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Corrupción en la Policía Local

Dos policías vigilaban con prismáticos y 'walkies' para ayudar a carteristas de s'Arenal

Subían a las azoteas de hoteles de la Platja de Palma y alertaban a delincuentes sobre posibles víctimas

Dos policías vigilaban con prismáticos y 'walkies' para ayudar a carteristas de s'Arenal

Como si fueran los protagonistas de una película de gángsters, algunos de los policías locales imputados en la trama corrupta utilizaban técnicas paramilitares para conseguir favores del mundo de la delincuencia. Un policía local, testigo en el sumario judicial, denunció ante la Fiscalía que dos de sus compañeros vigilaban la Platja de Palma con walkie-talkies, visores nocturnos y prismáticos de largo alcance desde las azoteas de los hoteles. Su finalidad no era garantizar la seguridad de la zona y atrapar a los malos. Según el testimonio del agente, estos dos policías colaboraban con una banda de carteristas. Se dedicaban a detectar posibles víctimas fáciles de robar -ya fuera porque estaban borrachas o despistadas- e indicaban su ubicación a los ladrones.

El testigo explicó al fiscal anticorrupción Miguel Ángel Subirán que una noche un taxista le comentó acerca de la presencia de carteristas en las azoteas de hoteles. "Preguntamos a los recepcionistas y estos respondieron que los únicos que subían eran agentes de policía claramente identificados", declaró el policía.

El denunciante asegura que en otra jornada de patrulla nocturna vieron a uno de los policías ahora imputados paseando por la Platja de Palma con un walkie y unos prismáticos. El agente lo justificó diciendo que le habían encargado vigilar la playa desde lo alto de los edificios. Sin embargo, en aquel momento ese policía era interino, había perdido la plaza en Palma y estaba destinado en el cuerpo de Manacor.

Durante el pasado mandato, con Mateo Isern (PP) en la alcaldía, algunas de las unidades policiales eran apodadas Los hombres de Harrelson porque el modelo diseñado para los agentes municipales pretendía imitar a los antidisturbios tanto en la vestimenta como en sus funciones.

El agente imputado que colaboraba con los carteristas realizó dos cursos de los SWAT, la unidad de élite de la policía estadounidense, según señala otro de los testimonios recopilados en el sumario, que también es miembro de la policía palmesana.

El denunciante relata otro episodio similar con un segundo compañero implicado. En aquel caso, el policía estaba de paisano en las cercanías de la calle del jamón "con un walkie en la mano, sin ser su turno de trabajo". El testigo afirma que no comunicó aquellos hechos en su momento porque "todo parecía raro, pero verosímil".

Tácticas de despiste

Entre las tácticas usadas por la banda de carteristas estaban las de avisar de incidentes falsos para despistar a los policías. Cuando el denunciante estaba en una zona conflictiva de Platja de Palma, una llamada anónima alertaba de que había un contenedor en llamas o una pelea multitudinaria. Todas las patrullas recibían el aviso y se trasladaban de una punta a otra de s'Arenal.

"Cuando se validaba el teléfono, resultaba ser de Rumanía o de Bulgaria y el servicio era mentira. Lo que querían era quitarnos de la zona para poder robar con tranquilidad, cosa que sucedía, porque luego al volver nos abordaban los turistas a quienes habían dado una paliza brutalmente", explica el agente en su declaración ante la Fiscalía.

"Una vez, en vez de ir al presunto contenedor, nos quedamos escondidos y de repente empezaron a aparecer rumanos de todas partes. Cuando repararon en nuestra presencia empezaron a correr espantados en todas direcciones, porque no se lo esperaban", agrega el denunciante.

Según la investigación judicial, estos favores de ciertos policías a los delincuentes luego eran recompensados con servicios sexuales gratuitos o con drogas.

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