24 de marzo de 2019
24.03.2019

Semana Santa, entre la tradición y la renovación

La reducción de procesiones implantada el año pasado es una vuelta a los orígenes y una adaptación a los nuevos tiempos

24.03.2019 | 02:45
Semana Santa, entre la tradición y la renovación

El Obispado ha creado una vicaría para formar e integrar a las cofradías

  • "Parece que las cofradías salen como champiñones al llegar la Semana Santa, pero no es así, sino que detrás hay un trabajo silencioso durante todo el año", tal como afirma Raúl Plaza, del secretariado diocesano de cofradías. Sin embargo, hasta la llegada del obispo Sebastià Taltavull, no existía una vicaría de piedad popular, que integra dichas organizaciones, por lo que "carecían de un instrumento  de atención pastoral que les diese formación y facilitase la integración", señala.

    Desde entonces, "como la Iglesia es una comunidad, se procura que las acciones de las entidades estén en consonancia con el plan pastoral de la Diócesis, es decir, que haya  unicidad, respetando como es obvio la idiosincrasia de cada cofradía o hermandad", en palabras del representante episcopal.

    La primera actuación que impulsó el obispo para que las asociaciones "no olviden su importante misión en la Iglesia" fue un encuentro de todas ellas en el convento de Santa Magdalena presidido por Taltavull. Poco antes de Navidad, volvieron a reunirse en el Seminario Menor para preparar el Adviento y hace dos domingos, el primero de la Cuaresma, hubo un evento similar en Lluc. El próximo encuentro, el sábado día 6 de abril, será un retiro en Santa Magdalena de las cofradías de toda Mallorca previo a la Semana Santa, que se iniciará el viernes 12 con la procesión de los Estandartes.

La reducción de procesiones de Semana Santa implantada el año pasado en Palma "fue el germen de la vuelta a la tradición" que el Obispado de Mallorca pretende impulsar entre las hermandades y cofradías. Antiguamente, había en Ciutat un recorrido por día, pero se produjo una eclosión y hasta hace dos años se celebraban 17 procesiones. Las nueve que en 2018 llenaron las calles del centro histórico y este 2019 comenzarán a hacerlo a partir del Viernes de Dolores, el día 12 de abril, reflejan "un cambio de sentido, el retorno a los orígenes, a las raíces, es decir, al Evangelio, tal como estableció en sus líneas maestras el Concilio Vaticano II", según explica Raúl Plaza, del secretariado diocesano de cofradías, que está integrado en la vicaría episcopal de piedad popular.

El regreso a la tradición implica paradógicamente la renovación, "adaptarse a los nuevos tiempos, debido a que no estamos en los años 40 o 50, en los que el fervor popular religioso era amplio. Y no hablemos de los siglos XIII al XV, cuando se erigían infinidad de conventos y catedrales", compara recordando que "hay que tener muy presente el contexto social en el que vivimos". Comprende que antaño se asociase el fervor a la creación de más procesiones, pero el Obispado "ha realizado una labor didáctica para que las entidades se vayan renovando y entiendan que su integración en otros recorridos tiene un sentido comunitario".

"Las cofradías lo han aceptado y existe una gran unión", según el representante episcopal, aunque sin dejar de lado que "está claro que siempre hay diferencias de criterio. Lo importante es buscar el punto intermedio dialogando", recomienda. Lo que la Diócesis busca, con Sebastià Taltavull al frente, es que estas entidades de naturaleza eclesiástica "vuelvan a ser un testimonio real de la fe, que obedezcan a pautas pastorales comunes y una misma acción, el auténtico testimonio de Jesús".

Dos ejemplos que combinan tradición y renovación son las dos cofradías que este año están de aniversario. La de Penitentes de Santiago, cuya sede canónica es la parroquia de Sant Jaume, cumple 75 años y lo celebra hoy con una misa a la que asistirá, entre otras, la hermandad Humildad y Paz, fundada hace una década.

