09 de noviembre de 2014
09.11.2014
Crónica de antaño

La mayor escuadra nunca vista en la bahía

09.11.2014 | 06:50
Fernando VII autorizó que la marina francesa usara el puerto de Palma como base.
Durante el mes de julio de 1830 Francia conquistó Argelia. Era el inicio de una ocupación que duraría hasta 1962. Varias fueron las causas que motivaron esta campaña. Sin duda, una de ellas fue la eterna amenaza de los piratas de Barbería en el Mediterráneo, en la que las potencias europeas estaban obligadas a pagar fuertes tributos al Dey (jefe político de Argelia). En este sentido, en 1808 Napoleón ya había planeado ocupar el norte de África, con tal de hacer frente a los corsarios ingleses y berberiscos, como Jair al-Din Barbarroja. Otra de las causas que se pueden apuntar fue el convenio de 1796, en virtud del cual Argelia suministró abundante trigo a Francia a causa de la hambruna por la que pasaban algunas regiones galas. A cambio, Argelia recibiría un préstamo de un millón de francos. Los argelinos cumplieron con su parte del trato, pero los franceses no. Durante las dos primeras décadas del siglo XIX, el Dey protestó y reclamó a Francia el dinero. La tensión entre los dos países estalló en 1827, al iniciarse un conflicto diplomático que provocó el bloqueo de Argelia durante tres años.

A principios de febrero de 1830, el rey Carlos X de Francia ordenó la ocupación del territorio argelino. Su justificación ante las potencias europeas fue la de "destruir la esclavitud, la piratería y las tribus en todo el norte de África, así como restablecer la seguridad de la navegación en el Mediterráneo". El desembarco de unos 37.000 hombres tuvo lugar en Sidi Ferruch durante el mes de junio. La conquista de las primeras plazas fue rápida, pues a principios de julio se rindió el Dey y se entró en la capital. A pesar de ese golpe inicial la resistencia argelina respondió al ataque francés alargando la conquista del país hasta el año 1847.

En aquellos primeros meses de 1830, Fernando VII tenía puesta su atención en el grave problema sucesorio de la corona española. Acababa de aprobar la Pragmática Sanción en virtud de la cual se anulaba la "ley sálica". Precisamente, coincidiendo con la expedición francesa, la reina Maria Cristina de Borbón-Dos Sicilias dio a luz a una niña –la futura Isabel II–con lo que las tensiones entre carlistas y el rey aumentaron.

Apesadumbrado por los problemas internos, Fernando VII, frente a los asuntos argelinos, optó por una neutralidad favorable, "casi obsequiosa", hacia el régimen legitimista francés. España permitiría a Francia usar sus puertos. Es decir, el rey español quería evitar más conflictos internacionales, al mismo tiempo que mostraba un acercamiento a París con la clara intención de buscar apoyos a favor de la futura Isabel II.

La campaña francesa contra Argelia fue seguida con mucho interés por la opinión pública española, especialmente en las Illes Balears, cuyos puertos sirvieron de base de operaciones de la escuadra francesa, fondeando, sirviéndose de sus almacenes de aprovisionamiento o instalándose hospitales. Parece ser que el apoyo de los menorquines fue decisivo para el éxito de la campaña, aunque el puerto y la ciudad de Palma también brindaron su apoyo a los franceses.

El 8 de mayo de 1830, autorizado por el gobierno español, llegó a Maó el superintendente del ejército francés Vizconde de Limpges de Saint Just para organizar los hospitales militares que Francia iba a establecer con motivo de la expedición contra Argel. El 26 del mismo mes llegaron a la bahía de Palma los primeros buques de guerra franceses, concretamente una escuadrilla formada por bergantines, goletas, gabarras€, la cual estaba liderada por el capitán de fragata Mr. Perceval al mando del bergantín Leorigale. Al día siguiente ya había fondeados frente a la Catedral más de 130 barcos. El 29 se creó una gran expectación entre los palmesanos pues llegó desde Tolón la fragata de vapor Sphinx. Al día siguiente lo hacía el bergantín Cométe, que encabezaba un convoy de 94 transportes con caballería, caballada, víveres y forrajes. Ese goteo constante de llegada de buques franceses se mantuvo durante unos días más.

El 1 de junio, a las cinco de la tarde, se organizó en Palma una procesión general de rogativas por el embarazo de la reina, en el que tantas esperanzas tenía puestas el rey. Al día siguiente desembarcaron los marinos y soldados franceses fondeados en Palma, irrumpiendo en la vida palmesana. Pronto se dieron importantes excesos "que cometían, emborrachándose por las calles, acometiendo todas las mujeres y hurtando por las tabernas". Los importantes desórdenes que ocasionaron provocaron la reacción inmediata del Capitán General que hizo cerrar todas las puertas de la ciudad con el fin de impedir la entrada de los franceses. Por su parte, el capitán general de la armada francesa, el conde de Bourmond, tomó algunas medidas para contener el ímpetu de su tropa, disponiendo una especie de policía militar (gent d´armes).

El 9 de junio, el marqués de la Romana ofreció un "abundante ambigú de fiambre al General y oficialidad francesa en el lugar de S´aygo Dolça, cuya mesa se compuso de ciento cincuenta cubiertos".

Al día siguiente se celebraba en Palma una de sus fiestas más solemnes del año: el Corpus Christi. Durante la procesión se mantuvieron cerradas las puertas de las murallas, para evitar la presencia los marinos extranjeros, pues "se notó que los franceses se burlaban de los frailes  Por toda la ciudad se pusieron patrullas y en sus respectivos cuarteles las tropas sobre las armas, por temerse algún menosprecio a la religión católica que los franceses no conocen. El público se ha consternado por no haberse hecho la solemnidad de costumbre pues solo fueron a la procesión diez frailes de cada convento".

Por fin, a la mañana siguiente a la festividad del Corpus, la tranquilidad volvió a reinar en las calles palmesanas, pues la armada francesa ya estaba reunida en su totalidad, a punto para marchar hacia Argelia. Setecientos buques ocupaban gran parte de la bahía. Por la tarde empezaron a zarpar. Desde las murallas se dispararon salvas de honor, las cuales fueron correspondidas por todos y cada uno de los cañones franceses, "ante el pasmo de los habitantes de Palma entera presenciaron un espectáculo sin igual al ver desplegar sus velas a tantos buques reunidos que se colocaron en tres líneas, cubriendo la mar a larga distancia". Había empezado la campaña de Argelia.

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