22 de octubre de 2017
22.10.2017
ABCDario palmesano

Con la E de Es Fortí

22.10.2017 | 02:45
Con la E de Es Fortí
Es curioso que uno de los lugares más abiertamente conservador y españolista de Palma no se nombre jamás en castellano. No conozco a nadie, por muy teniente de Guadalajara que sea, que diga "Celebraremos la comunión de Almudena en El Fortín".

De pequeña, Es Fortí me tenía subyugada. Si me concentro lo suficiente, puedo verme con seis, siete, ocho años, botando en la parte de atrás del coche (sin sillita, sin cinturón de seguridad), emocionada ante la perspectiva de pasar allí un día entero.

Piensen que la infancia de los niños palmesanos estaba exenta de sofisticación: carecíamos de chiquiparques, de jumpingsnoséqué, de tirolinas y de paintballs. De parques acuáticos, ni les cuento, no nos cabía en la cabeza que tal prodigio pudiera existir. Pero Es Fortí, con sus tres piscinas y sus altísimos trampolines, sus zonas verdes y sus instalaciones deportivas nos parecía la octava maravilla del mundo.

En aquel lugar había siempre un ambientazo: los padres se tiraban la mañana en la terraza de la cafetería, mientras las madres recibían clases de tenis convenientemente uniformadas con un polo blanco y una minifalda de tablas. No como ahora, que hay tanta lycra fosforescente moviéndose en las pistas de pádel como en una pesadilla psicodélica. Mientras tanto, los grupos de niños, libres del control parental, nos convertíamos en los amos del recinto. Todo era divertido: los columpios, el escondite, abrir y cerrar los grifos de las duchas, chupar un Cola Jet, correr descalzos por el césped...

De hecho, a los niños de entonces sólo se nos podía amargar la vida de dos maneras: obligándonos a dormir la siesta o haciéndonos esperar dos horas tras el almuerzo para zambullirnos en el agua. Por lo demás, éramos felices, lo cual no es extraño si se tiene en cuenta que apenas teníamos pasado y el que teníamos era tan corto que lo recordábamos casi día por día. El futuro era un borrón (un "burotacho") suspendido ante nosotros como una pequeña nube. No había más día que el hoy ni más porvenir que acordarnos, súbitamente, de que el lunes había cole.

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