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Movilidad

Palma aminora la velocidad

La medida, implantada ya en numerosas ciudades, quiere dar protagonismo al viandante - Algunos colectivos reclaman acciones más ambiciosas como la peatonalización del centro

Un ciclista circula por Santa Catalina junto a una calzada señalizada con el límite 30.

Un ciclista circula por Santa Catalina junto a una calzada señalizada con el límite 30. b. ramon

Palma reduce la velocidad con el objetivo de convertirse en un lugar más amable y seguro. Dentro de unos meses la capital será una ciudad 30 en la que peatones, ciclistas y patinetes recuperarán espacios en detrimento del uso del coche. El pleno del pasado jueves aprobó de manera inicial el cambio en la ordenanza de circulación para que la velocidad de un 90% de las 2.731 calles de Palma pase a ser de 30 kilómetros por horapase a ser de 30 kilómetros por hora. Una garantía para la seguridad del peatón, una apuesta por la movilidad sostenible, una ayuda al medio ambiente y, en definitiva, un cambio de visión en la que el coche deja de ser el protagonista absoluto de las calles de la ciudad.

Francesc Dalmau, regidor de movilidad sostenible, cree que este cambio a 30 es una "medida ambiciosa y valiente, aunque habrá quien reclame más pasos". Con ella Palma se suma a otras ciudades que ya han optado por la reducción de velocidad como Valencia, Barcelona, Pontevedra, Dublín, Londres o Milán, entre muchas otras. "Es un cambio de modelo para repartir el espacio público y es el inicio de una gran transformación", dice Dalmau. Con ello también se cumplen con las recomendaciones de la OMS que en "un contexto de crisis sanitaria pide más espacio para los viandantes". Pasar a este límite supone, además de mayor seguridad, que bicis y patinetes puedan circular por estas calles sin que tengan que estar segregados. Según Dalmau, esto supondrá una mejora de la convivencia entre peatones y patinetes. Más vehículos de movilidad sostenible, más viandantes y menos coches a motor porque en una situación de emergencia climática se hace necesario incorporar otros hábitos. Pasarán entre dos y tres meses antes de que la modificación de la ordenanza se haga efectiva. Para Dalmau esto es positivo puesto que durante ese tiempo se podrá informar y concienciar a los conductores sobre la necesidad de respetar la limitación de velocidad.

Para Joan Forteza, presidente de la Federació d'Associacions de Veïns, la implantación del 30 en Ciutat es positiva pero ciertamente insuficiente. Es una de esas personas que reclaman más pasos que conduzcan hacia la peatonalización de todo el centro de Palma entendiendo como tal todas las calles que van de las Avenidas hacia el mar. Forteza opina que sería necesario además crear ejes cívicos que unan el centro con la periferia y los barrios entre sí. Todo ello acompañado de un transporte público eficiente que a su entender todavía no se ha materializado puesto que continúa habiendo líneas con frecuencias de hasta 40 minutos. La descentralización administrativa para descongestionar el centro y enriquecer los barrios es otra de las propuestas del líder vecinal que cree que el pequeño comercio también es uno de los grandes beneficiados de estos cambios. Forteza cree sin embargo que nada de esto tendrá resultado si no se acompaña de recursos materiales y humanos para que se cumplan las restricciones.

