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La inmortalidad en internet

La inmortalidad en internet

La inmortalidad en internet

El mundo de internet tiene sus propias reglas. Que además no dependen de ti. De repente, empiezas a recibir notificaciones de extrañas páginas. O resúmenes semanales de la actividad de tu blog. Demandas de amistad de Facebook. Convocatorias de eventos que no te interesan. Es un flujo constante, impregnante. Que al igual que pasa con las gotas de agua en las cuevas, acaba por formar sus estalactitas y sus estalagmitas.

Al final, esos acontecimientos de internet tienen una curiosa analogía con el paisaje. Te llegan las notificaciones igual que los vencejos anuncian cada año la primavera. Transcurren los eventos y las invitaciones con la regularidad lejana de las nubes. Titilean las peticiones de amistad con igual silencio que brillan las estrellas en la noche.

Es un orden nuevo, inasible. Pero que recorre sus órbitas y sus trayectos. Y que como todo paisaje, te hace plantearte problemas existenciales. De manera que un día te levantas melancólico y te preguntas si las notificaciones de las visitas a tu blog te sobrevivirán. Si el día en que hayas dejado este mundo, te seguirán llegando imperturbables, serenas. Y en cierta manera sobrevivirás gracias a un montón de correo no deseado que seguirá alumbrando la breve candela de tu nombre. Como esas velas oscilantes que se colocan en las tumbas.

Al final, internet también tendrá su propia inmortalidad. Allí seguirán tus fotos, tus comentarios, tus correos. Como esos barcos vikingos donde colocaban a los guerreros para su último viaje hacia la eternidad.

Ya no hace falta reflexionar sobre la futilidad de la vida humana, comparándola con un árbol o una playa. Ahora basta con relacionarla con nuestro contador de visitas.

Y el efecto metafísico será el mismo.

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