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Corrupción en la Policía Local

Un empresario montaba orgías con políticos para no tener inspecciones

Las prostitutas de un local de la Playa de Palma desvelan su presencia en fiestas con la presencia de cargos públicos, a los que se invitaba a botellas de champán francés y después a mantener relaciones sexuales sin pagar el servicio

Algunas de las fiestas se celebraban en el área privada del prostíbulo Table Dance, en la Playa de Palma.

Algunas de las fiestas se celebraban en el área privada del prostíbulo Table Dance, en la Playa de Palma. m. mielniezuk

Un empresario nocturno, propietario de varios prostíbulos de la Playa de Palma, organizaba orgías sexuales con prostitutas, a las que asistían políticos de Mallorca. Entre los invitados, acudían alcaldes de la isla. Así lo desvelan tres prostitutas que han declarado ante la juez tres prostitutas que han declarado ante la juez en el marco de la investigación sobre el caso de corrupción que salpica a varios policías locales de Palma. Estos asistentes también consumían gratuitamente en los prostíbulos y mantenían relaciones sexuales con las mujeres, sin pagar los servicios, a cambio supuestamente de que avisaran al propietario cada vez que se planeaba realizar una inspección al local.

El empresario que organizaba estas orgías era Miguel P., propietario del conocido prostíbulo Table Dance, en la Playa de Palma, que fue detenido hace varios meses y que ahora está en libertad bajo fianza. Varias de las chicas que trabajaban para él, a quienes la juez les otorga la condición de testigos protegidos, han desvelado que las fiestas con políticos se celebraban, en ocasiones, en una finca en Binissalem y otras en una sala privada, que este prostíbulo dispone en la parte superior del local.

Una de las chicas ha contado con todo tipo de detalle la primera vez que asistió a una de estas fiestas sexuales, que se organizó en la finca de Binissalem. Las orgías se solían organizar durante el día, ya que de noche las mujeres trabajaban en el club. La testigo es extranjera y en la finca llegó a contar hasta ocho chicas, todas ellas rusas. Allí había entre siete u ocho hombres, todos ellos políticos, incluidos algunos alcaldes. Al llevar poco tiempo en la isla no conocía ni a uno solo de los invitados. Solo sabía que eran políticos. Uno de los empleados sí conocía quienes eran, pero no facilitaba esta información a las mujeres. Antes de que llegaran las prostitutas, el anfitrión invitaba a manteles a los políticos, según desvela también la testigo. Y les agasajaba con las mejores bebidas, incluidas botellas de champagne de las marcas Moët Chandon o Dom Pérignon. Las chicas recibían indicaciones del empresario: "Que fuéramos especialmente cariñosas y que no les cobráramos si manteníamos relaciones sexuales". La factura la abonaba después el propietario del prostíbulo.

En la segunda fiesta en la que estuvo, celebrada en la sala privada del prostíbulo, el número de políticos que asistían a la orgía fue aumentando. Hasta quince invitados llegó a contar la testigo, que se dio cuenta que varios de ellos eran los mismos que ya habían asistido a la otra celebración. "Tenía la orden de hacer como que no los conocía, porque no querían que se les identificara". Tampoco se les podía hacer preguntas, para que no supieran que se trataba de personajes influyentes. Pero ellas ya se habían fijado que llegaban en coches de alta gama y, además, "iban bien vestidos".

Ninguna de las chicas a las que ha interrogado la juez identifica ni a uno solo de los políticos que asistieron a estos masivos encuentros sexuales. Sin embargo, una de ella da un detalle significativo. Cuenta que el político con el que mantuvo relaciones sexuales gratuitas fue un alcalde y que lo sabía porque después de dejar el cargo "se había marchado a Madrid".

Para ser discreto, el empresario abandonaba el local mientras los políticos alternaban con las prostitutas. Sin embargo, antes de irse transmitía las órdenes oportunas. "Nos teníamos que comportar bien con ellos y hacer lo que dijesen, sin hacer preguntas".

La Guardia Civil mostró una serie de fotografías a estas prostitutas, tanto de policías locales que consumían gratuitamente en estos locales de alterne, como de políticos que pudieron asistir a estos encuentros sexuales. Las chicas identificaran a varios de ellos, si bien en la diligencia policial no aparecen sus identidades. Solo se cita el nombre de la fotografía, pero los investigadores conocen de qué cargos públicos se trata.

La investigación demuestra, además, que este local de alterne de la Playa de Palma recibió un trato de favor con respecto a otros negocios. Se sabía con antelación cuando se iba a practicar una inspección en el negocio. Alguien avisaba al empresario, que se preocupaba para que esa noche las mujeres que carecían de documentación por estar en España de forma irregular, no acudieran a trabajar. Los inspectores solo se encontraban con prostitutas con la documentación en regla. Así no había sanciones.

Pero además de políticos, según la investigación, el empresario también buscaba favores en la Policía Local. Los agentes que acudían al prostíbulo nunca pagaban, ni a las chicas ni a las copas, e incluso contrataban pólizas de seguros a uno de ellos.

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