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Crónica de antaño

La catedral y el terremoto de 1851

Tras el seísmo, un informe pericial alertó del riesgo de desplome inminente. manu mielniezuk

La catedral de Mallorca se empezó a construir hacia el 1300, pero el cabildo tuvo que esperar tres siglos de intensas obras para dar por finalizada toda la fábrica. La Seu fue consagrada tras culminar su fachada principal en 1601. De esa fachada original, únicamente nos ha llegado el magnífico portal de Antoni Verger, el cual aparece presidido por la Inmaculada, el resto fue erigida durante el siglo XIX. El primer frontis era cuasi cuadrado reforzado por cuatro torres, que partían la fachada en tres partes, correspondientes a las tres naves interiores, es decir, seguía los cánones del gótico meridional, de los que Mallorca goza de muchos ejemplos. En cada una de las partes había un portal y un rosetón, siendo los centrales de mayor dimensión y altura. Sobre los dos rosetones laterales se abría un gran ventanal ojival a través del cual se podían ver los arbotantes que volaban sobre las naves laterales. Desde que se empezó a erigir su atrevida nave central, durante la primera mitad del siglo XIV, sus finas y altísimas pilastras octogonales había dejado boquiabiertos a todos los visitantes. Antonio Furió dijo sobre estas delicadas columnas que "los viajeros las tienen como una temeridad del arte por ser delgadas, pocas y destinadas a sostener una mole inmensa". Esa osadía arquitectónica no tardó en pasar factura al edificio. Ya en el siglo XVI se empezaron a desmoronar algunas bóvedas. Cuarenta años después de la consagración de la Catedral, hacia mediados del siglo XVII, el importante desplome que presentaba su fachada principal (la que se sitúa frente al castillo de la Almudaina) alarmó a los canónigos y a las autoridades de la isla. El motivo de ese extraplomo no era otro que el resultado de las fuerzas ejercidas por el conjunto de la estructura arquitectónica del edificio. Las altas pilastras presentaban una ligera inclinación hacia el frontis, transmitiendo así una enorme presión de empuje. Pronto observaron que esa desviación podía ir a más, pudiendo llegar a provocar el derrumbe parcial de la fachada. Ante esta situación, los canónigos y el procurador real convocaron una junta de catorce peritos, los cuales tras reunirse y estudiar el problema llegaron a la conclusión de que el frontis debía repararse "desde los cimientos hasta la altura de cien palmos, y tapiarse las puertas laterales". Así se hizo y también se cegaron los rosetones, el central y los laterales. De todas formas, la fachada mantuvo un considerable desplome, por lo que no dejó de preocupar al cabildo y a las autoridades.

Ya en el siglo XIX, concretamente en 1840, Pau Piferrer al referirse a la fachada de la catedral dijo "Pero esta preocupación [la del empuje de las naves sobre la fachada] no ha podido impedir que el gran frontis de 20 palmos de espesor cediese un tanto al empuje, y por su parte superior tomase una inclinación, que ya de lejos el viajero divisa con espanto". Esta afirmación de Piferrer publicada en su conocida obra "Recuerdos y bellezas de España. Mallorca", intensificó el debate entre los responsables de la Seu y de la Administración Pública. La fachada reclamaba una pronta solución. Lo que nadie se podía imaginar es que un terremoto precipitaría la remodelación de toda la fachada.

Los habitantes de Mallorca nunca estuvieron pendientes de los terremotos. Este tipo de fenómenos, muchas veces catastróficos, se veían como algo ajeno y lejano. Por ejemplo, en noviembre de 1688, se celebraron rogativas en todas las parroquias y conventos de la ciudad para "para impretar a la Providencia que nos librara de terremotos, como los sufridos en las ciudades de Nápoles y de Lima".

Las crónicas mallorquinas recogen pocas noticias sobre ellos. Por ejemplo, el 18 de marzo 1660 se pudo notar un pequeño terremoto en Campos. Después, durante algunos días, se volvieron a sentir algunas réplicas, como la de la noche del día 28 del mismo mes. No debió ser nada importante. Otro terremoto tuvo lugar en la localidad de Santa Maria del Camí, a principios de julio de 1763, el cual debió ser también de baja intensidad, pues no parece que ocurriera ninguna desgracia. El 26 de mayo del año siguiente hubo otro en el pueblo de Sencelles; como también lo hubo en Inca, el 14 de marzo de 1783. Parece ser que todos ellos fueron terremotos de poca intensidad y de los cuales no se tuvo que lamentar ninguna desgracia importante.

En Palma también se detectaron terremotos, como aquel que dio un gran susto a las monjas jerónimas durante aquella fría noche de 1773: "A cosa de las diez de la noche [de día 7 de diciembre] se sintió en Palma un ligero terremoto; las oscilaciones, semejantes a un trueno sordo, corrieron de norte a sur y duraron algunos segundos. Sintióse más en algunos puntos de la ciudad que en otros. Asustáronse mucho las Religiosas de S. Jerónimo y hubo que sangrar a varias de ellas. No hubo desgracias ni notables desperfectos. Al día siguiente se sintió de nuevo el temblor de la tierra".

En cambio, el terremoto que tuvo lugar la noche del 15 de mayo de 1851 sí tuvo repercusiones importantes, especialmente en la catedral, a la que se le desmoronó parcialmente una de las torres de la fachada. En el Diario del día 16 se puede leer: " A las 2 menos cuarto de la mañana de la madrugada de hoy, un violento sacudimiento de la tierra, acompañado de un espantoso estrépito, como de peñascos que se desmoronan unos sobre otros, ha venido a sorprender terriblemente a los moradores de esta capital, que aterrados por el amenazador fenómeno, han abandonado sus camas y sus habitaciones yendo a pernoctar en las plazas, muelles y murallas. Cuando el sol ha venido a iluminar la escena del desastre, háse visto que no habían sido pánicos terrores. Los edificios de nuestra magnífica catedral, de San Francisco de Asís, de San Miguel, de Santa Eulalia, etc, mutilados, y las ruinas y hendiduras de poca consideración que en todos los edificios se notan". En el bando del Gobernador publicado el día 17 se podían leer los desperfectos que había causado el terremoto en los edificios de la ciudad. Según este bando los edificios más afectados fueron la catedral, San Miguel, San Agustín, San Francisco y el colegio de Montesión. En San Francisco cayó la linterna del campanario atravesando una de las bóvedas de la iglesia, mientras que el claustro medieval se vio afectado por importantes grietas. Del castillo de la Almudaina, la torre del Ángel y el campanario de la capilla de Santa Ana quedaron gravemente afectados, amenazando ruina. Por lo que respecta a la catedral: "De las dos agujas que flanqueaban la gran fachada de la Seo, rajó y derribó el fenómeno la más moderna, que arrastró en su caída una parte considerable del pretil de la galería que la circundaba". El día 19 los habitantes de Palma volvieron a sentir los temblores de la tierra. Esa noche muy poca gente durmió en su casa, y sí lo hizo acampada en las afueras o subiendo a bordo de los barcos anclados en el puerto.

El preocupante estado en que había quedado la fachada principal de la catedral, provocó que el cabildo y el gobernador encargasen un informe pericial. Éste, una vez presentado, fue contundente: debía desmontarse la mayor parte de la fachada pues su desplome era inminente. El arquitecto Antoni Sureda fue el encargado de desmontar pieza a pieza el frontis catedralicio. Empezaban así las obras que desembocarían en el levantamiento de la fachada actual.

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