03 de enero de 2014
03.01.2014
Sa Torreta

Los cerdos no deben pasear perros

03.01.2014 | 12:56
Un aviso contundente justo al paseo Mallorca.
La frase escrita un día de estas navidades en un folio en la calle Cerdanya es contundente: "Los cerdos no deben pasear perros". Descripción de la foto: dos tubos y una tapa de cableado eléctrico, una tapa del gas, unos excrementos que por su tamaño deben pertenecer a un can de pequeño tamaño y un folio garabateado con rotulador de trazo grueso. Una imagen que profundiza en lo que sucede a pie de calle, en lo que interesa al ciudadano. Por cierto, el mensaje coincide con la advertencia lanzada hace unas semanas por el oráculo del PP palmesano, don (el tratamiento es cosa de Mateu Ferrer) José María Rodríguez, después de entrevistar a cientos de ciudadanos: en Palma hay demasiadas cacas de perro.

El autor del texto es brillante en la forma. Hubiese podido optar por el clásico "guarro". O por una admonición: "Si descubro al que ha dejado esto, le denuncio". Sin embargo, ha elegido asimilar al incívico con el cerdo. En cierta forma ha creado una fábula mínima o un microrrelato de Augusto Monterroso.

El fondo también es atractivo. Ninguno de los ciudadanos que pasaban por la acera dejaba de leer el aguijonazo. El autor había logrado su objetivo: llamar a atención sobre el incivismo que algunos derrochan a raudales. Directo, inteligente. Digno de un publicitario que en pocas palabras debe convencer a un espectador o a un lector cada día más inmunizado frente a la proliferación de todo tipo de reclamos.

¿Habrá logrado el autor del texto su objetivo edificante? Seguramente, no. Los ciudadanos incívicos se crecen frente a quienes les afean su conducta. Todos hemos visto al conductor que se ha saltado un semáforo en rojo encararse con el peatón al que casi manda al otro barrio. O al vecino que saca la basura antes de hora y que, lejos de sentir vergüenza, insulta al vigilante de Emaya que le advierte sobre una severa sanción. No son muchos, pero los palmesanos poco virtuosos tienen unos efectos devastadores sobre la urbe. Como el del perro, el grafitero incontrolado, el de la moto sin silenciador a medianoche o el destrozador del mobiliario urbano.

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