27 de junio de 2014
27.06.2014
Sa Torreta

¿Cómo acabó la Processó de sa Moixeta?

27.06.2014 | 06:30
La procesión acababa dentro de la catedral.
Si el diario que tiene entre las manos fuera el de hace poco más de cien años informaría de la celebración de la processó de sa Moixeta. En 1882, la revista La Ignorància explicaba que, "encara que senzilla i poc concorreguda com sol ésser sempre, no deixà d´anar acompanyada d´aquella gravetat amb què sol solemnitzar ses seves funcions la Seu". Es decir, muy cerca ya del siglo XX pervivía esta manifestación religiosa que se celebraba en la octava del Corpus Christi en la catedral y alguna otra iglesia.

Gaspar Valero, Jaume Bueno y Bartomeu Font explican la curiosa historia de esta procesión en Les festes de Palma. El origen está en el legado pío que una señora apellidada Moix dejó a la catedral de Mallorca. A cambio de tan generosa donación comenzó la celebración de la octava del Corpus para rogar por la salvación de su alma. De "casa rica i de gran fama;/ i d´aquesta noble rama/ ella n´era el darrer goix", explica Pere d´Alcàntara Penya en un poema. La mujer era Moix y bajita, por lo que nació la procesión de na Moixeta. Con el tiempo se perdió la razón de su origen y se despersonalizó: el na pasó a ser sa.

Era fácil bromear sobre la cuestión y a las niñas se les hacía creer que si iban a la procesión con una gatita recibirían un regalo. Un presente que no llegaba nunca, solo las burlas de los bromistas.

La señora Moix queda también en la memoria de los mallorquines gracias al dicho va acabar com sa processó de sa Moixeta. Primero se debe aclarar que no es un refrán equivalente a acabar como el rosario de la aurora, que supone terminar a tortas. La processó de sa Moixeta finalizaba de forma insulsa, pero no a bastonazos. Los autores citados plantean dos orígenes para el refrán. El primero sería que esta celebración, que ya hemos dicho que era poco concurrida, acababa en la catedral sin ningún acto posterior, sin parafernalia ni grandes ceremonias. El segundo se referiría a la extinción del acto religioso en sí, una vez que se acabó el legado de la señora Moix y ante el escaso interés de público y autoridades.

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