brinda el maldito virus para cerrar los múltiples y diversos lugares de explotación sexual de mujeres, ofreciendo ayuda y amparo a las víctimas. Y que ese cierre sea para siempre. Es lo que pide una entidad como Médicos del Mundo que hace una labor encomiable ayudando a quienes quedan atrapadas en esas redes. Palma se podría declarar institucionalmente "Ciudad enemiga de la explotación sexual". Sería un motivo para sentirnos mejor.

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