Cofradía de Santiago

En la eucaristía que tendrá lugar a las 11 horas, 15 nuevos cofrades de Santiago recibirán la medalla de la asociación y ocho niños se sumarán a los 80 que componen la cantera y serán distinguidos con "la cruz de bienvenida, que llevarán en las procesiones", tal como explica el presidente desde el año 2012, Francisco Valls. A los penitentes antiguos también se les realizará un reconocimiento. Uno de ellos es José María Mas, que tiene 80 años y lleva 65 en la cofradía fundada en 1944. "Me apunté primero al coro, pero al poco tiempo se deshizo y seguí como nazareno", recuerda. Pese a llevar tanto tiempo, lo peor que ha vivido ocurrió el pasado Domingo de Ramos, porque "se tuvo que suspender la procesión debido a la lluvia", lamenta.

En su centenar de compañeros está la joven Carmen Cañellas, que se unió a los penitentes hace diez años animada por la familia y continúa implicándose como voluntaria en actividades, entre ellas "la catequesis que se imparte poco antes de Semana Santa para que los pequeños no se piensen que solo consiste en retirar la cera de los cirios". Para ellos, "el palito con el que la quitan es como un trofeo que guardan de un año a otro para demostrar su ayuda", destaca Valls. Él también llegó a la cofradía de Santiago –hace más de dos décadas– influido por su familia, aunque "la fundación se produjo por iniciativa vecinal, con el fin de crear una hermandad en el barrio asociada a la parroquia, como tantas otras". Los hermanos Villalonga Blanes y José Espases fueron los impulsores.

Al principio eran entre 40 y 50 cofrades y no tuvieron su primer paso hasta 1952, cuando la familia Balaguer Vallés encargó la obra escultórica de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén y la donó. Fue una época de esplendor, al igual que los años 90, "cuando se permitió la participación de las mujeres en las cofradías y todas aumentaron sus miembros", en palabras del más veterano, que también recuerda que tuvieron banda de música y nuevos pasos: el Cristo de las Siete Palabras y la Virgen de la Amargura, ambos de 2001. Componían un solo paso y fueron divididos cada uno con su estructura a ruedas. La Entrada Triunfal protagonizará la primera gran procesión de la Semana de Pasión, la del Domingo de Ramos.

Humildad y Paz

Ese día es muy importante para la hermandad castrense Humildad y Paz debido a que tiene un grupo de costaleras que hace dos años se estrenó con un paso, la Virgen de la Paz, de una tonelada. Sus más de 400 miembros –entre los hermanos, costaleros, músicos, monaguillos, etc.– pasan los días previos a la Semana Santa con gran intensidad, ensayando en un local de Son Cladera y ultimando los preparativos para que todo salga a la perfección.

Este año cumplen su primera década de existencia, en la que se han consolidado como entidad "con una idiosincrasia particular, que vive la devoción en el marco de nuestra comunidad", afirma el hermano mayor, Paco Almuedo. "Muchos de nosotros provenimos de otras cofradías, pero en ellas no encontrábamos el trabajo y el compromiso que requiere una hermandad de este tipo", tal como añade el fundador. Al contrario, Espira Torres "desconocía este mundo" antes de introducirse en él poco a poco a través de amigos; y valora sobre todo "el ambiente, el compañerismo, las ganas de ayudarse unos a otros", explica la tesorera, quien cree que "desde fuera no se le da la importancia que realmente tiene. A la gente le gustaría más la Semana Santa si supiera lo que hay detrás".

Los inicios de Humildad y Paz fueron difíciles, entre otras cosas porque "el Obispado no quería que hubiese más cofradías. Por ello, al principio salíamos solos el Miércoles Santo desde la iglesia castrense de Santa Margarita –su sede canónica– hasta el palacio de la Almudaina. Teníamos el visto bueno del arzobispado castrense desde 2008, debido a que muchos somos militares, y éramos casi un centenar de hermanos", por lo que ese año organizaron su primera procesión durante la festividad de la Cruz de Mayo.

La primera Semana Santa con la sede y estatutos aprobados fue en 2009 –de ahí el aniversario–, cuando ya contaban con los pasos de Jesús de la Humildad y Jesús ante Caifás. Ahora tienen también el de la Virgen de la Paz y más de 400 personas dedicadas a coser vestimentas y adornos, montar y mantener los tres pasos, ensayar en la banda o como costaleros, formar a los nuevos compañeros y, en definitiva, participar en la fe de esta hermandad.

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