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Mujeres de hoy

Marián García Rodríguez: "Palma necesita recuperar la solidaridad vecinal"

La coordinadora de Palma compasiva explica la razón de sumarse al movimiento de estas comunidades

Marián García Rodríguez -León, 1953-, coordinadora de la recién creada Palma ciudad compasiva, ha sido enfermera de vocación "hasta la muerte". Sus últimos diez años estuvo en cuidados paliativos, "la mejor etapa de mi vida profesional", asegura. "Te enseña a soltar lastre", añade. Hace año y medio, la coordinadora de paliativos en Balears Mercè Llagostera le propuso incluir a Palma en el movimiento internacional de ciudades compasivas. Aceptó el reto y junto a un equipo de siete personas llevan nueve meses gestando este movimiento ciudadano. En julio, en el congreso internacional de paliativos, se presentará en sociedad. Se suma a las que ya hay en el país y la de Vitoria Gasteiz es su modelo.

P ¿Qué es una ciudad compasiva?

R Es una ciudad donde la gente empieza a ser sensible a las necesidades de las personas vulnerables, en situación de enfermedad avanzada, en soledad no deseada, en la etapa final de vida, y que además sienten empatía por esa situación y empiezan a hacer actos concretos para mejorar su calidad de vida. Hay todo un trabajo que hacer e intentar implicar a los gobernantes, gestores. Para nosotros en Palma compasiva es un contacto directo, a pie de calle de escuchar sus necesidades.

P Su creador, el doctor Allan Kellehear, opina que "todos somos responsables del cuidado de las personas con enfermedades crónicas". ¿Es así?

R Sí, de ahí el término compasivo, que se malinterpreta a menudo por prejuicios. Es un movimiento laico, que no está vinculado a ninguna iglesia ni credo religioso. No hay un modelo igual de ciudad compasiva, hay distintos enfoques, el objetivo es igual. Todos estamos en la misma línea. Cada uno la adapta a la idiosincrasia de su ciudad. En Inglaterra cada vez se habla más de barriadas.

P ¿Cuál será el sesgo de Palma?

R Estamos empezando. Poco a poco. Haciendo red entre vecinos, asociaciones de voluntariado como Cruz Roja, Cáritas, la fundación Inedithos de la UIB. La idea es aunar lo que ya se está haciendo y potenciarlo, darle luz y ayudar a crear más voluntariado. Hay paliativos de mucha calidad, su asociación ya está consolidada y existen cantidad de iniciativas que no se conocen pero que no están interrelacionadas. Veo el enfoque de Palma Compasiva como unificador, de sacar a la luz de todo lo que se hace, y de darle ese plus de compasión. Potenciar, aunar y hacer red. Palma compasiva está llamada a hacer red. Y a ampliar el voluntariado y añadir la demanda de que todo vaya surgiendo, más que a crear algo nuevo.

P ¿Puede concretar?

R Queremos crear un núcleo compasivo en el barrio, que en cada zona de la ciudad, haya un grupo de personas que movilicen la actividad compasiva. Ejemplos: queremos que en los bares dejen entrar al servicio a los mayores de la zona, que los pequeños comercios avisen si han dejado de ver en días a esos vecinos mayores. El sueño sería que en toda la ciudad hubiera esos núcleos compasivos y estuvieran despiertos a las necesidades de la zona. En Santa Catalina y Son Espanyolet están trabajando con personas mayores y en soledad.

P ¿Quiénes están en el equipo? ¿Se contempla contactar con voluntarios en el futuro?

R Están Patricia Bassante, médico de familia y de paliativos, Yanina Paglioni, trabajadora social en la Asociación del Cáncer, Belén González, oncóloga, Miquel Riutort, trabajador social, Rocío Saiz, pedagoga, Ramón Mulet, voluntario en Dime y Pilar Ascaso, psicóloga clínica. No tendremos voluntariado porque ya hay muchas entidades que cuentan con ello. Tenemos una pequeña sede para responder a preguntas sobre final de vida, un lugar de escucha, de orientación. ¡Todavía es un bebé que gatea! Colaborar y hacer sensibilización a través de los Café Death.

P ¿Un café con la muerte? Suena a película de terror.

R Sí, es el ámbito de la sensibilización, donde se propone un diálogo reflexivo, queremos hacer más adelante cineforum en Cineciutat e intervenir en colegios, institutos. Hablarles de la muerte que, curiosamente, en el siglo XXI aún es más tabú que antes. Recuerdo cuando era niña, la muerte en los pueblos se veía con más naturalidad, había una relación más sana con el fin de la vida. Siempre recuerdo la frase de Carlos Castaneda: "No te olvides nunca de la muerte. Será tu mejor compañera". La muerte es lo único en lo que todos coincidimos.

P Las ciudades compasivas existen hace cinco años. ¿Qué resultados hay?

R Está comprobado que en ellas disminuye la necesidad de ir a urgencias. La sensación de calidad de vida hace que una persona disminuya su sufrimiento. Cicely Sander, la enfermera precursora de los cuidados paliativos, dijo que el sufrimiento es toda la carga mental que le ponemos al dolor.

P ¿Palma es una ciudad compasiva?

R Cuanto más grande es una ciudad más necesitada de compasión. No somos entes separados, no somos islas, estamos relacionados con todo. Desde ahí, tu sufrimiento me llega y quiero aliviarlo. Palma necesita recuperar la solidaridad vecinal, aunque hay bastante activismo en paliativos, en movimientos sociales.

P Este Gobierno ha asegurado que aprobará la ley de eutanasia. ¿Qué opina?

R Todos tenemos derecho a una muerte digna pero soy más partidaria y abogaría por cuidados paliativos de calidad y universales que no por la eutanasia. Por supuesto que debe haber leyes que permitan la eutanasia con libertad personal, aunque yo no la promuevo. Si hay paliativos de calidad que implican la sedación final si hay sufrimiento, hay menos demanda de querer morir si se aplican los paliativos de calidad y universales.

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