05 de septiembre de 2017
05.09.2017
Un cierre anunciado

El largo adiós del Bar Cristal

Clientes habituales y otros ocasionales se despiden desde hace días de la familia Ramis y de los camareros de la cafetería

07.09.2017 | 02:20
El largo adiós del Bar Cristal
El largo adiós del Bar Cristal

Un cierre anunciado. El histórico y emblemático establecimiento de la plaza España bajará esta noche la persiana de forma definitiva. Tras 62 años, sus responsables no han previsto hacer nada especial hoy. Tras semanas de angustia por el futuro, el cierre llega con resignación, con rabia hacia políticos que no han pisado el local, pero con la esperanza de que "cuando una puerta se cierra, se abren 30 ventanas"

"Hoy es el último día que vengo. Gracias por todos estos años", así se despedía ayer uno de los muchos clientes del Bar Cristal, en la plaza España, que esta noche bajará la persiana definitivamente después de 62 años. Las despedidas son continuas desde que se supo del adiós de este emblemático café, en manos de la familia Ramis, que no puede afrontar el elevado alquiler que pide la familia Isern, propietaria del local.

"Saldremos adelante. Esto es algo material y la salud es lo que importa", se consolaba ayer Tolo Ramis tras la barra que su familia regenta desde 1955. Entre comanda y comanda, Tolo daba explicaciones a los clientes que se acercaban hasta su mostrador. Algunos se enteraban ayer mismo y preguntaban por la razón del cierre. "Nos hacen cerrar, que no es lo mismo", replicaba Ramis ante una clienta.

Alquiler astronómico


Tras décadas de contrato con los Isern, este año no han podido afrontar los 25.000 euros que otros han ofrecido por el local, situado en la esquina de la plaza España con las avenidas. La familia Isern es la propietaria de este establecimiento, al igual que lo es del café 1916, que gestiona directamente y que algunos ya se aventuran a decir que seguirá el mismo camino que el Cristal.

Para hoy no hay prevista ninguna despedida especial. Cuando el último cliente abandone el local, cerrarán. Para los habituales, ya organizaron hace una semana una llonguetada.

La resignación de Tolo Ramis y la de los trabajadores era patente ayer. A estas alturas, ya han digerido el adiós y tienen la mente puesta en las vacaciones, aunque sean forzosas, porque todo este tiempo de espera, desde que se supo del cierre hasta hoy, "ha sido duro". Tolo reconoce que tiene la cabeza " com una olla de caragols" y asegura que necesita un descanso. Después, ya se verá, quizá haya un nuevo Cristal. "No lo sé", comenta Ramis, quien, junto a su hermana, Mita, recogió el relevo de sus padres, Bartolomé Ramis y Magdalena Ferrer.

Tolo se contiene, dice que algún día puede que hable, o escriba, sobre todo lo que ha visto en su local. Aun así, lanza una crítica a todos los políticos, a los que dicen estar al lado de comercios y negocios de toda la vida. Ninguno, de ningún partido, ha pisado el bar ni ha llamado para intentar remediar la situación.

Una puerta se cierra...


Su sobrino y nieto de los fundadores del Cristal comparte la indignación. Lorenzo Burguera trabaja en el Cristal desde hace unos diez años. Como su tío, una vez cerrado el negocio, solo prevé descansar y disfrutar de sus hijos pequeños, algo que no ha podido hacer hasta ahora. "Se cierra una puerta y se abrirán 30 ventanas", afirma optimista sobre su futuro laboral.

El bar tiene once trabajadores, todos ellos con bastantes años de contrato, que se verán obligados a buscar un nuevo trabajo. Conocen a sus clientes, "que entran aquí como si fuera el salón de su casa", describe Lorenzo. Ayer, muchos de ellos escribían en el libro de recuerdos...

Pegado a los espejos hay un gran escrito de despedida de los Ramis y agradecimiento a los clientes del Cristal. "Quedará en la memoria de nuestra ciudad", concluye la dedicatoria.

El de ayer, como se prevé que sea hoy, fue un día de total normalidad en el bar. Mañana ya llegará el momento de vaciar el local. La familia Ramis lo tiene todo previsto, vendido y recolocado. Pero no todo morirá con el cierre del Cristal. El hijo de Tolo tiene un restaurante, cerca de vía Roma, cuyo nombre es todo un homenaje al negocio familiar: Vidre.

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