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Palma a Palma

Queridas obras

Alo largo de la vida, en una ocasión u otra te toca convivir con unas obras. Hay épocas más agitadas que otras. Pero el día en que ves a uno o dos operarios trajinando herramientas hacia la casa de al lado, sabes que te espera una intensa experiencia.

Esas queridas obras terminan por convertirse en uno más de la familia. Entran en tu vida. Conviven contigo. Te determinan determinados hábitos. Te enseñan extrañas reglas que nunca hubieras podido sospechar. Por ejemplo, ¿por qué todas las obras empiezan a las ocho de la mañana con golpes, crujidos, destripamientos de paredes y otros sacudimientos sónicos, y se detienen apenas media hora después? ¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde se han ido?

Con los años, he llegado a sospechar que existe un secreto magnetismo digno de estudio. Que de una forma poco explicable relaciona las horas de sueño con los estrépitos más sonoros. Parece como si supiesen cuando todavía duermes o el momento en que llega ese ratito de la siesta. Porque pese a estar en silencio hasta entonces, renuevan la tarea con alborozo en cuanto depositas tu cabeza en el sofá. Ai-bó, Ai-bó.

Las obras introducen nuevos personajes en tu vida cotidiana. Por ejemplo las máquinas abridoras de regatas. Toda tu casa retiembla a los impulsos de esa especie de cocodrilos mecánicos. Malévolos, porque a veces parecen pararse y llenarte de esperanza para después reiniciar otra vez su estrépito con más contundencia.

Y qué decir de las radiales. Son las Montserrat Caballé de las obras. Con esos repuntes operísticos. Esas subidas y bajadas de tono magistrales. Por no hablar de los tubos para evacuar los escombros. Esos sí que condicionan tu vida. Tienen un ritmo parecido a las olas del mar, pero en derribo. Caen rítmicamente, mientras intentas aprovechar el espacio intermedio para olvidarte de ellos. Y cuando llegan al contenedor, ¡qué éxtasis! Tiene algo de orgásmico. Los reventamientos de tejas, los golpes de maza para tirar paredes, los repiques de martillo, el montaje y desmontaje de los tubos del andamio. Una verdadera orquesta sinfónica de la cacofonía que da otra dimensión a tu vida.

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