28 de agosto de 2013
28.08.2013
Sa torreta

Na Bel ´Rollet´,una trotaciudad

28.08.2013 | 17:11
Esquela publicada en Diario de Mallorca el 8 de julio de 1973.
Aunque sea con semanas de imperdonable retraso, vamos a recordar a na Bel Rollet al cumplirse 40 años de su muerte. Falleció el 7 de julio de 1973 a los 62 años en el hospital Son Dureta. Unos días antes había sido atropellada por un coche cuando atravesaba la autopista del aeropuerto frente a la catedral. A ningún palmesano que haya cumplido los 60 hará falta explicarle quién era y todos serían capaces de narrar alguna anécdota con ella como protagonista. Era una "trotaciudad impertérrita que saltó primero a las calles del Terreno y después a las de todos los rincones de Palma", en palabras de Luis Ripoll. Su nombre era Isabel Bauzá Tomás. El apodo lo debía a su familia, que tenía el Forn de Can Rollet en el Terreno, en la actual calle de Joan Miró.

El escritor Lluís Fàbregas la conoció con cinco años y explica que, además de ser una gran nadadora, tenía un mente privilegiada. Sin embargo, debido a una enfermedad, su cuerpo siguió creciendo pero su mente fue, hasta su muerte, la de una niña. Ripoll se pregunta: "¿Qué hacía na Bel?". Y resume: "Meterse en todas partes donde le daba la gana, fuese una fiesta o un funeral". Se movía por las zonas más céntricas de Palma vestida con falda, peinada con unas coletas recogidas y calzando zapatos de hombre. Tomaba el tranvía, y después el autobús, sin pagar el billete –a ningún revisor se le hubiera ocurrido exigírselo–. Si iba por la calle y tenía sed, se acercaba a la mesa de un bar y bebía del vaso de cualquier cliente. Los domingos por la mañana acudía a las sesiones de música pop que se ofrecían en el Teatro Lírico y, si el grupo que actuaba era de su agrado, subía al escenario, besaba a los músicos y les regalaba caramelos.

Na Bel Rollet fue uno de los personajes más populares de la Palma de posguerra. Para la mayoría de los palmesanos era suficiente con citarla como na Bel –"Na Bel ha muerto", tituló Diario de Mallorca la noticia de su defunción– y casi todos podían citar alguna anécdota vivida en primera persona o inventarla. Algunas de las que se cuentan, como que se bajó desde lo alto de la noria del Ram, son seguramente apócrifas.

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