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Sa Torreta

Palma ha sido ´Monotonizada´

Sant Miquel cuando aún tenía tiendas locales... y coches.

Sant Miquel cuando aún tenía tiendas locales... y coches. Torrelló

Todo se vuelve más uniforme en sus formas de vida exterior, todo se nivela a un esquema cultural homogéneo. Las tradiciones individuales de los pueblos se van desgastando, las costumbres se internacionalizan. Los países, en cierto modo parecen imbricarse cada vez más, la gente parece vivir y actuar de acuerdo con un mismo esquema, y cada vez son más las ciudades que se asemejan entre sí en su aspecto exterior".

El párrafo anterior fue escrito por Stefan Zweig en el artículo ´La monotonización del mundo´. Se publicó el 31 de enero de 1925 en el periódico austriaco Neue Freie Presse.

Pese a que ha transcurrido casi un siglo, las mismas ideas podrían aplicarse a las circunstancias actuales y a una ciudad como la Palma de hoy. Quizás Zweig erró en su lamento de entreguerras. O se anticipó. Si el proceso de crear un mundo monótono continúa, es porque un siglo después se mantiene una cierta dosis de diversidad.

Palma tiene muchos problemas. En el último medio siglo ha crecido demasiado. El urbanismo salvaje ha levantado construcciones de nula calidad material y estética. Su población ha dejado de saludarse por la calle porque el vecino ya es un desconocido.

En los últimos veinte años, el efecto monotonizador se ha acelerado en las calles más céntricas. Apenas queda comercio local. Incluso los bares se han franquiciado. Un paseo por las calles comerciales repite hasta el aburrimiento los rótulos con las marcas de las grandes urbes europeas. El fenómeno ha llegado también a la part forana. Las llagostes del Bosch son una excepción. Las tapas estilo mallorquín, con su frito, su pica-pica y su ensaladilla resisten en los mercados y en unos pocos bares heroicos del centro como la bodega de la Rambla. Algunos como Es Rebost defienden el producto mallorquín utilizando nuevas estrategias. El producto industrial, insulso y sin personalidad penetra gracias a cadenas que saltan de los aeropuertos al centro de la ciudad.

No hay razones para el optimismo. Recurriendo de nuevo a Zweig: "Contra está comodidad hasta los dioses luchan en vano".

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