11 de enero de 2018
11.01.2018
Entrevista

Catalina Solivellas: "Las ciudades las hacen sus habitantes, porque de lo contrario son decorados"

La pregonera de las fiestas pide a los políticos "que trabajen para los ciudadanos, no para los fondos de inversión"

11.01.2018 | 02:45
¿Cómo era Ciutat en su niñez?
Las calles donde yo nací, que ahora son la milla de oro –junto al Born–, eran oscuras, húmedas y daban miedo. Había sitios por los que no nos dejaban ir, como Sant Felio después del Rialto, porque estaba lleno de bares a los que iban los marines a divertirse tras volver de la guerra de Vietnam. Cuando pasábamos con el coche con mi padre o mi madre, algunas veces veíamos grupos de borrachos. Por eso no podíamos ir por allí.

Luego se marchó a Barcelona. ¿Palma se quedaba pequeña?
Fui a estudiar porque, después de hacer aquí todos los cursos que había y haber estado en la escuela de Leona di Marco, la persona que más trascendencia ha tenido para mí en el teatro, quería aprender más. Han pasado 33 años y, pese a que hemos avanzado, es difícil que un actor pueda vivir de su trabajo, por no decir imposible.

Durante la presentación del programa de fiestas ha dicho que "ya es hora de que el teatro en Palma tenga el lugar que le corresponde".
Hubo una época en que Palma tuvo un festival internacional de teatro y venían todas las primeras figuras mundiales. Después llegó una etapa oscura durante muchos años. No ocurría nada en el ámbito teatral. El Principal está cogiendo cierta envergadura actualmente. Por ejemplo, la obra de Catalina Homar, con una producción de Mallorca, puede competir fuera perfectamente. Hay que continuar por este camino.

¿Ciutat es más teatral o más cinematográfica?
Las dos. Es un escenario ideal para El mercader de Venecia. Y es muy cinematográfica. Estos días, preparando el pregón, recordaba de mi infancia cómo era la señora del horno en el que comprábamos el pan o el remendón de la calle Sant Gaietà. ¡Eran personajes de Tim Burton! Ella blanca, toda llena de harina, y él sentado en una silla baja rodeado de zapatos y con la cara llena de betún. Y había una mujer que vendía muñecas y ella misma era como una muñeca.

¿Por qué no se aprovecha más este potencial escénico?
No lo sé. Siempre lo he pensado y no encuentro respuesta. Palma tiene todo para ser un epicentro cultural potente. Tal vez es porque los políticos, por desgracia, no son muy cultos y, si no les interesa, no eligen bien a quienes gestionan la cultura, que tampoco saben elegir entre un proyecto profesional y uno amateur, por ejemplo. Deben buscar la excelencia en la cultura. Me encantaría que en las noticias estatales saliese Palma porque se celebra tal obra o exposición, pero salimos por otras cosas.

¿Será un pregón nostálgico o reivindicativo?
He querido huir de la nostalgia en plan 'cualquier tiempo pasado fue mejor'. No siempre, ni mucho menos. Todos los pregones tienen un componente reivindicativo, pero no es el momento de hacer reivindicaciones políticas. Quiero invitar a las fiestas y hacer ver a los palmesanos que viven en un lugar privilegiado, que sean conscientes de ello y que, en la medida de sus posibilidades, dejen una ciudad mejor de lo que la encontraron.

¿Qué le falta?
Que los jóvenes tengan acceso a una vivienda sin compartir piso con 30 y pico años. Que los coches de alquiler paguen una ecotasa o, al menos, tributen aquí. Que los palmesanos no sean excluidos de la ciudad. Los políticos tienen que trabajar para nosotros, no para los fondos de inversión. Las ciudades las hacen sus habitantes, porque de lo contrario son decorados. Es básico que quienes adoptan las decisiones se pregunten cómo quieren que sea Palma dentro de 20 años, ¿un parque temático para los europeos del norte?

¿Le sobran turistas?
Ha sido el tema del verano. Mis amigos que viven en el centro lo dicen. Es muy difícil compaginar esta masificación con el día a día de los ciudadanos, por lo que tal vez deberían regularlo con cupos, que no vengan todos a la vez.

Los extranjeros también han comprado numerosas viviendas del centro. ¿Han visto lo que no supieron apreciar los locales?
Los mallorquines parece que estamos empardalados. Hemos nacido en un paraíso, tanto Ciutat como el resto de la isla, y a veces no lo sabemos ver. No conozco ninguna ciudad del Mediterráneo con el gótico de Palma o el call, sin hablar de la Catedral, junto al mar. Los extranjeros, sobre todo del norte de Europa, que están más adelantados, se han dado cuenta y lo han aprovechado. También lo vieron muchos visitantes ilustres, desde s'Arxiduc hasta Thomas Bernhard, pero nosotros todavía estamos atontados.

¿Qué personaje palmesano le gustaría interpretar?
La escritora norteamericana Gertrude Stein es un personaje que me fascina y vivió un tiempo en El Terreno. Me gustaría poder interpretarla durante esa época. También me encantaría trabajar sobre una empresaria y actriz que se llamaba Cristina Valls. Aunque más que interpretar, lo suyo sería un hacer documental televisivo. Era una empresaria teatral con su propia compañía, que actuaba en el antiguo teatro Lírico.

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