Demasiados coches y con demasiado protagonismo. Hasta un 80% del espacio público ocupado por los vehículos a motor, según un informe realizado por Vianants en Lluita en 2018. Desde esta plataforma ciudadana Sonia Jichi se opone a que la reducción de velocidad a 30 no se aplique al total de las calles: "Llevamos mucho tiempo reclamando que Palma sea una ciudad 30, pero no estamos de acuerdo en que se aplique solo en el 90% de las calles ya que la vías de 50 kilómetros por hora son las más peligrosas, donde se producen más atropellos y donde es más necesario reducir la velocidad". En efecto, la limitación de velocidad no afectará a las consideradas vías principales como Avenidas, Aragó o General Riera. En este sentido Dalmau señala que se mantendrá el límite de velocidad actual para que el transporte público sea ágil. Sin embargo, para Jichi, no hay justificación para esta diferenciación que va en detrimento de la seguridad: "Ir a 30 por hora ahorra muchas vidas. Y la fluidez es la misma si se circula a 50 o a 30 porque los atascos se forman por el volumen de coches". Jichi cree que hay que fomentar alternativas de transporte e incentivar la movilidad activa. Como Forteza, piensa que la limitación de velocidad debe ir acompañada de otras medidas para que se cumpla de forma efectiva: "Que haya señales, badenes y controles. Que se modifique el diseño urbano de manera que obligue a disminuir la velocidad", concluye Jichi. Salvador Roig, portavoz de Biciutat, coincide con Jichi y Forteza en que la medida es buena, pero insuficiente y reclama una ciudad cien por cien 30. "En Aragó o Avenidas se circula muy rápido y los accidentes son muy graves. La violencia de un golpe a 50 por hora es mucho más grande que a 30". Roig dice que el coche es "un gran invento, cómodo y útil. No estoy en contra del coche sino de su uso masivo. Distancias de dos o tres kilómetros se pueden recorrer a pie o en bici". Roig reclama itinerarios fáciles y directos para los ciclistas.

"No podemos estar en contra de la reducción de velocidad. El problema es que si sigue habiendo mucho tráfico y se ralentiza, no se puede dar bien el servicio y repercutirá en un aumento de su coste". Biel Moragues, presidente de la Asociación Sindical de Autónomos del Taxi, dice estar más preocupado por la eliminación de carriles que por la reducción de la velocidad. "Se restará efectividad al servicio público y se agravarán los atascos", opina. Para Moragues la solución pasa por restringir la circulación en diversas zonas y peatonalizar autorizando solamente la circulación del transporte público. La sola reducción de velocidad "no nos lleva a pensar que se reduzcan los embotellamientos." Toni Gayá, presidente de Afedeco, también prevé menos fluidez y más contaminación y dificultades para que profesionales como los repartidores realicen su labor. "El Ayuntamiento ha tirado por el camino del medio sin consensuar ni consultar", critica. Gayá dice no entender la decisión: "Puede que tenga sentido en calles con más paso de bicicletas, pero una ciudad entera no puede ir a la velocidad de la bicicleta". Pide, en definitiva, un proyecto coherente con aparcamientos disuasorios en la entrada de la ciudad y un buen transporte público.

La implantación de esta reducción de velocidad no es nueva en Ciutat. Santa Catalina, Es Rafal, Viver y Son Sardina ya son zonas 30. Esta última población ya suma una década con esta restricción y Biel Fiol, presidente de la asociación de vecinos, no puede estar más a favor. Sin embargo cree que hace falta un cambio social: "La gente está muy acostumbrada a ir en coche". La señalización del Rafal y el Viver culminó en pleno confinamiento aunque Rafel García, presidente de la asociación de vecinos Rafal-Vivero cree que no basta con que el barrio esté bien señalizado: "Falta vigilancia y los badenes son de poca altura". Coincide en que es una gran medida que debe ir acompañada de más civismo por parte de los ciudadanos: "La gente se tiene que acostumbrar", resume.

Más espacio para peatones

Vianants en Lluita presentó una petición urgente dirigida a la consellera de Sanidad, Patricia Gómez, y a la Felib, reclamando actuaciones que garantizaran el uso y disfrute del espacio urbano de un modo seguro, haciendo posible el respeto de la distancia de seguridad recomendada, y que se favorecieran los desplazamientos saludables. Se solicitaron, entre otras acciones, la reducción de velocidad, restricción del tráfico motorizado, ampliación de zonas de prioridad y espacios reservados para viandantes y el fomento del uso de la bicicleta. Desde la Federació de Veïns Joan Forteza señalan que la crisis sanitaria ha supuesto una toma de conciencia sobre la importancia de la sostenibilidad, la necesidad de redimensionar la actividad y de dar más espacio al peatón.

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