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Palma a Palma

Doctor Google

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Internet ha revolucionado muchos hábitos de nuestra vida cotidiana. Desde las relaciones personales al conocimiento. Pasando también por la hipocondría. Antes, cuando a uno le dolía un poco la espalda lo habitual era consultar con algún amigo. "Oye, tengo un pinchazo aquí..." Tu amigo contestaba: "Uf, sí. Yo tuve el año pasado. Es lumbago".

Y te quedabas tan pancho.

Ahora, sin embargo, casi nadie pregunta a la abuela o los amigos. Todo el mundo se acuerda del doctor Google. Internet se ha convertido en el consultorio médico más consultado de la historia. Y también uno de los más peligrosos.

Al primer síntoma, uno tiene la tentación de utilizar el buscador. Basta con poner "dolor de espalda". Y de repente surgen centenares de entradas dándote indicaciones y diagnósticos sobre tu presunto mal. Se despliega el mapa más terrible de males de todo tipo. Con los ojos muy abiertos vas repasando las diferentes hipótesis. Lumbago agudo, desviación de la columna, infección renal, úlcera de estómago, infarto de miocardio, cáncer de huesos. ¡Y todo ello acompañado por las correspondientes fotos y muchos gráficos!

El lector incauto se queda paralizado ante todo ese exceso de información. Hasta el punto de que su umbral perceptivo se bloquea y sólo busca las palabras más catastróficas: incurable, causa de muerte, operación, alto riesgo, degenerativo... Es como si su mente, al enfrentarse a tal alud de datos médicos, perdiera los nervios y computase únicamente los ítems más alarmantes.

Así hasta que cierras el ordenador con un sudor frío. A punto de correr a urgencias. Convencido de que te quedan pocos días de vida.

El doctor Google ayuda a mucha gente a comprender mejor los temas sanitarios, pues da acceso a toda una serie de informaciones que antes resultaban inalcanzables. Pero al mismo tiempo puede convertirse en un veneno mortal para todo hipocondríaco. Enganchado a docenas de páginas médicas, consultas de doctores y revistas especializadas, de las cuales solo entiende la mitad. Lo suficiente para aterrorizarse. Crea una peligrosa adicción y puede contribuir a la aparición de miles de enfermos imaginarios.

Al final, la hipocondría termina por convertirse en la enfermedad de los que tienen miedo de caer enfermos. Un círculo fatal.

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