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Entrevista

Patricia Boquete Sancho: "He sustituido el diván por los fogones: cocinar estimula a comunicarnos"

La psicóloga ha creado Terapia Culinaria, un proyecto pionero en España que imparte en Mallorca

"La cocina es la alquimia del amor", escribió Guy de Maupassant. La psicóloga Patricia Boquete Sancho -Sitges, 1991- la ha convertido en herramienta para crear Terapia Culinaria, un proyecto pionero en España que pensó desde Barcelona pero gestó en Mallorca, donde vino "por amor". De nuevo, la química como motor de vida y también de oficio.

"He sustituido el diván por los fogones porque en la cocina los usuarios, jamás les llamo pacientes, se abren más. Cocinar conecta con las emociones", apunta Patricia Boquete.

Especializada en Orientación Laboral, Inteligencia Emocional y Social, Patricia Boquete se miró al espejo y vio que "todo aquello que yo les decía no lo aplicaba en mí; gustándome mi oficio, no me apasionaba. Me faltaba algo", cuenta. Desde hace un año, cocina sus terapias en Mallorca.

P Tampoco difieren tanto: la psicología como medicina del alma y la cocina, del cuerpo. ¿Es así?

R Cocinar nos conecta con las emociones más básicas, con nuestra identidad y, lo más importante, con nuestra vida diaria. En un proceso de tratamiento psicológico, a veces las personas se sienten cohibidas porque, bajo mi punto de vista, el tratamiento cohíbe. Sin embargo, en una cocina se abren más, es un espacio nuevo, se da otra actitud. El usuario está más abierto.

P ¿Qué tipo de usuarios acuden a su terapia?

R Suelen ser mujeres de entre 35 y 55 años y vienen por pérdidas de diferente tipo: rupturas amorosas, fallecimientos, cambios de lugar de residencia o por pérdidas de trabajo. En su gran mayoría son mallorquinas o, si son de fuera, residen en la isla.

P ¿Cómo es una jornada de Terapia Culinaria?

R Las sesiones son en mi casa o a domicilio y también en la Fundación Aedificat, en el polígono de Can Valero, sobre todo en grupo cuando me lo solicitan empresas.

P ¿Qué tipo de empresas?

R Las grandes ofrecen esta terapia como un plus a sus empleados; lo hacen como formación de habilidades. Suelen querer trabajar la gestión del tiempo y también la resolución de conflictos. Si lo tratas en una oficina, es más complicado pero en una cocina se conecta mejor.

P ¿La empresa te despide y para gestionar tu emoción te invita a un curso de Terapia Culinaria?

R No. La formación suele ser exclusiva para desarrollar las competencias y aptitudes de los trabajadores.

P ¿Existen otros proyectos como el suyo en España?

R Hasta donde yo sé, es el único. Antes de emprender mi proyecto investigué más de un año cómo llevarlo a cabo. En países de Europa sí que usan la cocina como un proyecto terapéutico muy sólido; también en centros hospitalarios, colegios y centros penitenciarios.

P ¿La han llamado?

R Sí, la asociación de discapacitados visuales de Barcelona me llamó para hacer un taller después de ver el proyecto. Ellos lo buscaban como apoyo cuando este tipo de personas busca empleo. Apliqué lo que yo denomino cocina sin límites, que es la parte más social de este proyecto. Existen programas de psicoestimulación que se hacen en residencias de personas mayores. A mí me han llamado de centros de día.

P La gran asignatura pendiente del sistema social: el cuidado de los mayores. ¿Cómo fue la experiencia?

R Conectaron sobre todo mujeres, primero porque hay más y también ¿qué mujeres entre 70 y 90 años no ha cocinado? Leemos una receta, vemos cómo aplicarla, que no les suene raro y que no les parezca que vuelven al colegio.

P ¿En qué se diferencia su Terapia Culinaria con un programa de autoayuda?

R Para mí lo esencial en la Terapia es el acompañamiento psicológico, al que diferencio con la práctica tradicional de mi oficio porque rompe el espacio, se establece una relación más cercana, no amigable, desde luego, aunque sí entre iguales.

P Siénteme en la cocina-diván. ¿Qué hago?

R Cada sesión es de dos horas, en las que cocinamos, hablamos. Las personas se van abriendo a medida que vamos cocinandos juntas; después comemos como cierre de la sesión.

P ¿El menú tiene que ver con la dolencia y/o carencia a tratar?

R No. Mis recetas son muy manuales, porque me gusta más trabajar la parte psicomotriz, sensorial; que tú trabajes con el alimento. Solemos cocinar pasta. En grupos, trabajamos los arroces. Es complicado trabajar ingredientes y sabores y estados porque en la cocina pasan muchas cosas, no es estático. El taller está conectado a lo oral y manual.

P ¿De qué nos cura cocinar?

R Como yo lo hago, nos cura de las prisas, los prejuicios, pero prefiero hablar en positivo; diría que estimula a identificar las emociones, a prestarnos atención y a comunicarnos con nosotros y con el otro.

P ¿Qué opina de Másterchef?

R La idea es buena: cocina casera, de lo amateur a trabajar con profesionales, pero creo que no utilizan ni las herramientas ni la gestión de las personas de manera adecuada. Es televisión, es puro espectáculo. Fomenta la competencia, aunque creo que la edición junior ha conseguido que los niños se acerquen a la cocina.

P ¿Sus usuarios repiten?

R Ellos valoran; yo rompo con lo tradicional en el que muchos pacientes se sienten obligados a volver a la consulta porque se rompe algo; yo lo dejo abierto. Creo que el psicólogo se siente muy cómodo en el sillón. Intento romper esas barreras.

P "Para pensar hay que comer", dijo Descartes. ¿A la inversa?

R Lo más creativo es cocinar con una nevera vacía. Ahora nos hemos vuelto muy exquisitos. Yo opto por cocina casera. La identidad es cultura.

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