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Diario de Mallorca

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Sa Torreta

Lo que importa es la magia

Una imagen antigua de los Reyes a su llegada a Palma. diario de mallorca

Conservo muy pocas imágenes de mis primeros cinco o seis años de vida. Pero una de las que están fijadas en mi memoria es la de la llegada de los Reyes Magos al puerto de Palma. Me acompañó mi tío Andreu y desde la muralla, al pie de la Almudaina, vi acercarse una embarcación envuelta en humo de colores en la que, me dijeron, viajaban los magos que unas horas después dejarían los regalos en casa de mis abuelos en Son Sardina y de mis padres en Alaró.

Era muy a principios de los años 60 y no sé si montaban camellos o caballos. Ni si había carrozas o marcas comerciales que patrocinaban la cabalgata.

Ahora repaso la hemeroteca de Diario de Mallorca y descubro algunos hechos que se han borrado de mis recuerdos. Sé que el recibimiento a Melchor, Gaspar y Baltasar fue "grandioso" o "apoteósico" porque eran los epítetos que se alternaban en los titulares de la crónica. También descubro que la cabalgata que contemplé con mis ojos infantiles fue "magnífica", porque este era el calificativo con el que cada 6 de enero se evaluaba el espectáculo organizado, y ese sí es un descubrimiento, por el Frente de Juventudes, o sea por la Falange. ¡Qué difícil resulta a los periodistas de ayer y hoy describir con unas mínimas dosis de originalidad un acontecimiento repetitivo!

La cabalgata de mi infancia se abría con la policía montada, seguida de los macers de la Salamacers. Una estrella y tres carrozas representando el oro el incienso y la mirra precedían a los protagonistas. En algunas ediciones iban a lomos de caballo y otras sobre las jorobas de los dromedarios que, a falta de turistas que pasear por s'Arenal, transportaban a los tres misteriosos personajes.

La música la ponían las bandas de la Policía Local, del Regimiento de Infantería Palma 47 y de la Infantería de Marina. Las carrozas no sabían nada de Pocahontas ni de Frozen y optaban por los clásicos: La ratita presumida, Caperucita Roja y Blancanieves.

Pero a lo niños de ayer y a los de hoy no les importa demasiado la parafernalia. Lo único que les queda es la magia de una noche que jamás se olvida.

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